El pleno de presupuestos celebrado este martes en la Asamblea Regional de Murcia ha vivido un episodio de fuerte controversia cuando la presidenta de la Cámara, Visitación Martínez (PP), impidió a la diputada de Podemos, María Marín, subir al atril con un capirote blanco estilo Ku Klux Klan. Marín pretendía utilizarlo como recurso visual para denunciar los recientes disturbios racistas ocurridos en Torre Pacheco y la actitud incendiaria del partido VOX. La presidenta justificó su veto en el artículo 90.4 del reglamento parlamentario, aunque dicho artículo no prohíbe expresamente el uso de objetos en tribuna. De hecho, ningún artículo del reglamento impide que un diputado se apoye en elementos simbólicos para reforzar su discurso.
La escena ha dejado al descubierto la falta de neutralidad institucional por parte de la presidenta de la Asamblea, que en todo momento ha ejercido un papel de árbitro parcial, permitiendo la intervención del diputado de Vox, José Ángel Antelo -quien no tenía el uso de la palabra-, mientras silenciaba con severidad a la parlamentaria de Podemos.
“Es represión política”, ha denunciado Marín. “El poder legislativo está absolutamente supeditado al Ejecutivo de López Miras. Aquí solo pueden hablar los que obedecen. ¿Quién le ha dado la orden?” preguntaba con contundencia la parlamentaria de la formación morada.
Lejos de arredrarse, Marín se ha dirigido al escaño del diputado José Ángel Antelo, de Vox, y ha depositado allí el capirote blanco del KKK. “Es un regalo -le ha dicho- para que la próxima vez que vayan a alentar cacerías de migrantes vayan vestidos adecuadamente”, en referencia a la relación simbólica entre el ideario ultra del partido y el racismo estructural que denuncia.
La presidenta de la Asamblea ha reaccionado ordenando inmediatamente a un ujier que retirara el capirote del escaño de Antelo, calificando la escena de “intolerable”, pero sin tomar medida alguna contra la intromisión verbal del diputado de Vox, que tomó el micrófono sin autorización y desafió a Marín a que repitiera sus palabras desde el micrófono para ponerle una querella.
Antelo ha decidido adoptar el rol de víctima desde que la Fiscalía ha abierto diligencias de investigación por un presunto delito de odio al acudir a Torre Pacheco, a las pocas horas de graves disturbios racistas, desde donde alentó el odio hacia los inmigrantes a los que vinculó con delincuencia.
Para la diputada Marín no hay duda: «A las cosas por su nombre. Después del pogromo de Torre Pacheco a nadie le queda duda: Vox es el Ku Klux Klan español. Frente al terrorismo racista de extrema derecha y los que lo alientan. Ni un paso atrás».
«Es intolerable»
Visitación Martínez permitió la intervención de Antelo sin interrumpirle. Solo al final le recordó que no tenía la palabra. Cuando María Marín intentó replicar, por alusiones, la presidenta se lo impidió tajantemente, completando así una sesión en la que los límites de la libertad de expresión han quedado definidos a golpe de vara ideológica.
Lo ocurrido evidencia lo que desde la oposición llevan meses denunciando: la Asamblea Regional no actúa como contrapeso al Gobierno, sino como su extensión disciplinada. No hay separación de poderes en la Región de Murcia. La presidencia del parlamento, lejos de garantizar el respeto a todas las voces, ejerce como un instrumento de control político que censura lo incómodo y da cancha al discurso ultraconservador. La Región de Murcia, una vez más, se convierte en laboratorio de una democracia selectiva donde la separación de poderes es ya solo retórica vacía.
La diputada de Podemos, María Marín, ha advertido a la letrada de la Asamblea Regional, Encarnación Fernández y a la presidenta del Parlamento, Visitación Martínez, que las va denunciar ante el Tribunal Constitucional por indefensión y maltrato a una diputada.
«Antes sí se podía» recuerda Marín que en una ocasión subió al atril de oradores un cubo pequeño trasparente con agua turbia y peces muertos del Mar Menor que entregó al presidente López Miras. Aquello no sentó nada bien al jefe del Ejecutivo regional que suele ausentarse del hemiciclo cada vez que interviene un diputado de la formación morada. En otra ocasión, Marín subió un muñeco amortajado como lo hacen los palestinos para enterrar a sus hijos con el que denunció el genocidio en Gaza.
A las cosas por su nombre. Después del pogromo de Torre Pacheco a nadie le queda duda: Vox es el Ku Klux Klan español.
Frente al terrorismo racista de extrema derecha y los que lo alientan. Ni un paso atrás