Aprovechando la alarma generada por el último informe del Instituto Español de Oceanografía (IEO), que advierte de un preocupante aumento del fitoplancton, pérdida de luz en el fondo y signos incipientes de anoxia en el Mar Menor, la directora de la Fundación Ingenio, Natalia Corbalán, ha salido a escena con un vídeo que pretende retorcer la realidad científica y blanquear la imagen de la agroindustria intensiva del Campo de Cartagena.
«Es mediodía y os hablo desde el corazón del Mar Menor», comienza Corbalán con tono solemne. Lo que sigue es un ejercicio calculado de manipulación del discurso ambiental. La portavoz de la Fundación Ingenio y SOS Rural no duda en señalar a los metales pesados del fondo marino y a las aguas residuales urbanas como principales responsables de la degradación de la laguna, mientras elude deliberadamente el verdadero elefante en la habitación: la contaminación por nitratos procedentes de la agricultura y la ganadería intensivas del Campo de Cartagena.
Lo que dice la ciencia
Desde hace años, la comunidad científica es clara y unánime: el exceso de nutrientes de origen agrario, en particular nitratos y fosfatos procedentes del uso masivo de fertilizantes y purines, es el principal motor de la eutrofización del Mar Menor. Así lo confirman los estudios del IEO, del CSIC, de la Universidad de Murcia y de numerosas instituciones nacionales e internacionales.
El Instituto Español de Oceanografía (IEO) ya señaló en 2021 que el vertido continuado de nutrientes agrícolas, principalmente nitrógeno y fósforo, es la causa principal de la degradación del Mar Menor. Estos nutrientes, provenientes de la agricultura intensiva y otras actividades humanas, causan un crecimiento excesivo de fitoplancton, fenómeno conocido como eutrofización, que a su vez provoca la falta de oxígeno y la mortandad de especies acuáticas.
La Fundación Ingenio, sin embargo, ha intentado sistemáticamente sembrar dudas sobre esta evidencia. En su último vídeo, Corbalán afirma que los datos recientes “corroboran las tesis del Observatorio de la Fundación Ingenio” y apunta como causas principales a los “vertidos urbanos”, “fallos en las estaciones de bombeo” y la presencia de “metales pesados”. Insiste en que la agricultura y la ganadería no son responsables, apoyándose en el reparto presupuestario del Plan Marco del MITECO para justificar su relato: “Solo un 6% se destina a agricultura y ganadería”, dice, como si la escasa inversión fuera sinónimo de escasa responsabilidad.
Pero ese argumento es tan falaz como decir que el cáncer de pulmón no es culpa del tabaco porque el presupuesto sanitario se dedica sobre todo a oncología general.
La trampa de los datos
Lo que omite Corbalán es que los nutrientes agrícolas son una fuente difusa y mucho más compleja de controlar técnicamente que un vertido puntual o un colector roto. Por eso, el grueso del presupuesto se dedica a obras hidráulicas: no porque la agricultura no contamine, sino porque limpiar los efectos visibles es más fácil que reconvertir un modelo agroindustrial basado en el abuso del suelo y del acuífero.
Además, los vertidos urbanos no son un fenómeno nuevo. Estaban ahí también en los años 80 y 90, cuando el Mar Menor era un paraíso ecológico. Lo que ha cambiado desde entonces es la expansión descontrolada de regadíos, el uso masivo de fertilizantes y la sobreexplotación del acuífero cuaternario, que actúa como canal subterráneo de contaminación hacia la laguna.
Más datos: El último informe oficial del Gobierno regional confirma que la Rambla del Albujón sigue siendo una de las principales vías de entrada de nutrientes al Mar Menor. En la campaña de muestreo realizada el 11 de julio de 2025, se midió un caudal de 34,3 litros por segundo en la desembocadura, con una concentración de 95,7 miligramos por litro de nitratos y 0,77 miligramos por litro de fosfatos.
Esto se traduce en una carga diaria estimada de 283,6 kilos de nitratos y 2,28 kilos de fosfatos vertidos directamente a la laguna. Aunque estas cifras suponen un descenso del 42,6 % respecto a la campaña anterior, los valores siguen siendo alarmantes y ponen de manifiesto la persistente contaminación difusa que afecta al ecosistema lagunar. La Rambla del Albujón continúa así alimentando el desequilibrio del Mar Menor, a pesar de las medidas anunciadas desde hace años para frenar el flujo de agua cargada de fertilizantes procedente del regadío intensivo.
¿Quién es la Fundación Ingenio?
La Fundación Ingenio se presenta como “observatorio científico”, pero no lo es. Es, en realidad, un lobby de presión de los grandes regantes del Campo de Cartagena, con vínculos evidentes con el poder político y empresarial del sector agroexportador. Su objetivo no es otro que proteger los intereses de la agroindustria, incluso si eso implica desinformar a la opinión pública y atacar a la comunidad científica.
En palabras de su directora: “Del resto ya nos encargamos nosotros”. ¿Quiénes son “nosotros”? Un grupo de presión con intereses económicos directos en que nada cambie. Un grupo que ha sido sancionado en múltiples ocasiones por riegos ilegales, pozos clandestinos y vertidos contaminantes.
Manipular no es proteger
El Mar Menor no necesita vídeos idílicos con el horizonte al fondo. Necesita verdades incómodas, valentía política y una ciudadanía informada. Necesita que dejemos de buscar culpables fantasmas en el pasado minero o en los vertidos urbanos -que también deben corregirse, claro-, y que se ponga el foco donde realmente está el problema: un modelo agrícola insostenible que ha convertido el Campo de Cartagena en una fábrica de nitratos.
El informe del IEO no “corrobora” las tesis de la Fundación Ingenio. Al contrario: las desmiente de manera rotunda. Y cada vez que alguien intenta maquillar esa verdad con un vídeo bonito, se aleja un paso más de la solución real.