Algo se está quebrando -otra vez- en el Mar Menor. Y esta vez, los datos no necesitan interpretación: hablan por sí solos. Tras más de un año de aparente estabilidad, el Mar Menor vuelve a emitir señales preocupantes. Así lo advierte el último informe oficial del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) a través del sistema de seguimiento oceanográfico del Proyecto BELICH, financiado con fondos europeos y considerado el más avanzado en tiempo real. El diagnóstico no deja lugar a dudas: la laguna podría estar entrando en un nuevo episodio de inestabilidad ecológica.
Proliferación acelerada de fitoplancton: «valores cinco veces superiores»
No hay peces flotando aún, ni titulares escandalosos. Pero debajo del agua, el Mar Menor empieza a dar señales muy claras de que algo no va bien. Uno de los indicadores más alarmantes es el aumento exponencial de clorofila a, marcador directo de proliferación de fitoplancton. Desde el 10 de julio, los valores han aumentado hasta cinco veces, sobrepasando en algunos puntos los 5 mg/l. Solo se habían alcanzado concentraciones similares en los bloom más severos desde el colapso ecológico de 2016. La tendencia ha comenzado en la zona centro y sur de la laguna y se ha extendido al norte en apenas una semana.
Menos luz, menos vida: la radiación en el fondo cae un 28%
El crecimiento del fitoplancton ha venido acompañado de un aumento en la turbidez del agua y una preocupante pérdida de luz en el fondo lagunar. La radiación submarina PAR -imprescindible para la fotosíntesis de los macrófitos bentónicos- se ha reducido un 28,6%. Ahora solo llega un 5,5% de la luz solar a los fondos de la laguna, un valor que se acerca peligrosamente al umbral crítico para la supervivencia de estas comunidades vegetales que oxigenan y estabilizan el ecosistema.
Primeros signos de anoxia: oxígeno por debajo de 2 mg/l
El 24 de julio, coincidiendo con un temporal de Levante, se registró un descenso brusco del oxígeno disuelto en la zona central de la laguna (boya B), alcanzando niveles puntuales de anoxia (<2 mg/l). Aunque el oxígeno se restableció poco después, este tipo de eventos suelen ser preludio de mortandades masivas si las condiciones no mejoran.
El riesgo crece: nutrientes, calor y descomposición
El informe descarta un vertido puntual y apunta a una causa más estructural: una «elevada disponibilidad de nutrientes» procedentes tanto del acuífero como del fondo lagunar, combinada con altas temperaturas que «aceleran los procesos de descomposición de materia orgánica y consumo de oxígeno». Además, el alga Caulerpa prolifera, que hasta ahora ayudaba a controlar el exceso de nutrientes, podría estar viéndose debilitada por el calor.
La “mancha blanca”: seis veces más turbia que el resto
La llamada “mancha blanca”, esa masa de agua opaca y persistente detectada desde 2023, no muestra signos de reducirse. Los sensores indican que sus niveles de turbidez son hasta seis veces superiores a los del resto de la laguna y que está influyendo en zonas cercanas como la central, donde ya se detectan anomalías similares.

El informe del IEO-CSIC concluye que “el ecosistema lagunar podría estar experimentando un nuevo e incipiente episodio de inestabilidad”. Aunque no se observan todavía mortandades, el cóctel de fitoplancton desbocado, pérdida de luz, acumulación de nutrientes y oxígeno al límite anticipa un escenario muy frágil. Si esta tendencia se mantiene, las consecuencias podrían ser graves.
Como venimos contando en RRNEWS, el Mar Menor no ha salido del colapso: solo estaba en pausa. Así lo evidencian las imágenes publicadas en X por @Mar menorKO.