Mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo de Murcia en las Fiestas de Primavera, en pleno centro de la ciudad se apagaban las luces de uno de los pocos lugares de acogida para personas sin hogar. La Fundación Jesús Abandonado ha cerrado su centro de día de la Calle Baraundillo por falta de financiación pública. No es un cierre simbólico: es la interrupción abrupta de un servicio que, desde 2015, atiende a diario a más de 30 personas en situación de calle con servicios básicos pero vitales.
El centro no era un simple comedor: ofrecía desayuno y comida caliente, duchas, atención sanitaria, consigna para pertenencias, apoyo psicológico, asesoramiento social y actividades de reinserción. Todo ello en un entorno seguro, digno y humano. Ahora, quienes no tienen nada, tienen aún menos cuando hace poco días, tras el fallecimiento el Papa Francisco, el presidente López Miras subrayaba la importancia de «ayudar y amar al prójimo». Dejar sin fondos a Jesús Abandonado obligado con ello al cierre de su centro no es ayudar al prójimo.
No es el primer cierre
En 2024, otro recurso gestionado por Jesús Abandonado -dedicado a personas con trastornos mentales graves y adicciones- también fue clausurado, entonces por falta de financiación municipal. Ahora es la Comunidad Autónoma la que se ha borrado del mapa: en 2025, su aportación para el centro de día ha sido exactamente cero euros.
El contraste es sonrojante, porque dinero hay. La cuestión es cómo y en qué se decide gastarlo.
Pólvora, confeti y conciertos VIP: prioridades políticas
El Ayuntamiento de Murcia destinó 245.784 euros en 2024 exclusivamente a fuegos artificiales. Una cifra que incluye tracas, mascletás, castillos pirotécnicos y disparos de confeti para eventos festivos. Nada de esto es ilegal, pero sí revela una escala de prioridades discutible.
Peor aún resulta la gestión de la Comunidad Autónoma, presidida por Fernando López Miras. Entre 2024 y 2025 ha gastado casi medio millón de euros en dos conciertos privados organizados en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid, con motivo de la feria de turismo FITUR. Las bandas murcianas Arde Bogotá y Viva Suecia actuaron en eventos cerrados al público general y reservados para invitados institucionales.
La Comunidad Autónoma sí realizó una aportación en 2024: 255.500 euros, destinados al mantenimiento del albergue de Jesús Abandonado, a través del Instituto Murciano de Acción Social (IMAS). Este dinero permitió sostener 45 plazas de alojamiento de emergencia y 15 plazas de atención sociosanitaria, pero no cubría los gastos del centro de día ahora clausurado.
La fundación, con más de 35 años de historia, es un referente regional en la atención integral a personas sin hogar. Ofrece alojamiento nocturno, recuperación para convalecientes, inserción social y acompañamiento psicológico. Su centro de día era el único recurso de estas características abierto durante las horas en que la mayoría de centros sociales están cerrados.
«No se puede demonizar a nadie»
Inexplicablemente, el presidente de la Fundación Jesús Abandonado, José Manuel Martínez Tomás, ha salido en defensa de la administración regional y local. «No se puede demonizar a nadie» ha declarado en Onda Regional. «Hay que romper una lanza por las administraciones que hacen lo que pueden. Lo que sucede es que la pobreza crece y crece». Sus palabras han sido calificadas de «vergonzosas» por parte de trabajadores de la Fundación Jesús Abandonado «porque dinero hay para lo que las administraciones quieren».
Críticas políticas y silencio institucional
Desde el Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Murcia se ha alzado la voz ante el cierre temporal del centro por falta de dinero. La edil Esther Nevado lo califica como “una decisión dolorosa pero comprensible”, dada la falta de recursos públicos por parte del Gobierno regional. “En plena emergencia social se están desmantelando servicios esenciales. Es inadmisible”, denuncia.
Nevado ha pedido al PP responsabilidad y un modelo de financiación estable: “Jesús Abandonado no puede seguir dependiendo de convocatorias anuales ni de excusas burocráticas. Esta incertidumbre mata proyectos que salvan vidas”.
Consecuencias: más calle, más enfermedad, más exclusión
Cerrar un centro de día no es cerrar una puerta cualquiera. Es lanzar a la calle a personas que ya están fuera del sistema. Es quitarles el único espacio donde podían ducharse, alimentarse, sentirse humanos. La consecuencia inmediata es un aumento del deterioro físico y mental, una presión mayor sobre las urgencias hospitalarias y, en muchos casos, una espiral de sufrimiento que conduce a la muerte.
También supone una pésima gestión económica: cada euro no invertido en prevención se multiplica en costes sanitarios, policiales y de emergencia.
Durante 2024, Jesús Abandonado ha atendido en estas instalaciones a un total de 247 personas y en épocas de riesgo climatológico, como lluvias, altas temperaturas o bajas temperaturas, el Centro de Día ha sido un recurso «vital» para garantizar la seguridad y el bienestar de quienes más lo necesitan.
Murcia tiene festivales con subvenciones millonarias, fuegos artificiales por todo lo alto, conciertos promocionales en Madrid con grupos murcianos de primera fila. Lo que no tiene, ahora, es un sitio donde una persona sin hogar pueda refugiarse del calor, del frío o del olvido. La imagen es clara: la Región tiene recursos. Lo que no tiene es rumbo ético.