El calor no siempre mata de una forma evidente. No siempre aparece escrito en un certificado de defunción.
Muchas veces actúa empeorando enfermedades previas, descompensando organismos frágiles o aumentando el riesgo en personas mayores.
Por eso, para medir su verdadero impacto, los epidemiólogos no cuentan únicamente los golpes de calor diagnosticados.
Miran algo más amplio: cuántas personas mueren cuando las temperaturas suben y cuántas habrían muerto previsiblemente si ese episodio de calor no se hubiera producido.
Con ese método, el sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III estima que 3.832 muertes ocurridas en España entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre de 2025 fueron atribuibles a las altas temperaturas.
El dato figura en el informe oficial Excesos de mortalidad atribuibles a las altas temperaturas en España. Año 2025, elaborado por el Centro Nacional de Epidemiología dentro del Plan Nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperatura sobre la salud.
No son 3.832 certificados de defunción por “calor”
Este matiz es fundamental. Las 3.832 defunciones no son personas cuyo certificado de defunción diga necesariamente “golpe de calor”.
MoMo utiliza modelos estadísticos. El sistema compara las defunciones observadas con las que serían esperables según las series históricas y calcula después qué parte de esa diferencia puede asociarse al efecto de la temperatura.
El propio informe lo explica con precisión: las defunciones atribuibles a las altas temperaturas se obtienen a partir de la diferencia entre las estimaciones del modelo con temperatura y sin temperatura.
Es decir, hablamos de una estimación epidemiológica del impacto del calor sobre la mortalidad. Y esa estimación deja una cifra muy alta.
Más de la mitad de las muertes se concentraron en agosto
El impacto no se repartió de forma uniforme durante todo el verano.
El 57 % de las 3.832 defunciones atribuibles al calor se produjo en agosto. Ese mes concentró, por tanto, más de la mitad del total del periodo analizado.
El verano de 2025 fue además extremadamente cálido. Según recoge el propio informe, AEMET lo consideró el verano más cálido desde el comienzo de su serie en 1961.
Durante esos meses se registraron tres olas de calor en España: dos afectaron a la Península y Baleares y una a Canarias.
El informe muestra además que las olas de calor fueron seguidas por incrementos en las defunciones atribuibles a las altas temperaturas.
Es decir, el aumento térmico y el aumento de la mortalidad aparecen temporalmente conectados dentro del periodo estudiado.
Los mayores de 74 años concentraron casi el 84 % de las muertes
El dato por edades es probablemente el más claro de todo el informe. Cerca del 84 % de las defunciones atribuibles a las altas temperaturas se concentró en personas mayores de 74 años.
El calor no afecta a todos por igual. Y el informe muestra que la mortalidad asociada a las altas temperaturas se concentra de forma abrumadora en las edades más avanzadas.
Esto ayuda a entender por qué una ola de calor puede tener un impacto sanitario elevado incluso cuando no vemos una sucesión de golpes de calor graves en la calle. El efecto puede aparecer sobre una población ya vulnerable.
2025 fue el segundo peor verano desde 2015
Para saber si 3.832 muertes son muchas o pocas, el informe compara 2025 con los veranos anteriores.
La serie analizada abarca de 2015 a 2025.
Y el resultado es muy claro: 2025 fue el segundo verano con más defunciones atribuibles a las altas temperaturas de toda la serie.
Solo 2022 registró una cifra mayor, con 4.789 defunciones atribuibles al exceso de temperatura.
Eso coloca a 2025 entre los veranos con mayor impacto del calor sobre la mortalidad de la última década.
Cataluña y Madrid, las comunidades con más muertes atribuibles en números absolutos
El impacto fue muy desigual según el territorio.
En números absolutos, Cataluña registró 657 defunciones atribuibles a las altas temperaturas.
La Comunidad de Madrid, 622. La Comunidad Valenciana, 517. Galicia, 450. Castilla y León, 360. Andalucía, 294. Castilla-La Mancha, 264. Extremadura, 172. País Vasco, 137. Aragón, 120. Canarias, 104. Asturias, 92. Navarra, 87. Cantabria, 57. La Rioja, 35. Región de Murcia, 26. Baleares, 4. Ceuta, 1, y Melilla, ninguna.
Pero estas cifras deben interpretarse con cuidado. No basta con comparar el número bruto de defunciones entre comunidades, porque sus poblaciones y estructuras de edad son diferentes.
Por eso el informe utiliza también una razón de mortalidad estandarizada que permite valorar dónde el impacto fue mayor de lo esperable una vez tenidas en cuenta esas diferencias.
Extremadura, Navarra y Galicia registraron el mayor impacto relativo
Cuando se ajustan las cifras por edad y sexo, el mapa cambia. Las comunidades con mayor razón de mortalidad estandarizada asociada a las altas temperaturas fueron:
Extremadura, con 1,68. Navarra, con 1,48. Castilla-La Mancha, con 1,45. Galicia, con 1,38. Comunidad Valenciana, con 1,30. Castilla y León y Madrid, ambas con 1,20.
El informe subraya expresamente que el impacto fue muy heterogéneo entre comunidades autónomas y provincias. Eso significa que una misma situación térmica no produce necesariamente el mismo efecto sanitario en todas partes.
El caso de la Región de Murcia: pocas muertes atribuibles y un impacto relativo bajo
El informe ofrece también un dato llamativo para la Región de Murcia. En 2025 se estimaron 26 defunciones atribuibles a las altas temperaturas. Su razón de mortalidad estandarizada fue de 0,26, claramente por debajo del valor de referencia nacional. Es uno de los registros relativos más bajos del país.
Baleares presenta también una cifra muy baja: cuatro defunciones atribuibles y una razón de mortalidad estandarizada de 0,06.
Esto no significa que las temperaturas fueran bajas en esos territorios, sino que el impacto estimado sobre la mortalidad fue menor que el esperado según la referencia nacional utilizada por el modelo.
El calor no afecta igual a todos los territorios
El informe insiste en esa desigualdad geográfica. La mortalidad atribuible al calor depende de múltiples factores y no puede interpretarse solo mirando qué comunidad registró las temperaturas más altas.
Por eso MoMo analiza por separado comunidades y provincias y ajusta los datos por edad y sexo.
Dos territorios pueden experimentar episodios de calor intensos y mostrar resultados distintos en mortalidad.
El informe no atribuye esas diferencias a una causa única. Se limita a constatar que el impacto fue muy desigual.
MoMo vigila diariamente si muere más gente de la esperada
Detrás de estas cifras está el sistema de Vigilancia de la Mortalidad Diaria, conocido como MoMo.
Lo gestiona el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III.
Su objetivo es detectar desviaciones entre el número de defunciones que realmente se producen y el número que sería esperable según las series históricas.
Esa vigilancia permite identificar aumentos anómalos de mortalidad y estudiar si pueden estar asociados a factores como las temperaturas extremas.
MoMo forma parte del Plan Nacional de actuaciones preventivas de los efectos del exceso de temperatura sobre la salud. Durante el verano, sus resultados se complementan con otro sistema: el Índice Kairós.
Kairós intenta anticipar el riesgo de mortalidad
El Índice Kairós ofrece alertas sobre riesgo de mortalidad asociado a las temperaturas para el día en curso y los cinco días siguientes.
El informe de 2025 comparó sus avisos con las alertas por temperaturas máximas del Ministerio de Sanidad.
Y observó que, durante los episodios de ola de calor, las alertas de temperatura del Ministerio precedieron a las alertas de riesgo de mortalidad del Índice Kairós.
La secuencia tiene lógica epidemiológica.
Primero llega la temperatura extrema.
Después puede aparecer su efecto sobre la mortalidad.
El dato más preocupante está en la edad
Las cifras territoriales son importantes. Pero si hay una conclusión especialmente clara en el informe es la vulnerabilidad de las personas mayores.
De las 3.832 defunciones atribuibles a las altas temperaturas, casi el 84 % se concentró en mayores de 74 años. Y eso convierte el calor extremo en algo más que una cuestión meteorológica. Es también un problema de salud pública.
El propio diseño del Plan Calor parte de esa idea: anticipar las situaciones en las que las temperaturas pueden suponer un riesgo para la salud y activar medidas preventivas.
3.832 muertes que no se ven a simple vista
Una ola de calor es fácil de identificar. Se ve en los termómetros, en las noches sin dormir, en las calles vacías a determinadas horas. Su impacto sanitario es mucho menos visible.
No todas las víctimas mueren directamente por un golpe de calor. Por eso los sistemas de vigilancia buscan el rastro estadístico que dejan las altas temperaturas en la mortalidad.
Y en 2025 ese rastro fue considerable. 3.832 defunciones atribuibles al calor. Más de la mitad en agosto Casi el 84 % entre mayores de 74 años. Y solo un verano de los últimos once, el de 2022, registró una cifra superior.
El calor se mide en grados. Su impacto sobre la salud, también en vidas.
Advertencia de la ONU
El 2 de septiembre de 2026, la ONU alertó de que el mundo se encamina a superar temporalmente el umbral de 1,5 ºC de calentamiento respecto a la era preindustrial y recordó que cada fracción adicional de grado intensifica los fenómenos extremos y aumenta los riesgos para la población y los ecosistemas.
Un día después, la Organización Meteorológica Mundial advirtió de que el actual episodio de El Niño puede intensificarse hasta alcanzar una fuerza muy elevada, elevando la probabilidad de temperaturas por encima de lo normal en gran parte del planeta y aumentando el riesgo de calor extremo, sequías e inundaciones durante los próximos meses.