Un estudio del CSIC identifica un mecanismo que altera la producción de células sanguíneas con la edad

La investigación, realizada en ratones y publicada en Nature Aging, muestra que un fármaco ya utilizado contra el VIH logra corregir parte del desequilibrio inmunitario asociado al envejecimiento

Un equipo liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha identificado uno de los mecanismos que contribuyen a alterar la producción de células de la sangre a medida que envejecemos.

La investigación, publicada en la revista científica Nature Aging, señala que un tipo concreto de linfocitos T se acumula con la edad en la médula ósea y favorece una mayor producción de neutrófilos. Estas células son fundamentales para defender al organismo frente a infecciones, pero cuando aumentan en exceso también pueden contribuir a mantener procesos inflamatorios.

El hallazgo se ha realizado en ratones. En los animales de mayor edad, los investigadores consiguieron además corregir parte de este desequilibrio utilizando maraviroc, un medicamento ya aprobado para determinados pacientes con VIH. Tras un mes de tratamiento, los ratones recuperaron un perfil inmunitario más parecido al de animales jóvenes y mejoraron algunos indicadores relacionados con el envejecimiento.

La fábrica de la sangre también envejece

La médula ósea funciona como una gran fábrica de células sanguíneas. Allí se generan glóbulos rojos, plaquetas y buena parte de las células encargadas de nuestra defensa inmunitaria.

Pero esa fábrica también cambia con los años.

A medida que envejecemos aumenta la producción de determinadas células, como neutrófilos y monocitos, mientras disminuye la de linfocitos. Este desequilibrio, que también se ha observado en seres humanos, se conoce como sesgo mieloide y se ha relacionado con distintas enfermedades asociadas a la edad.

Los científicos sabían que el entorno de la médula ósea se transforma con el envejecimiento, pero todavía quedaban muchas preguntas sobre las causas.

El nuevo trabajo apunta ahora hacia un grupo concreto de células inmunitarias.

“Observamos que, a diferencia de lo que ocurre en sangre, bazo o ganglios linfáticos, en la médula ósea de ratones viejos se acumulan de forma muy significativa las células T CD4+ citotóxicas”, explica María Mittelbrunn, investigadora del CSIC en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y responsable del grupo que ha dirigido el estudio.

Estas células son muy poco frecuentes en los animales jóvenes, pero en los ratones viejos pueden llegar a representar más del 25 % de los linfocitos T CD4+ presentes en la médula ósea.

Una señal que favorece la inflamación

Los investigadores comprobaron que estas células no se limitan a acumularse con la edad, sino que participan directamente en el desequilibrio.

Cuando transfirieron linfocitos T de ratones viejos a animales jóvenes, aumentó la producción de células precursoras de neutrófilos y de otras células de la llamada línea mieloide.

El equipo descubrió también qué mecanismo está detrás.

Con el envejecimiento, estas células T acumulan alteraciones en sus mitocondrias, las estructuras encargadas de producir buena parte de la energía que necesitan las células. Esos cambios activan una señal de alarma que aumenta la producción de CCL5, una molécula relacionada con la comunicación entre células y con la inflamación.

La clave está en que las células madre de la sangre se vuelven más sensibles a esa señal a medida que envejecen.

“Las células madre hematopoyéticas y los progenitores mieloides expresan más CCR5, el receptor de CCL5, a medida que envejecen”, explica Gonzalo Soto-Heredero, coautor de la investigación.

En otras palabras, con la edad se producen al mismo tiempo dos cambios: algunas células inmunitarias envían cada vez más señales inflamatorias y las células encargadas de fabricar la sangre responden cada vez más a esas señales.

El resultado es una médula ósea que tiende a producir más neutrófilos y otras células mieloides.

Un medicamento contra el VIH logra frenar el proceso en ratones

A partir de este descubrimiento, los investigadores decidieron comprobar qué ocurría si bloqueaban esa comunicación.

Para ello utilizaron maraviroc, un medicamento que bloquea el receptor CCR5 y que ya está autorizado para el tratamiento de determinados pacientes con VIH.

Después de un mes, los ratones viejos tratados presentaban menos progenitores mieloides y menos neutrófilos. El equilibrio de sus células inmunitarias se acercaba así al de los animales jóvenes.

Los investigadores observaron además una reducción de la inflamación en órganos como el pulmón y el hígado.

También mejoraron algunos parámetros relacionados con el envejecimiento, entre ellos la fuerza muscular, la coordinación y determinados indicadores metabólicos.

En cambio, el medicamento apenas tuvo efectos significativos en los ratones jóvenes, lo que apunta a que estaría actuando principalmente sobre alteraciones relacionadas con la edad.

Todavía queda por demostrar si ocurre lo mismo en humanos

Los resultados abren una nueva vía de investigación sobre el papel del receptor CCR5 en el envejecimiento y sobre la posibilidad de intervenir en algunos de los cambios que experimenta el sistema inmunitario con los años.

Pero los propios investigadores piden prudencia.

El estudio se ha realizado en animales y no demuestra que maraviroc tenga estos mismos efectos en personas ni que pueda utilizarse como tratamiento frente al envejecimiento.

Será necesario comprobar primero si este mecanismo funciona de manera similar en humanos y, después, realizar estudios específicos que permitan evaluar su seguridad y eficacia.

En el trabajo han participado, además del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, el Centro Nacional de Biotecnología y el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, junto a instituciones científicas de Estados Unidos, Suiza, Italia y Alemania.

La investigación ha recibido financiación, entre otros organismos, del Consejo Europeo de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Comunidad de Madrid.

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