Vecinos y pescadores se plantan en Cala Reona contra un vertido que arrastra años de problemas

El emisario submarino está dañado desde 2022 y la propia Administración reconoce el elevado nivel de obsolescencia de la depuradora. Este verano la playa ya ha tenido que cerrar de forma preventiva por incidencias en la planta

Cerca de 200 personas volvieron a concentrarse este miércoles en Cala Reona. Vecinos de Cabo de Palos y su entorno, pescadores y organizaciones ecologistas bajaron hasta la playa con dos mensajes muy claros: “Stop vertidos al Mediterráneo” y “Stop vertido ilegal en Cala Reona”.

No protestaban por un problema nuevo.

Desde hace cuatro años, las aguas tratadas en la depuradora Mar Menor Sur llegan al Mediterráneo a través de un emisario submarino cuyo tramo inicial está roto. Lo reconoce la propia Administración regional: el emisario de Cala Reona está dañado desde 2022.

La consecuencia, según ANSE y el resto de colectivos convocantes, es que el agua que tendría que ser conducida mar adentro está siendo evacuada actualmente a pocos metros de la playa y a unos dos metros de profundidad.

Para Pedro García, director de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), el debate va mucho más allá de reparar una tubería. García lleva años alertando de los problemas de este sistema. Ya en 2021 advertía en RTVE de una “depuración insuficiente” y sostenía que el vertido, desde el punto de vista de ANSE, incumplía los parámetros que debería reunir una descarga autorizada al Mediterráneo.

Cinco años después, el problema sigue abierto.

Una depuradora que necesita modernizarse

La EDAR Mar Menor Sur es una instalación clave para esta parte del litoral. Recibe aguas residuales procedentes de La Manga y de diferentes núcleos del sur del Mar Menor y tiene capacidad para tratar hasta 50.000 metros cúbicos diarios, 50 millones de litros.

El problema no es solo el emisario.

Este mismo verano el Ayuntamiento de Cartagena ha reconocido oficialmente que la planta presenta “niveles de obsolescencia altos” y que necesita inversiones para reforzar su funcionamiento y reducir el riesgo de nuevas incidencias.

Y esas incidencias ya se han producido.

El pasado 6 de julio, Cala Reona tuvo que cerrarse preventivamente al baño después de que se produjera durante unas dos horas una disfunción en el proceso de decantación secundaria de la depuradora. La avería fue corregida y los análisis posteriores descartaron contaminación bacteriana y confirmaron que no existía riesgo sanitario para los bañistas.

Es importante distinguir ambas cosas: aquel episodio concreto no provocó finalmente un problema sanitario, pero volvió a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de una instalación que atiende a una zona sometida a una enorme presión de población durante el verano.

La Comunidad Autónoma acaba de anunciar 351.000 euros para mejorar la eliminación de fósforo en la EDAR. Hasta ahora, el tratamiento biológico elimina alrededor del 66% de este nutriente. La nueva instalación añadirá un tratamiento químico con sulfato de alúmina.

El Gobierno regional asegura que la planta cumple actualmente los parámetros de calidad establecidos por la normativa europea.

Pero la propia Comunidad reconoce al mismo tiempo que la mejora resulta especialmente necesaria por la situación del emisario: al estar roto desde 2022, explica, “aconseja extremar la calidad del agua tratada antes de su evacuación al Mediterráneo”.

Es precisamente ahí donde los vecinos y ANSE ponen el foco.

No cuestionan únicamente qué calidad tiene el agua cuando sale de la depuradora. Preguntan también dónde termina esa agua y por qué, cuatro años después de la rotura, continúa llegando al mar junto a Cala Reona.

Una rotura que debía ser provisional

ANSE recuerda que el tramo inicial del emisario fue desmontado por el temporal de marzo de 2022. Desde entonces, denuncia la organización, el vertido se produce muy cerca de la playa.

La organización presentó en marzo de 2025, junto con vecinos y otros colectivos, una denuncia ante la Dirección General de Medio Ambiente para que inspeccionara los vertidos y levantara acta de su situación.

Los denunciantes sostienen que la EDAR carecería de las autorizaciones ambientales necesarias para verter sus efluentes en las condiciones actuales a través del emisario.

La diferencia es importante.

Una cosa es que el Gobierno regional asegure que el agua tratada cumple los parámetros exigidos. Otra, distinta, es determinar si el actual punto y las condiciones en las que se está produciendo la evacuación al mar se corresponden con las autorizaciones que debería tener la instalación.

Ese es uno de los asuntos que ANSE reclama que se aclare.

6,5 millones para reconstruir el emisario

La solución que prepara la Administración General del Estado pasa por reconstruir buena parte de la conducción.

La Confederación Hidrográfica del Segura sometió a información pública en noviembre de 2025 el proyecto del nuevo emisario de la EDAR Mar Menor Sur. La obra prevé reponer 750 metros del tramo dañado, siguiendo el trazado actual.

El extremo de la conducción que todavía se encuentra en buen estado se conservará después de limpiarlo y acondicionarlo. También se sustituirán los actuales difusores por dos nuevos tramos de 200 metros que permitirán dispersar el agua en el mar.

La actuación tiene un presupuesto base de 6,58 millones de euros, financiados por la Administración General del Estado, y está sometida a evaluación ambiental.

Pero para Pedro García y ANSE reparar el emisario no debería significar dar por bueno para siempre el vertido de millones de litros de agua depurada al Mediterráneo.

En 2025, García reclamó públicamente a las administraciones que aceleraran la contratación de las obras y definió la solución de los vertidos de Cala Reona como una de las actuaciones esenciales para recuperar ambientalmente esta parte del litoral.

Ahora ANSE va un paso más allá. La organización plantea que se busquen alternativas que permitan reutilizar el agua depurada en lugar de convertir Cala Reona en el punto permanente de evacuación de las aguas residuales procedentes de La Manga y del sur del Mar Menor.

Los vecinos no quieren únicamente que el tubo roto vuelva a llegar mar adentro. Quieren saber por qué una situación que nació como consecuencia de una avería en 2022 se ha prolongado durante cuatro años y qué modelo se quiere para el futuro.

Porque el debate de Cala Reona ya no es solo cuánto tardará en repararse un emisario.

Es también qué se hace con millones de litros de agua depurada cada día y por qué la solución sigue pasando por arrojarlos al Mediterráneo.

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