La contaminación del aire ya no se mide solo desde estaciones fijas situadas en puntos concretos de las ciudades. Un proyecto liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha conseguido transformar autobuses urbanos en auténticos laboratorios móviles capaces de detectar, en tiempo real, cómo cambia la calidad del aire de una calle a otra.
El estudio, desarrollado por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua y el Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos, demuestra que instalar sensores de bajo coste en autobuses urbanos permite elaborar mapas mucho más precisos de la contaminación atmosférica que los obtenidos únicamente mediante estaciones fijas tradicionales.
La investigación se llevó a cabo en Valladolid, donde tres autobuses urbanos recorrieron la ciudad durante siete meses equipados con sensores capaces de medir partículas finas PM2.5. El sistema recopiló más de un millón de datos mientras los vehículos atravesaban distintos barrios y zonas de tráfico.
Los resultados muestran que este modelo no solo es viable, sino también económico y escalable para cualquier ciudad.
“Se trata de un sistema económico y escalable que permitiría a cualquier ciudad identificar, calle a calle, los puntos más peligrosos para la salud respiratoria y diseñar políticas de tráfico más eficaces”, destacan los investigadores.
Qué son las PM2.5 y por qué preocupan
Las partículas PM2.5 son contaminantes microscópicos suspendidos en el aire con un diámetro inferior a 2,5 micrómetros. Son tan pequeñas que resultan invisibles al ojo humano, pero representan uno de los mayores riesgos para la salud en entornos urbanos.
Proceden principalmente del tráfico rodado, procesos industriales y combustiones. Debido a su tamaño diminuto, pueden penetrar profundamente en los pulmones e incluso llegar al torrente sanguíneo.
Numerosos estudios científicos relacionan estas partículas con enfermedades respiratorias, cardiovasculares y un aumento de la mortalidad prematura.
Por eso, las PM2.5 se consideran uno de los indicadores más importantes para evaluar la calidad del aire en las ciudades.
Más allá de las estaciones fijas
Las estaciones tradicionales de control atmosférico ofrecen mediciones muy precisas, pero tienen una limitación evidente: solo informan de lo que ocurre en el punto exacto donde están instaladas.
El sistema desarrollado por el CSIC cambia completamente esa lógica.
Los sensores móviles permiten medir la contaminación mientras los autobuses circulan por diferentes calles, avenidas y barrios, generando mapas dinámicos de alta resolución.
“La monitorización móvil nos permite ir más allá de las limitaciones de las estaciones fijas y captar cómo varía realmente la contaminación en la ciudad en tiempo real”, explica José Ramasco, uno de los autores principales del estudio publicado en la revista científica IEEE Internet of Things Journal.
Según Ramasco, esta tecnología permite detectar patrones que hasta ahora permanecían ocultos.
Los puntos negros de la contaminación urbana
Los datos obtenidos en Valladolid revelaron comportamientos muy concretos de la contaminación urbana.
Las concentraciones más elevadas de PM2.5 aparecieron:
- Durante las horas punta de la mañana y la tarde.
- En invierno, cuando las condiciones atmosféricas dificultan la dispersión de contaminantes.
- En intersecciones con tráfico intenso.
- En corredores urbanos con gran circulación.
- Cerca de paradas de autobús donde los vehículos aceleran y frenan continuamente.
Estos “puntos negros” de contaminación son especialmente relevantes porque reflejan la exposición real de la población en sus desplazamientos cotidianos.
“Estos sistemas nos acercan mucho más a la realidad de la exposición de la población, al proporcionar información a escala de calle y en condiciones reales de movilidad”, señala Teresa Moreno, coordinadora del estudio.
La investigadora sostiene que este conocimiento puede ayudar a diseñar estrategias de mitigación “más específicas y eficaces”.
Una herramienta para rediseñar las ciudades
Los investigadores creen que este tipo de monitorización podría convertirse en una herramienta clave para las políticas urbanas del futuro.
Los mapas obtenidos permitirían rediseñar el tráfico en zonas especialmente contaminadas, crear rutas escolares o peatonales más saludables, modificar recorridos de transporte público, reducir la exposición en áreas sensibles e informar a la ciudadanía sobre los itinerarios menos contaminados.
“Las ciudades pueden utilizar esta información para diseñar políticas de tráfico más inteligentes o guiar a los ciudadanos hacia rutas de desplazamiento menos contaminadas”, apuntan los autores.
Sensores baratos, pero eficaces
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es el bajo coste de los sensores utilizados.
Aunque requieren calibración y mantenimiento, los dispositivos demostraron una elevada concordancia con las estaciones oficiales de referencia, lo que confirma su fiabilidad.
El estudio también reconoce algunas limitaciones técnicas, como fallos puntuales de sensores o interrupciones en la recogida de datos cuando los autobuses permanecían fuera de servicio.
Sin embargo, el equipo investigador considera que estos problemas pueden resolverse mediante sistemas redundantes y diseños más robustos.
La investigación se enmarca en la plataforma PTI Mobility del CSIC y ha sido financiada por el proyecto Next4mob de la Agencia Estatal de Investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.