Antelo (VOX) plantea embalsar toda el agua de los ríos antes de que llegue al mar

Entre presas, carteles disuasorios y depósitos patrióticos, la batalla contra los ríos que se escapan al mar ya circula con fuerza por redes sociales

El líder regional de VOX, José Ángel Antelo, ha mostrado su “profunda preocupación” por un fenómeno natural que, según ha señalado, lleva siglos produciéndose con total impunidad: que los ríos desemboquen en el mar. Un comportamiento reiterado, persistente y -según su entorno- difícilmente justificable desde el punto de vista del orden público hidráulico.

En declaraciones realizadas esta semana, el dirigente ha lamentado que “millones de litros de agua dulce acaben diluidos en sal sin que nadie haga nada”, y ha defendido una solución basada en embalses, presas y, llegado el caso, tapones conceptuales de tamaño considerable. “Que el agua de los ríos vaya al mar no es patriótico”, sostiene, en lo que algunos analistas interpretan como el primer intento serio de introducir criterios identitarios en la dinámica fluvial.

Según su planteamiento, el ciclo hidrológico presenta “evidentes fallos de diseño” que deberían corregirse con infraestructuras, o al menos con voluntad política. “No tiene sentido que el agua se vaya al mar, donde ya hay demasiada”, habría advertido, insinuando que el Mediterráneo podría alcanzar “niveles preocupantes de humedad” si no se actúa con determinación. “Así reducimos el agua del mar que se evapora”, añadió, aparentemente dispuesto a abrir un expediente informativo al vapor de agua.

Fuentes próximas al dirigente aseguran que su equipo baraja varias alternativas técnicas: desde instalar carteles disuasorios en los cauces (“Prohibido desembocar. Zona vigilada”) hasta redirigir los ríos hacia depósitos “más patrióticos”, previsiblemente con bandera.

Una propuesta preliminar incluiría la creación de un Observatorio Permanente de Aguas Descarriadas para estudiar la trazabilidad de cada gota que abandona territorio útil sin causa justificada. “Al frente podríamos poner a nuestro diputado Alberto Garre. Él también se descarrió militando durante años en el PP hasta que volvió al redil”, explican con espíritu pedagógico.

Ingenieros consultados han reconocido que la idea presenta dificultades logísticas menores -como la gravedad, la pendiente del terreno o la física elemental- pero han celebrado que el debate abra nuevas perspectivas en la gestión hidráulica imaginativa. “Hasta ahora nos limitábamos a analizar caudales, acuíferos y sostenibilidad ambiental. No habíamos contemplado la opción de discutir con la propia naturaleza ni de persuadirla por vía administrativa”, señalan.

Según su entorno, la preocupación de Antelo por el destino final del agua no es nueva. Antiguos maestros recuerdan que el asunto ya generaba tensiones en el aula. “En tercero de primaria interrumpió la clase de Ciencias Naturales para preguntar por qué nadie estaba vigilando los ríos”, relata uno de ellos. “Cuando le explicamos el ciclo del agua, pidió ver la autorización administrativa y preguntó por el régimen sancionador”.

Otro docente asegura que en un examen dibujó un mapa de España en el que cada río terminaba en un depósito numerado, vallado y con acceso restringido. “Nos escribió al margen: ‘Solucionado’. Le pusimos un seis porque el coloreado era excelente y porque había incluido cámaras de seguridad”.

Las anécdotas continúan: durante una excursión escolar se negó a cruzar un arroyo “hasta saber hacia dónde pensaba escaparse”, y exigió que alguien tomara nota de la matrícula del caudal.

Desde el Ejecutivo autonómico, el presidente Fernando López Miras ha evitado entrar en el fondo técnico del debate, aunque sí ha mostrado comprensión institucional. Según fuentes gubernamentales, el jefe del Ejecutivo considera que la gestión del agua requiere “sensibilidad” y una planificación que contemple todas sus formas y estados, especialmente aquellos que llegan en vaso corto con hielo.

En privado -siempre según esas fuentes- habría admitido que el agua que más quebraderos de cabeza le provoca es la de los cubitos del cubata, cuya reposición logística en actos oficiales sigue sin contar con financiación europea específica.

Antelo, que llegó a ocupar la vicepresidencia del Gobierno regional y cuya formación resulta determinante en la aritmética parlamentaria murciana, insiste en que la cuestión exige liderazgo. “No podemos seguir permitiendo que el agua tome decisiones por su cuenta. Hay que poner orden ya. Y si se seca el mar, da igual, así tendremos más sal. Lo importante es agua para regar lechugas y melones”, subraya.

Antelo, cuya indignación no oculta como buen patriota, ha propuesto que los técnicos de la administración revisen si el problema podría resolverse inclinando ligeramente la península en sentido contrario. «Igual así nos cae más agua a los murcianos».

En cualquier caso, el debate ya ha encontrado su cauce natural: las redes sociales. Allí, la propuesta ha generado un aluvión -nunca mejor dicho- de comentarios, desde quienes sugieren poner semáforos en las corrientes hasta quienes plantean multar al océano por receptación de caudales sin licencia. Otros usuarios, más conciliadores, han ofrecido soluciones intermedias como enseñar a nadar en círculos a los ríos o instalarles GPS para evitar fugas.

Entre memes, diagramas hidráulicos dibujados con rotulador y tutoriales improvisados sobre el ciclo del agua, la conversación digital ha derivado en una conclusión bastante extendida: el problema no es que los ríos lleguen al mar, sino que el sentido común no siempre logra remontar la corriente.

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