La Región de Murcia ocupa el último puesto en productividad del trabajo de todas las comunidades autónomas españolas. Así lo constatan tanto el informe Análisis de la productividad del trabajo en las Comunidades Autónomas españolas, elaborado por el Consejo General de Economistas de España, como los últimos análisis de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. En 2022, el valor añadido bruto (VAB) por trabajador en la Región se situó en 68.322 dólares -algo más de 58.000 euros-, muy por debajo de la media nacional (78.434 dólares) y también del promedio de la Unión Europea (75.312 dólares). Un dato que resume, por sí solo, la posición de debilidad estructural de la economía murciana.
Este bajo nivel de productividad no es un fenómeno puntual ni coyuntural. Los economistas advierten de que la Región de Murcia aparece de forma sistemática en el grupo de comunidades con peores registros a lo largo de toda la última década, junto a Extremadura, Canarias, Andalucía y Melilla. Y aunque en términos relativos haya mostrado algo más de dinamismo reciente, la brecha con el resto del país y con Europa sigue sin cerrarse.
Un problema regional dentro de un problema nacional
El caso murciano se inserta, además, en un contexto nacional preocupante. España no ha logrado mejorar de forma sustancial y continuada su eficiencia productiva en los últimos diez años. Entre 2013 y 2023, la productividad apenas creció un 0,4%, una cifra que refleja la atonía de uno de los principales motores del crecimiento económico a largo plazo.
Este estancamiento tiene consecuencias directas sobre los salarios. Muchos expertos señalan a la baja productividad como una de las causas principales de que los salarios reales permanezcan prácticamente congelados. Según datos de la OCDE, en las últimas tres décadas los salarios reales en España solo han aumentado un 2,76%, el tercer peor resultado entre todos los países que integran la organización, únicamente por delante de Italia y Japón.
Murcia, lejos de la media europea
La debilidad de la Región de Murcia se hace aún más evidente en la comparación internacional. En el conjunto de la UE-27, España figura como el quinto país con menor aumento de la productividad real en la última década. Y dentro de ese panorama, solo tres comunidades autónomas -País Vasco, Comunidad de Madrid y Comunidad Foral de Navarra- alcanzan niveles de productividad iguales o superiores a la media comunitaria.
La Región de Murcia, en cambio, permanece en los quintiles más bajos del ranking europeo. Incluso la comunidad española mejor situada, el País Vasco, ocupa apenas el puesto 120 entre todas las regiones NUTS-2 de la Unión Europea, lo que da idea del retraso general del país en esta materia.
Un ligero dinamismo que no altera el diagnóstico
El informe del Consejo General de Economistas introduce un matiz relevante: pese a partir de niveles muy bajos, la Región de Murcia figura entre las comunidades que han mostrado un mayor dinamismo relativo en la evolución de la productividad durante el periodo 2013-2022, junto a Islas Baleares, Cantabria, Galicia o Madrid.
Sin embargo, los propios autores del estudio subrayan que este comportamiento no ha sido suficiente para hablar de convergencia real. “No se observa convergencia regional en los niveles de eficiencia”, concluye el informe. En otras palabras, crecer algo más rápido no basta cuando se parte del último escalón.
El peso del sector primario y de actividades poco productivas
Entre los factores que explican la baja productividad murciana, los economistas destacan la estructura productiva y ocupacional. El peso del sector primario sigue siendo elevado y, aunque la economía regional no se limita a la agricultura, la ganadería o la pesca, estas actividades presentan bajos niveles de productividad en todo el territorio nacional.
Otros sectores con fuerte presencia en la Región, como la hostelería, el comercio básico o una industria centrada en manufacturas tradicionales y agroalimentarias, tampoco destacan por su elevado valor añadido ni por ofrecer salarios altos. Frente a ello, las comunidades más productivas concentran industrias tecnológicas avanzadas y servicios intensivos en conocimiento, como las actividades financieras, la información y las comunicaciones o los servicios profesionales especializados.
No es casual que el informe subraye que las actividades industriales son cruciales para mejorar la productividad, tanto por sus elevados niveles como por su peso en la estructura del empleo.
Alta tasa de abandono escolar temprano
La baja productividad se ve reforzada por un problema persistente de capital humano. La Región de Murcia registra la tasa de abandono escolar temprano más alta de España, con uno de cada cinco jóvenes dejando los estudios antes de tiempo. Según la OCDE, este fenómeno incrementa el riesgo de exclusión social y dificulta el acceso a empleos estables y de mayor calidad.
Los niveles formativos de la población ocupada son también reducidos, lo que refuerza la especialización en sectores poco productivos, con bajos salarios y elevada temporalidad. A pesar de contar con una población relativamente joven, esa ventaja demográfica no se traduce en productividad debido al bajo nivel educativo medio y a las dificultades para atraer y retener talento cualificado.
El abandono escolar no es un fenómeno aislado: está directamente relacionado con la composición del empleo en la región. Sectores como la agricultura, la hostelería o el comercio básico, que tradicionalmente absorben buena parte de la mano de obra local, ofrecen empleos con requerimientos formativos bajos y menor productividad por trabajador.
Microempresas, innovación limitada y formación insuficiente
El tamaño del tejido empresarial es otro elemento clave. Las pymes representan el 99,86% de las empresas de la Región de Murcia, y la mayoría son microempresas. Según la OCDE, las grandes empresas invierten hasta 2,7 veces más en formación que las micro y pequeñas, que además tienen un acceso más limitado a financiación, innovación y tecnologías digitales avanzadas.
Aunque la inversión en I+D ha crecido en los últimos años, el gasto en formación universitaria sigue siendo insuficiente. A ello se suma la escasa presencia de empleo en industrias culturales y creativas, apenas un 1,9%, frente a medias nacionales y europeas sensiblemente más altas, lo que limita la capacidad de la Región para atraer talento y mejorar su competitividad.
Productividad y desigualdad: una relación directa
El informe del Consejo General de Economistas subraya un dato clave: entre el 75% y el 89% de las desigualdades de renta por habitante entre comunidades autónomas se explican por las diferencias de productividad. No se trata, por tanto, de un debate técnico, sino de un factor central que condiciona salarios, nivel de vida y cohesión social.
El presidente del Consejo General de Economistas de España, Valentín Pich Rosell, fue claro durante la presentación del informe al señalar que mejorar la productividad “no solo debe ser un objetivo como país, sino una apremiante necesidad para no quedar rezagados” frente a las grandes potencias económicas y las nuevas economías emergentes.
Un cambio de modelo inaplazable
Para los expertos, revertir la situación exige un cambio profundo del modelo productivo de la Región de Murcia. Más inversión en educación y universidades públicas, una mayor conexión entre formación y empleo, apoyo real a la digitalización, la automatización y la innovación empresarial, y una mejora decidida de las infraestructuras y la conectividad.
La OCDE apunta, por ejemplo, que reforzar las conexiones ferroviarias con regiones vecinas como Almería o Alicante podría mejorar la capacidad de atracción de la Región para inversores, talento y visitantes. También una red de transporte público más eficiente contribuiría a mejorar la calidad de vida y la competitividad territorial.
Mientras tanto, el diagnóstico es inequívoco: la Región de Murcia sigue siendo la comunidad menos productiva de España. Un lastre estructural que condiciona su desarrollo económico y social y que sitúa la productividad en el centro de un debate que la Región ya no puede seguir posponiendo.