Genocidio hoy, holocausto mañana

Un recorrido histórico del conflicto árabe-israelí para entender cómo el ciclo de violencia y ocupación ha desembocado en la actual tragedia en Gaza

El mundo entero asiste horrorizado al genocidio que está produciéndose en la franja de Gaza por parte del gobierno ultraderechista israelí; para entender el conflicto, hagamos un poco de historia.

Las raíces del conflicto se remontan a finales del siglo XIX con el surgimiento del sionismo, un movimiento político liderado por Theodor Herzl en Europa Central, que proponía la creación de un estado judío como respuesta a la creciente persecución antisemita. Este movimiento impulsó varias oleadas de inmigración judía hacia Palestina, la llamada aliá, que comenzó a finales del siglo XIX y se intensificó con la persecución nazi en Europa. Aunque la población judía creció de 24.000 en 1882 a más de 600.000 en 1947, la mayoría de la población seguía siendo árabe.

Tras la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio Otomano, el Reino Unido obtuvo el control sobre Palestina a través de un mandato otorgado por la Sociedad de Naciones en 1922. Fue durante este mandato que se formalizó la Declaración Balfour de 1917, en la que el gobierno británico se comprometió a apoyar la creación de un «hogar nacional judío» en Palestina. Esta promesa encendió las primeras tensiones y despertó el nacionalismo árabe y palestino, que se manifestó en revueltas árabes y actos de desobediencia civil entre 1936 y 1939, motivados por la frustración ante la inmigración judía y la pérdida de tierras.

En 1947, el Reino Unido, incapaz de contener la escalada de violencia, anunció su retirada del territorio. La ONU intervino aprobando la Resolución 181, que proponía la partición de Palestina en dos estados, uno judío y uno árabe, con Jerusalén bajo un régimen internacional. Los estados árabes rechazaron el plan de partición de forma inmediata.

Inmediatamente después de que David Ben-Gurion declarara la independencia del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, el nuevo país fue atacado por una coalición de ejércitos de Egipto, Siria, Jordania, Líbano e Irak. Con su victoria, Israel consolidó su existencia y ocupó una porción de territorio un 40% mayor de lo que le había correspondido según el plan de partición de la ONU, controlando el 78% del antiguo mandato.

La Guerra del Sinaí, en 1956, fue una operación militar conjunta de Israel, Francia y el Reino Unido contra Egipto por la nacionalización del Canal de Suez por el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser y su bloqueo de los estrechos de Tirán al tráfico marítimo israelí. A pesar del éxito militar, la operación fue condenada por la comunidad internacional y, a la vez, catapultó a Nasser como un héroe del nacionalismo panárabe.

La escalada de tensiones en 1967, con la movilización de tropas egipcias en el Sinaí y el bloqueo del Estrecho de Tirán, llevó a Israel a lanzar un ataque preventivo el 5 de junio. El conflicto, de tan solo seis días, se saldó con una «rotunda victoria» israelí que demostró su gran superioridad militar. Israel ocupó la Franja de Gaza y la Península del Sinaí de Egipto, Cisjordania y Jerusalén Este de Jordania, y los Altos del Golán de Siria. Esta ocupación sentó las bases para el problema de los asentamientos israelíes y la ocupación militar de los territorios palestinos, un punto de fricción que ha perdurado por más de treinta años.

El 6 de octubre de 1973, en el día sagrado judío de Yom Kipur, Egipto y Siria lanzaron un ataque sorpresa para recuperar los territorios perdidos en 1967. Aunque las fuerzas árabes lograron avances iniciales, Israel contraatacó y llegó a las afueras de Damasco y al lado oeste del Canal de Suez. La guerra, una de las más sangrientas del conflicto, generó un cambio psicológico y político: Israel perdió su aura de invencibilidad, y el «triunfo» de Egipto cimentó el poder del ejército en su país. Este conflicto, a pesar de no alterar significativamente las fronteras, abrió el camino para las negociaciones de paz.

Israel invadió el Líbano en 1982 con el objetivo de eliminar las milicias de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Aunque fue una victoria táctica para Israel, se considera un fracaso estratégico, ya que la invasión estimuló la creación de nuevos grupos armados chiitas, como Hezbolá, que continúa su lucha contra Israel hasta el día de hoy.

Cada guerra en este período no es un evento aislado, sino un «eslabón decisivo» en una cadena de reacciones en la que los resultados de un conflicto se convierten en las causas del siguiente. La victoria israelí en 1948, con la consecuente Nakba, alimentó el sentimiento de humillación árabe que motivó los conflictos de 1956 y 1967. La abrumadora derrota en 1967 y la pérdida de territorios se convirtieron en la principal motivación para la Guerra de Yom Kipur de 1973. El asentamiento de la OLP en el Líbano, a raíz del éxodo de 1948, fue la causa directa de la invasión israelí de 1982. La ausencia de una solución política y el predominio del enfoque militar perpetuaron un ciclo de violencia recurrente que definió las dinámicas regionales durante décadas.

Con el ataque de Hamás el pasado 7 de octubre de 2023 dio a Israel, o mejor dicho, al gobierno de Netanyahu, la excusa para arrasar Gaza primero, y posteriormente Cisjordania. Están perpetrando un genocidio contra una población indefensa, y lo están haciendo ante los ojos del mundo. La única coexistencia posible es la coexistencia pacífica. Si hubiera dos estados bien avenidos, cooperando, comerciando, afrontando juntos el destino de esa zona, podrían y deberían llevarse bien. Pero Israel se siente amenazado y entiende que solo la completa destrucción de sus enemigos puede garantizar su seguridad. El problema es que Israel ha convertido a todo el mundo árabe en su enemigo, y algún día, y yo espero no verlo, se producirá un nuevo holocausto del pueblo judío cuando los países del entorno de Israel se sientan, o se sepan, lo suficientemente fuertes.

Un saludo a todo el mundo.

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