¿Te imaginas tener menos de 30 años, no llegar a fin de mes, y que la solución que te ofrezca el Gobierno sea un aval para comprar un piso de 220.000 euros? Pues esa es, más o menos, la jugada.
El Gobierno regional ha incorporado a CaixaBank al programa Icref Aval Joven, un plan que arrancó en 2021 con la promesa de ayudar a la juventud murciana a comprar su primera vivienda. Desde entonces, 717 jóvenes -en una región con más de 200.000 personas entre 18 y 40 años- han logrado acogerse. No es exactamente un aluvión.
Ahora bien, para la administración, la cifra suena a éxito. El presidente López Miras incluso decidió ampliar la edad máxima a 40 años. Una forma, quizá, de maquillar la falta de resultados.
El programa cubre hasta el 100 % del valor de la vivienda (límite: 220.000 euros), y el 20 % queda avalado por fondos públicos. En números: 74 millones movilizados, 13,6 millones en avales y una media de 19.000 euros por operación.
Con la llegada de CaixaBank, “una de las entidades con mayor cuota de mercado en la Región”, el consejero Luis Alberto Marín espera “llegar a más jóvenes y ofrecerles más opciones para acceder a una hipoteca”. Eso dijo tras reunirse con el director regional de la entidad, Juan Jesús Lozano.
Durante estos años, el programa ha ido cambiando: más edad, más valor de vivienda, más fondos públicos. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿está sirviendo de verdad a quienes más lo necesitan?
Porque mientras los precios siguen subiendo, el acceso a la vivienda sigue cerrado a cal y canto para miles de jóvenes. Y mientras tanto, el Gobierno regional se resiste a aplicar la Ley Estatal de Vivienda y a delimitar zonas tensionadas, que podrían frenar el encarecimiento descontrolado de algunos barrios.
A esto se suma el panorama laboral: el 25,66 % de los menores de 25 años estaban en paro a finales de 2024. Uno de cada cuatro. Y entre los menores de 30, el desempleo también ronda el 21 %.
Así que la gran apuesta sigue siendo la hipoteca avalada, incluso para quienes no tienen ingresos fijos ni contrato indefinido. ¿Y si el problema no fuera solo de crédito, sino de sueldos, precariedad y falta de alternativas reales?
La sensación, para muchos, es la de estar corriendo hacia una meta que se aleja con cada paso. Y aún nadie ha dicho en voz alta qué vamos a hacer con eso.