El subsuelo que alimenta la crisis del Mar Menor: así es la mayor investigación hidrogeológica del Campo de Cartagena

El MITECO invierte cinco millones en una macroinvestigación subterránea con 250 puntos de análisis, 36 sondeos, estudios isotópicos y un modelo digital para entender cómo fluye la contaminación desde los acuíferos hasta la laguna

Cinco millones de euros, 250 puntos de investigación, 36 perforaciones de hasta 300 metros de profundidad y cientos de muestras de sedimentos, aguas y materiales geológicos. Así se resume en cifras -y a lo grande-la mayor investigación hidrogeológica que se ha hecho nunca en el Campo de Cartagena, una región agrícola tan fértil como castigada por décadas de sobreexplotación hídrica y uso intensivo de fertilizantes.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) se ha propuesto mirar bajo tierra para responder una de las preguntas más importantes -y hasta ahora sin respuesta clara- del desastre ecológico del Mar Menor: ¿cómo se conecta la contaminación agrícola con la laguna salada a través del subsuelo?

La respuesta está enterrada a decenas de metros de profundidad, y el Gobierno está decidido a desenterrarla con métodos científicos, perforadoras y sensores.

Una línea clave del plan estatal

La investigación se enmarca en la línea 8.2 del Marco de Actuaciones Prioritarias para Recuperar el Mar Menor (MAPMM), dotado con 675 millones de euros y declarado por la ONU como Iniciativa Emblemática de Restauración de Ecosistemas. No es poca cosa. Lo que se busca ahora no es aplicar más parches, sino comprender con rigor técnico cómo funciona el ciclo hidrológico subterráneo del Campo de Cartagena y su conexión con la laguna.

Para ello, se están combinando técnicas de geofísica, geología, hidroquímica e isotopía con tecnologías de medición continua y modelización digital. Un trabajo coordinado por la Subdirección General de Protección de las Aguas y la Dirección General del Agua del MITECO, con apoyo técnico de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS).

¿Qué se está haciendo exactamente?

La magnitud de los trabajos es inédita en la cuenca del Mar Menor. Estas son las principales actuaciones:

  • 250 puntos de investigación geofísica, tanto en superficie como en profundidad (hasta 300 metros), para cartografiar la geometría y los límites de los acuíferos.
  • 36 sondeos de investigación, verdaderas ventanas al interior de la tierra, que permiten conocer la composición, espesor y conectividad de los materiales.
  • Estudios de geofísica marina en el borde costero, para caracterizar cómo y dónde descarga el acuífero Cuaternario en el Mar Menor.
  • Ensayos de permeabilidad, para estimar la velocidad y dirección del flujo subterráneo.
  • Análisis geoquímicos e isotópicos, que ayudan a determinar el origen de los nitratos en el agua subterránea y su antigüedad.
  • Seguimiento periódico del nivel freático y la calidad del agua, para conocer su evolución en tiempo real.

Una vez concluidos, los sondeos pasarán a formar parte de la red de seguimiento de la CHS.

Visitas institucionales y avances visibles

La directora de la Oficina Técnica del Mar Menor, Inmaculada Ramírez, ha supervisado esta semana varios de los trabajos sobre el terreno. Entre ellos, la visita a un sondeo en Torre Pacheco, una nave de almacenamiento y caracterización de sedimentos en El Algar, y la parcela Tomás Ferro, de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), donde el MITECO ha instalado una innovadora prueba piloto de medición continua de nitratos.

“El ritmo de trabajo es bueno y la información que se está obteniendo es de enorme valor científico”, aseguró Ramírez tras la visita.

¿Por qué mirar al subsuelo?

Porque ahí está la clave. Las aguas subterráneas funcionan como ríos invisibles que transportan no solo agua, sino también nutrientes, fertilizantes y contaminantes desde los campos agrícolas hasta el Mar Menor. En especial, los acuíferos del Cuaternario, Plioceno y Messiniense, cuyas interconexiones aún no están del todo claras.

Entender cómo se mueven esos contaminantes -con qué velocidad, por qué rutas, en qué cantidad- es imprescindible para poder tomar decisiones acertadas. “Si no sabemos por dónde viene el agua cargada de nitratos, nunca podremos interceptarla a tiempo”, resumen desde el MITECO.

Lo que viene: un modelo para decidir mejor

El objetivo final de esta campaña de investigación no es solo recopilar datos, sino crear un modelo numérico que simule el comportamiento hidrogeológico de la cuenca del Mar Menor. Un modelo que permita prever el impacto de cada medida correctora: desde la instalación de filtros verdes, hasta el cierre de pozos o la modificación de cultivos.

En palabras más llanas: hacer una radiografía del subsuelo para diseñar con precisión el tratamiento adecuado. Ni más ni menos.

El Mar Menor sigue recibiendo cargas de nutrientes, visibles o invisibles. Algunas llegan por las ramblas y canales agrícolas. Otras -y aquí está el nudo de la cuestión- lo hacen lentamente y sin avisar, desde las tripas del terreno.

Esta investigación sentará las bases para que las siguientes decisiones no se tomen más a ciegas. Porque, si de algo está harta la ciudadanía, es de excusas sin datos y de planes sin efecto.

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