Contra todo pronóstico, la temporada ha terminado para el Real Murcia. El pasado sábado, ante 31.003 espectadores -entrada récord en un partido del club- y con el Enrique Roca teñido de grana, el equipo cayó por 0-1 frente al Nàstic de Tarragona. El empate bastaba para pasar, pero el sueño se esfumó.
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La expectación era desbordante. Desde el empate en el partido de ida en Tarragona, la ciudad de Murcia y gran parte de la Región (con excepción del área de influencia de Cartagena) se volcaron como nunca. Se vendieron camisetas por cientos, las calles se llenaron de aficionados luciéndolas con orgullo, y edificios emblemáticos como el Moneo, el hospital Reina Sofía o el paseo Alfonso X se iluminaron de grana.
En lo táctico, Fran Fernández apostó de inicio por dos delanteros: Flakus y Alcaina. En el centro del campo alineó a Yriarte y Moha, con Pedro Benito en la banda derecha y Loren en la izquierda. Sorprendió la ausencia de jugadores más creativos como Palmberg, Isi Gómez o Juan Carlos Real, en favor de un once más de contención.
Durante la primera hora de juego, el Real Murcia dominó, pero apenas generó peligro. El Nàstic, bien ordenado, esperó su momento. Y lo encontró en el minuto 59: centro de Narro al segundo palo y remate a bocajarro de Pablo Fernández -el mismo que ya había marcado en la ida-. Fue su única llegada… y acabó en gol.
A partir de ahí, el Murcia reaccionó. Fran Fernández dio entrada a Antonio Toral por Loren. A pesar de no haber contado apenas con él en toda la temporada, Toral fue el más incisivo. Estuvo a punto de empatar tras un centro de David Vicente, pero entre la pierna de Rebollo y el poste evitaron el tanto.
Entraron también Isi Gómez, Carlos Rojas, Juan Carlos Real y Cadorini. Pero el gol no llegó. El Murcia, eliminado por un rival inferior en lo futbolístico, pero que supo plantear mejor el partido, dejó a la afición grana con una amarga sensación de injusticia y frustración.
No era la primera vez. La Nueva Condomina ha visto esta película demasiadas veces esta temporada. Las críticas apuntan, una vez más, a Fran Fernández por sus pobres planteamientos como local. El propio Felipe Moreno reconocía la decepción: “Tanto trabajo para morir en la orilla”.
Toca asumir el fracaso y empezar a construir de nuevo. Pero con un modelo claro, un proyecto definido y ambición. El ascenso llegará. Esta ciudad y esta afición inmensa lo merecen.
Un saludo murcianista de ánimo a todos y todas.