El Gobierno de la Región de Murcia ha escogido este año el lema “Estamos hechos de futuro” para conmemorar el Día de la Región. Un eslogan que, en apariencia, busca proyectar ilusión, cohesión territorial y ambición de progreso. Sin embargo, cuando se confronta con los datos reales y las decisiones políticas adoptadas, el mensaje se convierte en una afirmación desconectada de la situación de miles de ciudadanos.
La Región de Murcia no está hecha de futuro. Está hecha -hoy por hoy- de pobreza estructural, de abandono institucional, de precariedad laboral, de exclusión social y de recortes continuados en servicios públicos esenciales. No es de extrañar que el 79 % de los murcianos afirme que el conjunto de administraciones públicas no hace lo suficiente para garantizar el progreso de la Región, según el último barómetro del CEMOP. La mayoría suspende la gestión política autonómica y muestra una creciente desconfianza hacia los partidos tradicionales.
Los datos lo desmienten
Según el último informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN), la Región de Murcia lidera el ranking nacional de población en riesgo de pobreza o exclusión social: un 33% de sus habitantes, el equivalente a uno de cada tres murcianos. El informe del Observatorio de Exclusión Social de la Universidad de Murcia añade que la pobreza infantil alcanza ya el 41%, muy por encima de la media nacional.
En materia de educación, la Región registra una tasa de abandono escolar temprano del 19%, una de las más altas del país. Mientras tanto, el presupuesto destinado a vivienda social y políticas de juventud es testimonial, a pesar de la emergencia habitacional y el éxodo juvenil.
En sanidad, la situación es crítica: las listas de espera baten récords históricos, la Atención Primaria está desbordada y inversión pública en Servicios Sociales es la segunda más baja de España, según el ranking anual de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes.
El futuro no se decreta, se construye
El lema institucional pierde toda credibilidad cuando se superpone con decisiones como el pacto de gobierno con Vox, cuyas posiciones negacionistas del cambio climático y regresivas en materia de derechos sociales contradicen frontalmente cualquier agenda de futuro. Y aún así, el presidente López Miras se permite decir «la historia se ha escrito a través de una mezcla de culturas que enriqueció a sus gentes y les legó una identidad propia».
Por otra parte, la política ambiental del Ejecutivo regional se ha caracterizado por ignorar los informes técnicos, impulsar proyectos contaminantes y frenar la transición energética. El caso del Mar Menor, la aprobación de plantas de biogás sin consenso y los retrocesos en participación ciudadana son solo algunos ejemplos.
Tampoco hay señales de transformación en términos de gobernanza. A pesar del discurso institucional, la reforma del Estatuto de Autonomía continúa bloqueada y los procesos de participación ciudadana son inexistentes o meramente decorativos. Quizá por eso casi el 70% de los murcianos ve necesaria una reforma del Estatuto de Autonomía.
¿Futuro para quién?
Lemas como “Estamos hechos de futuro” buscan generar un relato aspiracional, pero cuando se lanzan desde una administración que no garantiza ni los mínimos de justicia social, el mensaje se vacía de contenido. Las estadísticas oficiales desmienten ese optimismo, y las políticas públicas, lejos de impulsar un cambio de rumbo, profundizan las brechas existentes.
Frente al relato triunfalista, la realidad obliga a una reflexión crítica: el futuro no se decreta en una campaña institucional ni en un acto protocolario, se construye con presupuestos, decisiones valientes y voluntad política. Y en eso, la Región de Murcia lleva años suspendiendo.