Sierra Espuña: 17 años de retraso para un plan de gestión que llega sin dinero ni garantías

El Consejo Económico y Social de la Región de Murcia aprueba el decreto que declara ZEC a Sierra Espuña, pero advierte de la falta de presupuesto, coordinación y garantías para que el plan pase del papel a la realidad

Han tardado 17 años. Diecisiete. Ese es el tiempo que ha necesitado el Gobierno regional para elaborar el proyecto de declaración de la Zona Especial de Conservación (ZEC) de Sierra Espuña y los planes de gestión de este espacio natural, junto con los de los Barrancos de Gebas y el Llano de las Cabras. La normativa europea que lo exigía -la Directiva Hábitats- data de 1992. La Comisión Europea incluyó Sierra Espuña en la red Natura 2000 en 2006. Y, desde entonces, silencio administrativo.

Ahora, en 2025, llega el decreto sobre el que ha dictaminado el Consejo Económico y Social. Tarde, muy tarde, y con serias dudas sobre su efectividad.

El Consejo Económico y Social de la Región de Murcia (CESRM), encargado de emitir el dictamen preceptivo sobre este tipo de normas, ha aprobado el proyecto por unanimidad, sí, pero con una batería de observaciones que no dejan títere con cabeza.

«Que no se quede en papel mojado»

El CES lanza una advertencia clara: el plan puede ser excelente sobre el papel, pero carece de presupuesto realista, mecanismos sólidos de seguimiento y participación efectiva. “Se echa en falta una estimación detallada del coste total y de su financiación en el tiempo, lo que puede dificultar su ejecución”, señala el dictamen.

Se mencionan acciones con estimaciones parciales, pero el plan carece de una memoria económica detallada y no garantiza financiación suficiente. El CES advierte que esto puede comprometer su ejecución efectiva.

También cuestiona el riesgo de que el decreto sea ignorado por ayuntamientos con intereses urbanísticos en la zona. Por eso, recuerda que el PRUG (Plan Rector de Uso y Gestión) debe prevalecer legalmente sobre cualquier plan municipal. Pero una cosa es la letra de la ley, y otra, la voluntad política.

Aunque se celebra la creación de una Junta Rectora plural (con representantes de ayuntamientos, universidades, asociaciones y propietarios), el CES pide más: mecanismos reales y permanentes de participación ciudadana, y no solo una estructura formal que se reúna dos veces al año para cumplir expediente.

También exige que se concreten los indicadores de seguimiento ambiental, para saber si las medidas funcionan o si el deterioro sigue avanzando. Porque proteger no es declarar, es actuar.

Pero hay más observaciones por parte del CES. Falta de conexión entre planificación y ejecución

El CES advierte de que el plan tiene una estructura técnica impecable, pero echa en falta que se especifique cómo se va a implementar realmente cada medida, quién la ejecutará, con qué personal, y qué instrumentos de coordinación se van a activar entre administraciones. "La planificación es ambiciosa, pero su ejecución queda en el aire si no se concreta el aparato operativo que la haga posible."

El organismo consultivo también destaca la ausencia de medidas específicas frente al cambio climático. El dictamen menciona que, a pesar del contexto actual de emergencia climática, el PRUG no incluye medidas claras de adaptación y mitigación frente a los efectos del cambio climático (olas de calor, sequías extremas, aumento de incendios forestales, pérdida de hábitats). «Sería deseable incorporar estrategias adaptativas al cambio climático, como parte de la gestión de los ecosistemas protegidos.»

También señala la debilidad en la planificación a largo plazo. Aunque el plan tiene vigencia indefinida y revisión cada 6 años, el CES señala que falta una visión estratégica más allá del corto plazo, especialmente en lo que se refiere a educación ambiental, conservación de especies o integración de usos tradicionales.
«La sostenibilidad ecológica y social requiere una mirada más allá de ciclos políticos o presupuestarios anuales.»

El CES observa que el nivel de profundidad y desarrollo técnico no es el mismo en los tres espacios protegidos: Sierra Espuña tiene un PRUG extenso y detallado. Sin embargo, los Barrancos de Gebas y el Llano de las Cabras tienen planes más escuetos, con menor concreción. "Debe garantizarse que todos los espacios reciban una planificación equivalente en rigor y recursos."

¿Qué se protege en Sierra Espuña?

Mucho, y muy valioso. Sierra Espuña es el pulmón verde del centro de la Región de Murcia: 17.693 hectáreas que concentran una biodiversidad extraordinaria. Allí viven más de 1.000 especies vegetales, 184 especies de vertebrados (entre ellas el águila real y el búho real), y algunas joyas botánicas únicas en Murcia como la Fumana fontanesii y la Erica erigena, en peligro de extinción.

El macizo está cubierto de pinares, encinares, sabinares y matorrales, con zonas de alto valor ecológico como los barrancos de la Hoz, Enmedio o el Valle de Leiva. Y, además, un legado cultural que incluye pozos de nieve del siglo XVI, minas, acueductos y un patrimonio hidrológico-forestal de enorme valor histórico.

Pero todo eso lleva años degradándose por la presión humana, el turismo desordenado, los deportes de riesgo, la circulación incontrolada de vehículos, y la ausencia de recursos humanos y económicos para gestionar el parque como merece.

Demasiado tiempo perdido

El proyecto de decreto regional incluye normas de uso, zonas protegidas, regulaciones para actividades deportivas y recreativas, restricciones urbanísticas, planes de restauración, investigación, seguimiento y educación ambiental. Todo muy bien redactado. Pero, como dice el CES, si no hay compromiso real, presupuesto estable y voluntad política, esto no servirá para nada.

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