Bruce Springsteen: «La administración Trump es corrupta, incompetente y traidora»

El “Boss” acusa a Trump de traicionar los valores fundacionales de EE.UU. y llama a resistir el autoritarismo desde los escenarios. “El miedo es su arma, las historias son la nuestra”: Pedro Pascal también alza la voz contra el autoritarismo

Bruce Springsteen no es solo una leyenda del rock. Es también la voz de una América obrera, digna y cansada de que le pisoteen los valores. Y ahora vuelve a estar en pie de guerra, guitarra en mano, contra Donald Trump. El 14 de mayo de 2025, en el arranque de su gira europea en Mánchester, el «Boss» lanzó una proclama que ha retumbado desde los teatros del Reino Unido hasta los pasillos más tensos de la política estadounidense: «La administración Trump es corrupta, incompetente y traidora. El arte no puede ser neutral ante la injusticia.»

Esa frase, y el contexto en el que la pronunció, lo cambió todo. Trump, fiel a su estilo, respondió por Truth Social con una retahíla de insultos personales: lo llamó “imbécil prepotente”, “sobrevalorado” y “tonto como una piedra”. Pero lo más inquietante fue su mensaje final, en tono críptico: “Que se calle hasta que vuelva al país… después veremos qué pasa con él”. ¿Advertencia? ¿Amenaza velada? ¿Una llamada de atención a los críticos?

Muchos dentro y fuera del mundo artístico lo interpretan como un intento de intimidar. No es nuevo en Trump, pero sí marca una escalada: ahora apunta directamente contra músicos, actores y creadores que aún conservan poder de convocatoria y discurso.

¿Por qué ahora?

El enfrentamiento se produce en un momento delicado: Trump ha confirmado su intención de disputar las elecciones presidenciales de 2028 y se mueve ya como candidato en campaña. En paralelo, intensifica su guerra cultural, prometiendo recortes en subvenciones artísticas, censura “en defensa de los valores tradicionales” y una ofensiva contra “la elite cultural progresista”.

El arte y la cultura vuelven a estar en el centro del conflicto ideológico. Y esta vez, la resistencia se organiza desde los escenarios.

Una ola de voces rebeldes

Springsteen no está solo. En cuestión de días, otros grandes nombres se sumaron a la denuncia. Robert De Niro, en el Festival de Cannes, arremetió contra el expresidente: «Estamos luchando por la democracia. El arte es una amenaza para los fascistas. Por eso nos quieren callar.»

El actor Pedro Pascal ha sido más explícito: “Que se jodan quienes quieren asustarnos, hay que contraatacar. No podemos dejarles ganar”. “El miedo es su herramienta. Es la forma en la que pretenden imponerse”, dijo Pascal, según informó la agencia EFE. El actor insiste en que contar historias, hacer cine y mantener viva la expresión artística es una forma de resistencia frente a la agitación política: “Tenemos que seguir narrando, expresándonos, luchando desde el arte”.

Pedro Pascal en Cannes : «Quiero que la gente esté segura y protegida. Quiero vivir en el lado correcto de la historia. Soy inmigrante. Mis padres son refugiados de Chile. Huimos de una dictadura y tuve el privilegio de crecer en Estados Unidos tras obtener asilo en Dinamarca. Siempre defiendo esas protecciones».

El actor George Clooney alertó en marzo sobre la erosión de la libertad de prensa en EE.UU., lo que le valió el desprecio público de Trump, quien le llamó “estrella de segunda”. La reacción del ex presidente no hace más que confirmar la preocupación de quienes ven cómo la cultura se convierte en blanco de una nueva cruzada autoritaria.

Y esta lista de voces críticas se extiende: Meryl Streep, Alec Baldwin, Mark Ruffalo, John Leguizamo, Cher, Jamie Lee Curtis… No es solo Hollywood. Es un grito coral que dice: el arte no se calla.

Una batalla cultural con tintes autoritarios

La respuesta de Trump no es un simple rifirrafe mediático. Hay una estrategia detrás: agitar la polarización cultural, construir enemigos internos, alimentar la idea de que los artistas “viven del Estado” o “desprecian al ciudadano común”.

Es el viejo manual del populismo: deslegitimar al adversario quitándole humanidad o, en este caso, musicalidad.

Pero Bruce Springsteen no es solo un artista. Es el hombre que llenó estadios cantando sobre fábricas cerradas, pueblos olvidados y sueños rotos. Representa una narrativa de país que va más allá del marketing político. Y por eso molesta tanto.

El arte como resistencia

Ante las amenazas, la American Federation of Musicians ha salido en defensa del “Boss”: «Los músicos tienen derecho a expresarse libremente, sin miedo a represalias políticas. Atacar a Bruce es atacar a todos los artistas que defienden la libertad.»

Y no es una hipérbole. Este enfrentamiento es una muestra más de una realidad inquietante: el arte está siendo atacado no solo por lo que dice, sino por lo que representa. En un clima global cada vez más autoritario, la cultura se convierte en trincheras de resistencia.

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