Hugo Morán: «El ruido no puede estar por encima de la gente»

Hugo Morán denuncia el uso político del trasvase Tajo-Segura y defiende que la planificación actual cumple con criterios técnicos y judiciales

En plena batalla política por el agua y con el trasvase Tajo-Segura convertido, una vez más, en munición electoral, el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, responde sin rodeos en una entrevista con RRNEWS. Defiende la planificación hidrológica como un proceso técnico y participativo, arremete contra lo que califica de «discurso falaz» del Gobierno murciano y el Sindicato Central de Regantes, y deja claro que el trasvase no se cierra, pese a la propaganda que afirma lo contrario. En esta entrevista, Morán aborda las inversiones en desalación, el papel de los tribunales, las falsas polémicas y el futuro de proyectos como el de la Bahía de Portmán.

Si quieres escuchar la entrevista, pincha aquí:

PREGUNTA: Señor Morán, cuando escucha todos estos mensajes del gobierno regional, ¿qué piensa?

RESPUESTA: Bueno, lo que pienso es que hay, sinceramente, un margen de frivolidad por parte de quienes emiten esas declaraciones, y me refiero a una frivolidad que no tiene ninguna presentación posible. Vamos a ver: la fijación de los caudales ecológicos no es una improvisación ni una ocurrencia política. Es simplemente una parte más de la planificación hidrológica de una demarcación hidrográfica. Siempre ha sido así.

Y esa planificación la hacen las oficinas técnicas, las oficinas de planificación hidrológica de cada demarcación. Por tanto, no hablamos de decisiones tomadas en un despacho político, sino de propuestas formuladas por equipos técnicos que trabajan con criterios científicos e hidrológicos.

Es verdad que, en último término, el órgano político correspondiente puede asumir o no de forma íntegra esa propuesta técnica. Pero, precisamente, lo que ocurrió en el ciclo de planificación del año 2015 fue que ese criterio técnico no se respetó. Políticamente se decidió entonces no aplicar los caudales ecológicos en el río Tajo. ¿Y qué pasó? Pues que todos sabemos cómo acabó aquello: con cinco sentencias judiciales que anularon parcialmente aquel plan hidrológico.

P. ¿Y en el plan hidrológico de 2023?

R. Lo que se hizo en el plan 2023, que nos lleva hasta el año 2027, fue -en primer lugar y como es lógico- cumplir con la ejecución de esas cinco sentencias que obligaban a fijar caudales ecológicos. Pero no solo eso: esos caudales se establecieron aplicando criterios estrictamente técnicos e hidrológicos. No se hizo ninguna modificación ni matiz desde el plano político. Es decir, la oficina de planificación propuso unas cifras y eso es exactamente lo que aparece en el plan.

No hubo, en este caso, ningún tipo de decisión política que alterase, rechazase o interpretase lo que propusieron los técnicos. Sencillamente, lo que se propuso es lo que se ha aprobado. Y por eso, cuando alguien desde un discurso político pretende descalificar esa decisión tildándola de arbitraria y sin base técnica, pues francamente, deja de tener sentido. Es que raya incluso lo esquizofrénico. Eso es precisamente lo que ha hecho hace muy poco el consejero de Presidencia de Murcia, Marcos Ortuño. Y resulta llamativo, porque lo que dice ahora el portavoz del Gobierno murciano gira en torno a la última sentencia del Tribunal Supremo, que viene a señalar algo muy claro: que para proteger los espacios con algún tipo de figura ambiental -espacios vinculados a masas de agua-, el cumplimiento de los caudales ecológicos debería haberse producido ya en 2015.

P. Entonces, ¿lo que dice el Tribunal Supremo es que no hay que esperar hasta 2027?

R. Exactamente. El Supremo lo que viene a decir es que no se debería haber pospuesto la aplicación completa de esos caudales hasta el año 2027. Eso era algo que, legalmente, ya debería haberse hecho hace una década. ¿Y qué hace entonces el portavoz del Gobierno regional? Pues se saca de la manga que ahora el debate ya no está en los caudales ecológicos en sí, sino en si deben o no aplicarse ahora los que estaban previstos para el último tramo, ese que se había fijado para 2027.

Es decir, seguimos en ese bucle eterno en el que cualquier excusa sirve para intentar convertir una cuestión técnica, una cuestión razonable, científica, en un arma política. En nuestra opinión, eso no tiene ningún sentido. Hablamos de la gestión de un recurso tan esencial como es el agua.

P. ¿Y quién determina exactamente esas cifras de caudal ecológico?

R. Los técnicos de la oficina de planificación hidrológica de cada demarcación. Se aplican reglas técnicas con un rango posible, pero la decisión final la toma esa oficina en función de los datos y las características de la cuenca. Esto ya ha sido avalado judicialmente.

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P. ¿No tiene la sensación de estar atrapado en un eterno Día de la Marmota?

R. Pues, hombre, esa sensación uno podía tenerla en una época en la que el debate no salía de ese bucle, del debate por el debate, y no se tomaban decisiones. Pero lo cierto es que ese Día de la Marmota concluyó con la aprobación de la planificación hidrológica del año 2023. Lo que pasa es que el Gobierno regional de Murcia parece que no se ha enterado de que eso ya ha pasado. Lo que sí es verdad es que mantienen exactamente el mismo trazo discursivo de antes de 2023, como si nada hubiese cambiado, cuando en realidad la situación es muy diferente.

«El Día de la Marmota terminó en 2023, pero en Murcia aún no se han enterado”

P. Señor Morán, a propósito de las dos nuevas desaladoras cuya construcción se ha anunciado —una en Águilas y otra en Torrevieja—, el presidente del Sindicato Central de Regantes, Lucas Jiménez, ha dicho hace muy pocas horas: “No queremos más cuentos llenos sin dinero”. ¿Qué le responde?

R. Bueno, lo primero que me viene a la cabeza es que ese tipo de afirmaciones me recuerdan mucho a cosas que ya se decían allá por los años 2004 y 2005. En aquella época, la entonces ministra Cristina Narbona fue la primera que puso sobre la mesa un plan de inversiones en materia de desalación. Y entonces se decía exactamente lo mismo: que eran cuentos, que no iban a hacerse, que no había dinero detrás.

Pero lo que tenemos hoy en este país es un parque de desaladoras construido que está funcionando. Y no solo eso: ese parque ha permitido que algunos territorios hayan podido salvar, de forma razonablemente eficaz, situaciones de sequía muy difíciles en los últimos cuatro o cinco años. Otros territorios que no contaban con estas infraestructuras ahora están planteando al Ministerio -como ocurre en el caso de las cuencas internas de Cataluña o de Andalucía- su deseo de acceder también a estas inversiones.

Entonces, claro, cuando uno visita instalaciones como la desaladora de Águilas, o la de Torrevieja, o la de Carboneras, o la de Dalías, sinceramente, yo no sé si eso se puede calificar de cuentos chinos. Lo cierto es que son infraestructuras reales, que están construidas, que están operativas y que están produciendo agua. Y en este caso concreto, lo que estamos haciendo es poner en marcha nuevas instalaciones, mejorar las existentes, e incrementar su capacidad para aportar recursos a un territorio.

¿Y para qué? Pues para que ese territorio no tenga que seguir fiando su futuro al azar, a la incertidumbre que conlleva el cambio climático. Porque ya no es una posibilidad, es una realidad: la disponibilidad de agua está disminuyendo.

P. Pero a Lucas Jiménez todo esto le parece una cortina de humo.

R. Bueno, en fin… la realidad es que estamos ahora mismo ejecutando un plan de inversiones que ronda los 700 u 800 millones de euros, centrado exclusivamente en aumentar la capacidad de desalación del parque existente. Un ejemplo muy claro: la desaladora de Torrevieja ya ha duplicado su producción. Ya está funcionando al doble de lo que producía originalmente.

Y en el resto de las desaladoras estamos llevando a cabo inversiones similares para ampliar esa capacidad. Esa es la realidad. No hay otra. Y conociendo ese esfuerzo inversor que está haciendo el Gobierno, sinceramente…

P. ¿No le causa desazón escuchar ese tipo de críticas?

R. Uno tiene que abstraerse un poco del ruido. La responsabilidad de un gobierno pasa por tener una hoja de ruta clara, en la que la prioridad sean los ciudadanos. Se trata de trasladar certidumbre y seguridad a la gente, y de seguir ese camino, más allá del ruido de fondo que algunos se empeñan en generar.

Lo que sí me apena, en algunas ocasiones, es ver que hay personas que consideran que el ruido es más importante que la gente. Lo siento mucho, pero para el Ministerio las personas están siempre por delante de cualquier otra premisa.

Para el Ministerio las personas están siempre por delante de cualquier otra premisa

P. Pero, dígame la verdad, ¿a veces no le pide el cuerpo otra cosa?

R. Hombre, agotador sí que es, no voy a negarlo. Porque además uno tiene que estar explicando lo mismo una y otra y otra vez, cuando detrás hay un enorme esfuerzo colectivo. Me refiero a esfuerzos públicos, con presupuesto público, con el trabajo de muchos funcionarios, muchos trabajadores, muchos profesionales que están poniendo lo mejor de sí mismos para alcanzar unos objetivos.

Y luego uno se encuentra que, al otro lado, lo que hay son impedimentos constantes, trabas sistemáticas. Es verdad que muchas veces se dice que podríamos hacer mucho más en mucho menos tiempo, y es completamente cierto. Bastaría, simplemente, con que quienes se dedican a entorpecer dejasen de estorbar. Ya ni siquiera pido que se pongan a colaborar, que sería lo deseable. Solo que dejen de poner palos en las ruedas.

Y claro, eso a veces desanima. Desanima, sí. Pero también tengo claro que son sensaciones momentáneas. Nosotros seguimos en nuestra obligación de responder.

«Bastaría con que quienes se dedican a entorpecer dejasen de estorbar»

P. Señor Morán, ustedes llevan gobernando siete años. Y durante todo ese tiempo, desde el Gobierno regional de Murcia y desde el Sindicato Central de Regantes se repite a diario que su Gobierno va a cerrar el trasvase del Tajo. Pero la realidad es que en estos siete años no ha dejado de llegar agua del trasvase. ¿Qué opina?

R. Bueno, es que a veces -y lo digo con toda franqueza- uno no alcanza a entender cómo se puede sostener un discurso que es abiertamente falaz cuando la realidad se empeña, una y otra vez, en demostrar justo lo contrario.

Mire, en alguna ocasión hemos hecho una comparación que creo que es bastante ilustrativa. Si cogemos los datos de volúmenes trasvasados desde que se aprobó el famoso memorándum en 2013 hasta 2023, tenemos un periodo de diez años. Y esos diez años se dividen en dos mitades: cinco años bajo gobiernos del Partido Popular, con Mariano Rajoy, y cinco años bajo gobiernos del Partido Socialista, con Pedro Sánchez.

Pues bien, si comparamos los volúmenes trasvasados en ambos periodos, el resultado es el siguiente: el actual Gobierno, el del PSOE, ha trasvasado del orden de 200 hectómetros cúbicos más que en los cinco años anteriores. ¿Y a eso le llaman cerrar el trasvase?

Es, cuanto menos, una forma curiosa de “cerrarlo”. Porque la realidad es que ha llegado más agua, no menos.

P. ¿No hay también factores naturales que condicionan el trasvase?

R. Por supuesto. Y de hecho, yo siempre lo digo: la disponibilidad de agua no depende solo -ni principalmente- de decisiones políticas. La condiciona, sobre todo, la naturaleza. Le pongo un ejemplo muy claro: entre 2017 y 2018, el trasvase estuvo cerrado durante diez meses seguidos. Y yo jamás diría que eso se debió a una voluntad política del Gobierno de Mariano Rajoy para perjudicar a la Región de Murcia.

No me parecería razonable decir eso. Sencillamente, el trasvase estuvo cerrado porque no había agua suficiente. Porque no se daban las condiciones hidrológicas necesarias para poder trasvasar.

Entonces, ¿a qué viene este discurso permanente, este intento sistemático de construir una realidad paralela, una realidad que no es tal? Y lo peor es que, a pesar de que los datos lo desmienten, se insiste y se persiste en la mentira.

P. ¿Está diciendo que no se trata de agua, sino de votos?

R. Posiblemente. Posiblemente ese sea el fondo de la cuestión. Porque si uno hace cuentas, son ya treinta años de estar detrás de un eslogan y de una pancarta. Y eso ha dado, electoralmente, un resultado magnífico.

Entonces, claro, da igual lo que ocurra en la realidad. Da igual que los hechos digan lo contrario. Si la estrategia de repetir que el Gobierno cierra el trasvase da rendimiento político, pues adelante. La gente lo escucha, lo lee, y lo cree.

Y cuando uno sale a explicar que no solo no se ha cerrado, sino que ha llegado más agua que nunca, es como si hablase al vacío. Yo creo que eso es algo sobre lo que merece la pena reflexionar como sociedad.

P. En términos objetivos, ¿Murcia es una de las regiones que más inversión está recibiendo del Ministerio?

R. En términos provinciales, sin ninguna duda. Como la Región de Murcia es uniprovincial, la comparación es sencilla. No es lo mismo comparar con comunidades como Andalucía o Cataluña, que son mucho más extensas. Pero si hablamos de provincias, Murcia es, con diferencia, la que mayor inversión está recibiendo por parte del Ministerio.

Y, sin embargo, da la sensación de que no hay manera de traspasar esa barrera del relato. Nos cansamos de oír que estamos maltratando a la Región, que estamos cercando a Murcia, que el Gobierno central está contra ellos. Pero los datos dicen lo contrario.

Aun así, nosotros vamos a seguir invirtiendo en la Región de Murcia. Porque, al final, lo que nos importa de verdad son los murcianos.

Murcia es, con diferencia, la que mayor inversión está recibiendo por parte del Ministerio

P. Recientemente se reunió en su despacho con el secretario general del PSRM-PSOE, Francisco Lucas. ¿A qué se ha comprometido con él?

R. Francisco Lucas vino, fundamentalmente, a interesarse por los mecanismos de cooperación que tenemos establecidos con otras comunidades autónomas que han sufrido una importante reducción en la disponibilidad de agua. Me refiero, en concreto, a los casos de Cataluña y Andalucía, que han tenido serios problemas en sus cuencas internas durante el último episodio de sequía.

Ambas comunidades nos han planteado -cada una en su contexto- la necesidad de construir nuevas desaladoras. En Andalucía nos solicitaron una en Almería y otra en Málaga. En Cataluña, dos también: una en Tordera y otra en Foix. A las dos comunidades les hemos dicho que sí. En el caso de Andalucía, los anteproyectos están muy avanzados en su redacción. Y en Cataluña, el proyecto de la gran desaladora de Tordera ya está listo para que Aquamed firme el convenio y se licite de inmediato.

Entonces, lo que vino a plantearme Lucas fue algo muy sensato: intentar salir de este debate absurdo, repetitivo y estéril sobre si el trasvase se recorta, se cierra o no se cierra. Y me preguntó directamente si, viendo cómo está la situación, sería posible que la Región de Murcia también pudiera contar con una inversión de estas características.

P. ¿Y cuál fue su respuesta?

R. Le dije que sí. Le respondí que sí, por supuesto. Y no solo porque sea razonable, sino porque ya está recogido en la planificación de la cuenca del Segura. La posibilidad de disponer de dos nuevas desaladoras figura en el propio plan hidrológico.

Lucas me preguntó si en algún momento la Comunidad Autónoma me había planteado formalmente esa petición. Le dije que no. Hasta ahora, no. Pero también me preguntó si, a pesar de eso, era posible sacarlo adelante. Y le respondí que sí, que es perfectamente posible.

Porque, al final, se trata de una decisión de la demarcación hidrográfica del Segura, y en ese sentido lo tenemos claro: no podemos seguir dando vueltas permanentemente al mismo debate. Lo que tenemos que hacer es actuar. Tenemos que hacer cosas, tomar decisiones, y prepararnos para lo que viene.

Y lo que viene es una realidad ya presente: hay cada vez menos agua disponible, los períodos de sequía son más largos, y necesitamos tener capacidad de respuesta y, sobre todo, anticipación.

Así que sí, le dije que íbamos a ir adelante con esas dos desaladoras. Y son precisamente las que se acaban de anunciar: la de Águilas y la de Torrevieja.

P. Señor Morán, si yo le pregunto hoy, a día de hoy, de forma clara: ¿el Gobierno de Pedro Sánchez quiere cerrar el trasvase Tajo-Segura? ¿Ese es su plan secreto, a corto, medio o largo plazo?

R. Vamos a ver. No. No es así. No solo no es así, sino que, además, este no es el único trasvase que existe en España. Hay muchos más.

La mayoría son trasvases destinados exclusivamente al abastecimiento, pero hay infraestructuras de este tipo en distintas zonas del país, tanto en el sur como en el norte. Por ejemplo, acabamos de prorrogar ahora mismo un bitrasvase que permite llevar agua a la ciudad de Santander desde la demarcación del Ebro a la del Cantábrico. Bilbao, por ejemplo, se abastece también gracias a un trasvase.

El trasvase del Tajo, como otras infraestructuras, forman parte de un sistema estratégico para garantizar el suministro de agua. «Son críticas, esenciales, y no podemos renunciar a ellas»

Por tanto, estas infraestructuras forman parte de un sistema estratégico para garantizar el suministro de agua. Son críticas, esenciales, y no podemos renunciar a ellas. Este trasvase, como todos los demás, va a seguir ahí. Va a seguir formando parte del sistema nacional de garantía de suministro durante muchos años.

P. ¿Pero no se puede mantener el nivel de aportación de agua que se diseñó en su origen?

R. Eso ya es otra cuestión. Es distinto hablar de si el trasvase va a seguir existiendo —que sí—, o de si vamos a poder mantener los niveles de aportación de agua en los términos en que se plantearon originalmente. Y lo cierto es que, en el caso del trasvase Tajo-Segura, sabemos perfectamente que aquellas cifras con las que se justificó su construcción nunca llegaron a cumplirse.

Ni siquiera en su fase inicial. Con el paso del tiempo, la disponibilidad real de recursos ha ido disminuyendo. Es una evolución natural, asociada al cambio climático y a las variaciones en los regímenes hídricos. Por eso insisto: el trasvase seguirá existiendo, seguirá operativo. Pero también tenemos que ser conscientes de que no se puede depender exclusivamente de unas cifras que ya no se sostienen en la realidad.

Y repito: es una infraestructura crítica. Más de tres millones de personas dependen de ella para su abastecimiento. El Gobierno de España no puede -ni va a- prescindir de esa infraestructura.

P. ¿Qué le pareció la sesión en el Congreso del pasado martes, cuando el presidente murciano, Fernando López Miras, subió a la tribuna para defender una proposición de ley sobre el mantenimiento del trasvase y acabó pidiendo un pacto nacional por el agua?

R. Le soy sincero: no pude seguir la sesión en directo. Pero, lógicamente, después me informaron del contenido de su intervención. Y, sinceramente, me pareció más de lo mismo.

Es lo que comentábamos antes: el Día de la Marmota. El mismo discurso repetido una y otra vez. Y ya sabemos que repetir algo mil veces no lo convierte en verdad.

Este país decidió hace tiempo cómo quería gestionar el conjunto de sus recursos hídricos. Y lo hizo apostando por un modelo basado en la planificación hidrológica, no en pactos políticos estatales.

El Partido Popular insiste una y otra vez en la idea del gran pacto nacional por el agua. Pero esa propuesta no se sostiene. La gestión del agua en España se basa en un pacto mucho más sólido, profundo y democrático: el pacto social que representa el proceso de planificación hidrológica.

P. ¿Cómo funciona ese modelo? ¿Por qué lo defiende?

R. Porque funciona. Porque es un proceso transparente, participativo, y porque garantiza la estabilidad del sistema. Ahora mismo ya está en marcha el nuevo ciclo de planificación hidrológica 2027-2033, y en él participan miles de personas.

Miles. Hablamos de técnicos, colectivos sociales, asociaciones, organizaciones ecologistas, académicos, administraciones públicas… Es un proceso que dura en torno a cuatro años y que afecta a todas las demarcaciones hidrográficas del país. Y al final de ese recorrido lo que se alcanza es un gran acuerdo colectivo, un pacto social de verdad.

El último plan, que es en el que estamos ahora mismo (2023-2027), se aprobó con un nivel de consenso del 85 % en el Consejo Nacional del Agua. ¿Qué más legitimidad se puede pedir?

Por eso resulta tan absurdo y tan peligroso pretender deslegitimar ese proceso. Porque lo que se está haciendo es reducirlo todo a una especie de pacto político -que no es más que una tribuna partidista- lanzado por quienes dicen que el Gobierno toma decisiones ideológicas y no científicas.

Pero yo todavía no he visto ningún informe, ningún documento con base científica que sustente sus afirmaciones. Todo lo reducen a un discurso político. Y lo peor es que, mientras tanto, quieren cambiar un modelo de gestión que, sinceramente, creo que es uno de los mejores del mundo.

P. Bueno, y ya por último, ¿hay novedades sobre el proyecto de regeneración de la Bahía de Portmán? ¿Han recibido ya alegaciones?

R. Sí, estamos recibiendo ideas, propuestas, opiniones… en torno al proyecto. En su momento nos comprometimos con los colectivos vecinales -en la reunión que mantuvimos en Portmán- a que, sobre la propuesta que les trasladamos, nos hicieran llegar todas sus aportaciones, comentarios y sugerencias.

Y nos pidieron algo muy razonable: un plazo de tiempo suficientemente amplio para poder trabajar en ello, para debatirlo entre ellos y presentar una respuesta colectiva y madura. En el momento en que consideren que ya han finalizado ese proceso, que están en condiciones de cerrar todas sus aportaciones, nosotros las recibiremos. Por supuesto, las valoraremos y las hablaremos con ellos, como corresponde.

A partir de ahí, nuestra intención es clara: queremos encargar el proyecto de regeneración lo antes posible. Pero queremos hacerlo bien. Y eso implica contar con el consenso social del territorio.

P. Lo último que sabemos es que 21 entidades —entre ellas ANSE y Ecologistas en Acción— han firmado un documento cuestionando la viabilidad del nuevo proyecto. ¿Qué les diría?

R. A todos ellos, que además ya lo saben porque lo he dicho en público cada vez que he tenido oportunidad, les diría que nuestra intención no es en ningún caso repetir errores del pasado. No vamos a poner sobre la mesa un proyecto como los que ya han fracasado una y otra vez.

Ahí están los antecedentes: desde el intento de reaprovechar los sedimentos para actividades industriales hasta el último proyecto que acabó anulado por los tribunales. Tenemos muy claras dos premisas básicas.

La primera es que tiene que ser un proyecto ejecutable. Y quiero dejar algo muy claro: el problema aquí no es presupuestario. Estamos ejecutando proyectos de restauración ambiental de gran envergadura en distintos puntos del país y jamás el obstáculo ha sido el dinero.

Y la segunda premisa es que tiene que ser un proyecto ambientalmente compatible. Es decir, que no ponga en riesgo ni la salud ambiental ni la salud humana. Y, por supuesto, que sea técnicamente viable. Solo así tendrá sentido. Y solo así podrá salir adelante.

«Nos importan los murcianos»

Lejos del ruido político y las pancartas, Hugo Morán defiende una hoja de ruta basada en datos, sentencias y decisiones técnicas. Reivindica la planificación hidrológica como el verdadero “pacto social por el agua” y sostiene que, mientras algunos se enredan en el “Día de la Marmota”, el Ministerio sigue trabajando para garantizar agua e infraestructuras allá donde se necesitan. “Seguiremos invirtiendo en la Región de Murcia”, afirma, “porque lo que nos importa son los murcianos”.

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