El Partido Socialista de la Región de Murcia intenta mantener el equilibrio en una cuerda que cruje por todos lados. Por arriba, Madrid pisa fuerte con una reforma estructural del trasvase Tajo-Segura. Por abajo, los regantes braman. Y en medio, el PSRM-PSOE, ahora dirigido por Francisco Lucas, trata de sostener un relato que no termina de convencer a nadie: ni a sus votantes, ni a sus críticos, ni al propio campo, que ya hace tiempo que vota a la derecha y a la extrema derecha.
La portavoz socialista Isabel Gadea ha intentado poner paños calientes: “No se ha aprobado nada. Vamos a blindar cada gota de agua que necesita la Región de Murcia”. Pero ese discurso choca de frente con el anuncio del secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, que ha dejado claro que es momento de modificar las reglas del trasvase, y que el problema real no es el caudal ecológico, sino la creciente irregularidad hídrica provocada por el cambio climático. «Se trata de aportar certidumbre y estabilidad al sistema» dice.
El campo responde: “Quieren acabar con el regadío”
Del otro lado del tablero, el presidente del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS), Lucas Jiménez, no se anda con rodeos. “Las nuevas reglas quieren acabar con el regadío en el Levante”, ha denunciado con vehemencia. Jiménez no solo arremete contra el Gobierno central, sino también contra el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, al que tilda de “vocinglero”.
Sobre la desalación, que el Ejecutivo central presenta como alternativa estrella, el líder de los regantes la despacha con sarcasmo: “El truco de la estampita”. Una expresión que resume el sentir del campo: desconfianza, hartazgo y sensación de abandono.
El Gobierno de España anuncia una inversión de más de 700 millones de euros en la cuenca del Segura para reforzar la producción y distribución de agua desalada. Esta medida forma parte de un plan más amplio de 3.100 millones de euros destinado a modernizar la gestión hídrica en la región, con el objetivo de garantizar el suministro de agua frente a la escasez y el cambio climático, pero a los regantes no les basta.
El PSOE murciano, atrapado
Este es el escenario donde se mueve el PSRM-PSOE: debe defender a su Gobierno en Madrid -que promueve una transición hídrica forzosa- sin perder del todo el contacto con sectores que hace tiempo dejaron de votarles, pero a los que no pueden permitir que se radicalicen aún más. El problema es que los agricultores, regantes y empresas agroalimentarias de la Región no solo no votan PSOE, sino que identifican cualquier movimiento que suene a recorte hídrico como una traición.
El partido socialista regional intenta cuadrar el círculo: ser leal al Gobierno de Sánchez, sin parecer cómplice de una reducción del trasvase. De ahí los matices: “es solo una propuesta”, “no aceptaremos ni un hectómetro cúbico menos sin alternativa”, “se defenderán los intereses de la Región”. Pero en la práctica, lo que se está negociando -con caudales ecológicos ya blindados judicialmente- es un ajuste inevitable.
Una batalla perdida, pero mediática
El PSRM no aspira a ganar el voto del regadío, lo sabe. Lo que pretende es evitar que el PP y Vox capitalicen todo el discurso del “expolio” hídrico, y presentarse como un actor “moderado” que también defiende el agua, aunque no a gritos.
Pero en una región donde el agua no es solo un recurso, sino un símbolo político, esa postura tibia es difícil de sostener. Mientras el PP agita titulares con la amenaza al trasvase y Vox llama a movilizarse, los socialistas hablan de “certidumbre”, “transición hídrica” y “planes de inversión en desalación”.
Y entre tanto tecnicismo, el campo ya ha elegido a sus aliados. Y no están en la izquierda por mucha agua que ésta haya traído a la Región. ¿Qué sería de la cuenca del Segura sin las desaladoras de Narbona a la que casi apalean los regantes?
Hablar del agua en la Región de Murcia -y, en concreto, del trasvase Tajo-Segura- es como revivir el Día de la Marmota en bucle eterno, con los mismos actores, los mismos discursos y el mismo victimismo circular. Cada vez que se menciona una modificación técnica, una sentencia o una inversión en desalación, se activa el modo automático: traición, ataque, abandono. Pero nadie explica por qué se riegan con agua del trasvase tierras sin concesión de agua del acueducto. Nadie explica por qué dos informes internos del jefe del Servicio de Hidrología de la Comisaría de Aguas de la propia CHS denuncian manipulación de las existencias de agua del trasvase en la cuenca del Segura.
La batalla del agua no es solo hídrica; es emocional, política y casi litúrgica. Y en ese escenario, ningún dato técnico ni caudal ecológico tiene cabida si contradice el relato del agravio perpetuo. Mientras tanto, el clima cambia, los embalses se vacían, las desaladoras se amplían, pero el discurso sigue anclado en los 80.