El nuevo ciclo de planificación hidrológica 2028-2033 ha llegado cargado de advertencias, y la Memoria publicada por la Confederación Hidrográfica del Segura es una suerte de parte médico: la cuenca está enferma, y el pronóstico es reservado. Menos recursos naturales, más demanda, contaminación creciente y una presión insostenible sobre ríos y acuíferos dibujan un panorama crudo que ya no se puede esconder detrás de cifras amortiguadas.
Menos agua natural, más incertidumbre
Según la Memoria, los recursos en régimen natural han caído un 5% desde los años 80. Si antes se contaba con una media de 903 hm³ anuales, ahora apenas se alcanzan los 859 hm³. El año 2022/23 cerró con apenas 651 hm³, y no se trata de una excepción climática: es parte de una tendencia de fondo que se agravará con el cambio climático.
Las previsiones son claras: una reducción del 20% al 38% en la escorrentía natural para finales de siglo, dependiendo del escenario de emisiones. A menos lluvia y más evaporación, menos agua disponible para beber, regar y sostener los ecosistemas.
El crecimiento de la demanda no se detiene
En paralelo, la población de la cuenca del Segura seguirá creciendo: un 17% hasta 2033. Solo el abastecimiento urbano se disparará de los 203 hm³ actuales a 241 hm³ en diez años. Y eso sin contar los usos agrarios e industriales, que siguen acaparando la mayor parte del agua.
El modelo actual está basado en una alta demanda, no en la disponibilidad real. Y esa ecuación ha dejado de cuadrar.
Recursos alternativos: necesarios, pero insuficientes
La reutilización y la desalinización han ganado protagonismo. En 2022/23 se produjeron 457 hm³ entre ambas fuentes. Pero ni juntando todos los esfuerzos se llega a cubrir el déficit estructural de la cuenca, que lleva años extrayendo más de lo que entra.
No es que estos recursos no sirvan. Son imprescindibles. Pero no bastan si no se contiene el gasto, si no se cambia el modelo productivo, si no se prioriza el equilibrio.
Ramblas convertidas en desagües
El documento también traza una descripción precisa del territorio. La demarcación está marcada por la fragmentación de ríos, el encauzamiento de cauces y la proliferación de infraestructuras que han roto la conectividad ecológica. El Segura, desde Ojós hasta la desembocadura, es casi un canal. Y muchas de sus ramblas están convertidas en desagües.
El Mar Menor, símbolo de modelo insostenible
La Memoria dedica una atención especial al Mar Menor, no solo como una masa de agua costera natural, sino como símbolo de un modelo insostenible. Su superficie de 135,15 km² oculta una situación crítica: está recibiendo una carga de nutrientes (nitratos y fosfatos) muy por encima de su capacidad de asimilación, principalmente por el arrastre de aguas procedentes del Campo de Cartagena.
La rambla del Albujón actúa como arteria contaminante directa. En época de lluvias, pero también en condiciones normales por escorrentía agrícola, lleva aguas cargadas de fertilizantes, residuos orgánicos y metales pesados directamente a la laguna. Esto provoca fenómenos de eutrofización, pérdida de oxígeno, proliferación de algas y mortandad de fauna marina.
A esto se suman las alteraciones físicas del entorno: urbanización de la costa, modificación de humedales, dragados, infraestructuras viarias y pérdida de conectividad con otros ecosistemas. Todo ello convierte al Mar Menor en una de las masas de agua más amenazadas de Europa, tanto por su deterioro ambiental como por su exposición mediática y política.
La Memoria no duda en calificar su estado como extremadamente frágil. El Mar Menor no solo está enfermo. Está en cuidados intensivos.
Las presiones, una tras otra
El apartado de presiones e impactos es devastador. La contaminación difusa, mayoritariamente de origen agrario, se ceba con ríos y acuíferos. A esto se suman los vertidos urbanos, la sobreexplotación, las especies invasoras, la salinazación y los residuos históricos.
La actividad humana ha convertido muchos tramos en zonas críticas. Y las masas de agua subterráneas, que deberían ser la garantía en tiempos de sequía, están también en jaque.
La advertencia final: 2027 puede llegar sin soluciones
El plan europeo exige que todas las masas de agua alcancen el «buen estado» antes de 2027. La Memoria reconoce que muchas no lo lograrán. Se está tramitando la extensión de plazos y exenciones, pero esto no es una estrategia, sino un último recurso.
La cuenca del Segura está al límite. Cada vez más cerca del punto de no retorno. No por falta de conocimiento ni de tecnología, sino por falta de decisión política para afrontar el problema de fondo: “la demanda supera con creces la oferta razonable”.
La Memoria es un documento técnico, denso, pero demoledor. Y su mensaje es cristalino: la cuenca del Segura no puede seguir funcionando como hasta ahora. Hacen falta decisiones valientes. Políticas de contención, eficiencia, restauración y transición productiva. No hay margen para el autoengaño. El agua ya no es un recurso garantizado. Es un bien escaso, en retroceso, y cada gota cuenta.