Las empresas murcianas conocen la RSC, pero aún no la aplican con compromiso real

Muchas organizaciones siguen viendo la RSC como una cuestión de estética más que de ética empresarial. Las empresas murcianas citan los ODS de la Agenda 2030 pero no los integran

Las empresas de la Región de Murcia han escuchado hablar de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). El 82,7% afirma conocer el concepto, según el último informe de la Cátedra de RSC de la Universidad de Murcia. El problema es que la implantación práctica de políticas responsables sigue sin consolidarse en la mayoría del tejido empresarial. La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) es el compromiso voluntario que las empresas hacen para la mejora social, económica y ambiental.

El informe, basado en encuestas a 133 empresas murcianas, muestra avances respecto a años anteriores. Más del 60% de las empresas cuentan ya con algún sistema de mejora en RSC y el 63,9% dispone de memoria o guía específica. En 2019, estas cifras rondaban el 36%. La tendencia es positiva. Pero aún hay un 26% de empresas que ni tienen sistema ni tienen intención de implantarlo. Un cuarto del total sigue al margen de cualquier tipo de compromiso social o ambiental estructurado.

Lo más preocupante no es la falta de acción, sino la visión limitada de lo que significa la RSC. Para más de una de cada cuatro empresas (26,3%), su principal motivación es mejorar la imagen y reputación corporativa. Otras razones mencionadas son la mejora de la competitividad (22,6%) y la motivación del personal (20,3%). Solo un 18,8% la vincula con el cumplimiento de la legislación vigente. Y aún menos la entienden como una herramienta de transformación social o impacto ambiental positivo.

“Se ha avanzado en la forma, pero no tanto en el fondo”, resumen los autores del informe. Y es que muchas organizaciones siguen viendo la RSC como una cuestión de estética empresarial más que de ética empresarial.

A nivel interno, la gestión de la RSC también varía. En la mayoría de las empresas la lidera el departamento de Recursos Humanos (24,1%), seguido de la Dirección (22,6%). Esta variedad de enfoques puede ser una fortaleza si hay coordinación, pero también un indicio de que la RSC aún no está integrada como parte central de la estrategia de negocio.

Cuando se analiza la sensibilidad hacia los diferentes grupos de interés, los datos revelan una jerarquía clara: clientes en primer lugar (4,17 puntos sobre 5), seguidos de empleados (4,00) y, más abajo, el medioambiente, la comunidad y los proveedores. Un enfoque lógico desde la perspectiva comercial, pero limitado si hablamos de sostenibilidad y compromiso social real.

Aplicación testimonial de los ODS

El informe también dedica un apartado relevante al grado de integración de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en las empresas murcianas. La buena noticia es que el 82% de las empresas dice conocer los ODS. La mala, que su aplicación real sigue siendo testimonial en la mayoría de los casos.

Aunque se reconoce el valor estratégico de los ODS —como la igualdad de género, el trabajo decente, la acción por el clima o el consumo responsable— muchas empresas los mencionan como parte de su discurso corporativo, pero sin objetivos medibles ni acciones concretas. Lo que hay, en muchos casos, es greenwashing institucionalizado: sostenibilidad de escaparate, sin indicadores ni evaluación.

Apenas un pequeño porcentaje los vincula a su estrategia empresarial real, y muy pocas miden el impacto de sus actividades sobre ellos. Esto coincide con una tendencia también observada a nivel nacional: según el Pacto Mundial de la ONU, solo el 20% de las grandes empresas españolas mide el impacto real de sus acciones sobre los ODS.

En el caso murciano, los ODS más citados por las empresas son: salud y bienestar (ODS 3), igualdad de género (ODS 5), educación de calidad (ODS 4) y acción por el clima (ODS 13).

Son, curiosamente, también los más visibles en campañas institucionales o de marketing. Pero poco se dice de la pobreza (ODS 1), el consumo responsable (ODS 12) o la reducción de desigualdades (ODS 10), tal vez porque interpelan más directamente a cambios estructurales y menos “vendibles”.

En resumen: la presencia de los ODS en el tejido empresarial murciano es más simbólica que transformadora. Las empresas los conocen, los mencionan, algunos los celebran, pero muy pocas los asumen como ejes vertebradores de su modelo de negocio. El reto está, una vez más, en pasar de la intención a la acción. No basta con citar la Agenda 2030. Hay que comprometerse con ella.

En definitiva, la RSC en la Región de Murcia avanza, sí, pero con un paso desigual. El conocimiento existe, la voluntad mejora, pero el compromiso real aún no cala del todo. Para muchas empresas, la RSC sigue siendo más una etiqueta que una convicción.

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