Un bombero entra en un edificio en llamas. Lleva una botella de aire a la espalda, pero su jefe no puede controlar desde fuera cuánto ha consumido. La radio puede quedarse sin cobertura. Y, si algo sale mal, tampoco está garantizado que haya un equipo de apoyo preparado para entrar a rescatarlo.
Es la situación que describen seis de los diez sargentos jefes de parque del Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento de la Región de Murcia en un duro informe interno dirigido a la Gerencia al que ha tenido acceso RRNEWS. Es decir, no pueden garantizar la seguridad de la población.
El Consorcio de Extinción de Incendios y Salvamento es el organismo público encargado de atender incendios, accidentes, rescates e inundaciones en la mayor parte de la Región de Murcia. Sus bomberos intervienen durante las 24 horas del día, todos los días del año, mientras que los municipios de Murcia y Cartagena cuentan con cuerpos propios.
Más de la mitad de los responsables de los parques advierten de que el servicio sufre una grave falta de personal, vehículos y equipos. Hablan de una “deriva institucional y funcional”, denuncian la ausencia de una planificación coherente y aseguran que las carencias ponen en peligro tanto a los bomberos como a las personas a las que deben socorrer.
El documento no describe pequeños fallos ni pide mejoras secundarias. Retrata un servicio que, según sus propios mandos, afronta algunas emergencias sin los medios mínimos para trabajar con seguridad.
Bomberos sin un equipo que pueda rescatarlos
Los sargentos aseguran que la falta de personal impide abordar determinadas intervenciones con las garantías necesarias. Entre otras consecuencias, advierten de que no siempre pueden constituirse equipos de socorro preparados para auxiliar a los bomberos que están actuando si quedan atrapados, sufren un accidente o pierden la comunicación.
Es decir, quienes entran para rescatar a otros pueden hacerlo sin tener plenamente garantizado quién acudirá a buscarlos si la emergencia se vuelve contra ellos.
También denuncian que el parque móvil está gravemente deteriorado y que no conocen ningún plan para renovar, sustituir o redistribuir los vehículos. El problema no es solo la antigüedad de los camiones. Los firmantes aseguran que su estado compromete directamente la seguridad de los equipos.
Sin herramientas para abrirse paso hasta las víctimas
El informe sostiene que el Consorcio no dispone de equipos de oxicorte operativos porque los anteriores fueron retirados al caducar y no han sido repuestos.
Estos equipos permiten cortar grandes piezas metálicas o elementos de una estructura para alcanzar a personas atrapadas. Son especialmente importantes en accidentes, derrumbes o terremotos. Sin ellos, llegar hasta una víctima puede resultar más lento, más difícil o directamente imposible en determinadas circunstancias.
Tampoco habría cojines neumáticos en condiciones para levantar vehículos, bloques de hormigón u otras grandes cargas. Los que existían habrían superado su vida útil sin que se haya previsto su sustitución.
El listado continúa: faltan equipos modernos para localizar a personas bajo estructuras colapsadas, drones con cámara térmica, sistemas de iluminación, material actualizado de descarcelación, bombas de agua de gran capacidad y medios básicos para rescates subacuáticos.
No se trata de tecnología sofisticada para casos excepcionales. Son herramientas que pueden marcar la diferencia entre llegar a tiempo o llegar tarde.
Una inundación con medios insuficientes
La alerta es especialmente seria en una región expuesta a lluvias torrenciales y episodios de inundación.
Los jefes de parque aseguran que no disponen de suficientes vehículos adecuados, embarcaciones ligeras, equipos estancos ni sistemas de achique adaptados a las emergencias. Llegan a afirmar que las funciones atribuidas al Consorcio dentro del plan regional contra inundaciones son, en la práctica, “inasumibles” con los medios actuales.
Eso significa que, ante una gran riada, los bomberos podrían tener que rescatar a personas atrapadas en viviendas, vehículos o zonas inundadas sin contar con todo el material necesario.
El informe advierte de que esta falta de medios no solo pone en riesgo a los ciudadanos. También expone a los propios equipos que tienen que entrar en el agua, trabajar con fuertes corrientes o acceder a lugares aislados.
Sin saber dónde está cada bombero ni cuánto aire le queda
Otra de las denuncias más graves afecta al control de los equipos durante las intervenciones.
Los sargentos aseguran que no disponen de sistemas técnicos suficientes para saber en tiempo real dónde se encuentra cada bombero, cuánto tiempo lleva dentro de una zona peligrosa o cuánto aire le queda en su equipo de respiración.
En un incendio, unos minutos pueden ser decisivos. Perder la referencia de un bombero dentro de un edificio lleno de humo puede convertir una emergencia en una tragedia.
A ello se añaden los fallos en las comunicaciones. El documento habla de zonas sin cobertura en cascos antiguos, plantas subterráneas, edificios y algunos núcleos de población. Un bombero puede quedarse aislado justo cuando más necesita pedir ayuda.
Los mandos advierten de que esa falta de comunicación puede impedir que reciba instrucciones, solicite refuerzos o avise de que está en peligro. Incluso puede dificultar su localización si tiene que ser rescatado.
Según el informe, estas deficiencias quedaron en evidencia durante la dana de Valencia, cuando el Consorcio murciano habría sido el único organismo desplazado que no contaba con comunicaciones adecuadas.
Menos capacidad para rescatar en altura
El Consorcio también habría perdido capacidad para intervenir en edificios elevados.
Los sargentos denuncian la falta de vehículos de altura como consecuencia de su envejecimiento y retirada, sin que exista un programa de reposición. Aseguran que ya se han producido graves deficiencias en actuaciones anteriores.
Cuando arde una vivienda en una planta alta o una persona queda atrapada en una azotea, no disponer de un vehículo adecuado puede retrasar el rescate y limitar las opciones de los equipos.
El informe es tajante: esta carencia supone un grave riesgo para la población.
Sin medios adecuados ante sustancias peligrosas
La Región de Murcia cuenta con numerosas industrias sometidas a la normativa sobre accidentes graves y soporta un importante tránsito de mercancías peligrosas por carretera.
Pese a ello, el documento afirma que el Consorcio no dispone de una estación de descontaminación operativa ni de equipos de protección química en condiciones.
Ante un escape tóxico, un incendio industrial o un accidente con sustancias peligrosas, los bomberos necesitan trajes especiales, zonas de descontaminación y procedimientos muy precisos. Sin esos medios, no solo aumenta el peligro para quienes intervienen. También puede resultar más difícil contener el accidente y proteger a la población cercana.
Trajes contaminados y exposición al cáncer
El informe dedica un apartado a un riesgo menos visible, pero especialmente grave: la contaminación de los equipos después de un incendio.
Los sargentos aseguran que no existen procedimientos adecuados para limpiar y descontaminar con rapidez los trajes, las máscaras y los equipos de respiración utilizados por los bomberos.
Después de apagar un fuego, el peligro no desaparece por completo. El humo y los productos de la combustión dejan sustancias tóxicas adheridas a la ropa y al material. Si no se limpian correctamente, los profesionales pueden seguir expuestos durante horas.
Los firmantes recuerdan que la profesión de bombero está reconocida internacionalmente como cancerígena y reclaman medidas que reduzcan esa exposición. No piden una comodidad laboral. Piden evitar que el uniforme con el que salvan vidas termine enfermándolos.
Años sin formación suficiente
Los mandos aseguran, además, que llevan años sin recibir formación específica suficiente para afrontar las nuevas emergencias.
Citan la gestión de grandes operativos, los terremotos, las estructuras colapsadas, los vehículos eléctricos y las instalaciones de energías renovables.
Las emergencias han cambiado. Hoy un accidente puede implicar baterías de alta tensión, placas solares, nuevos combustibles o materiales que requieren procedimientos distintos. Sin formación actualizada, el riesgo de equivocarse aumenta.
El informe sostiene que la preparación de los responsables no ha evolucionado al mismo ritmo que los peligros a los que deben enfrentarse.
La UME no puede ser el parque de bomberos de la Región
Los firmantes también cuestionan la dependencia habitual de la Unidad Militar de Emergencias y de una entidad público-privada vinculada al mantenimiento de espacios naturales.
Reconocen que estos apoyos son necesarios en grandes catástrofes. Pero advierten de que no pueden sustituir a los medios propios que debería tener el Consorcio.
La UME está concebida como un refuerzo para situaciones extremas, no como una solución permanente a la falta de inversión en los servicios regionales. Además, su disponibilidad no está garantizada si una emergencia afecta al mismo tiempo a varios territorios.
Los sargentos consideran que esta dependencia demuestra que el problema no es puntual. Es estructural, viene de lejos y ha terminado limitando la capacidad del Consorcio para cumplir por sí mismo las funciones que tiene encomendadas.
También señalan que no se han realizado simulacros de coordinación con esos organismos. Cuando varias unidades trabajan juntas en una catástrofe, no basta con que todas estén presentes. Deben conocer de antemano quién manda, cómo se comunican y qué tarea corresponde a cada una.
“Lo hemos advertido y no hay respuesta”
El informe asegura que todas estas deficiencias han sido comunicadas en repetidas ocasiones, tanto verbalmente como en reuniones de trabajo.
Sin embargo, los firmantes afirman que no han recibido una respuesta formal ni conocen ninguna actuación administrativa que permita pensar que la situación se está corrigiendo.
Este punto cambia la dimensión del problema. Ya no se trata solo de que falten medios. Se trata de que los responsables del servicio aseguran haber avisado y no haber obtenido respuesta.
Por eso, el documento dedica varias páginas a advertir de las posibles responsabilidades administrativas, patrimoniales e incluso penales que podrían surgir si un bombero resultara gravemente herido o muriera por una carencia previamente comunicada.
Los sargentos de los bomberos dejan así constancia de que la Gerencia conoce los riesgos y de que, si ocurre una desgracia, nadie podrá decir que no estaba advertido.
Exigen medidas urgentes en 48 horas
Los firmantes reclaman que en un plazo máximo de diez días hábiles se presente un plan concreto para adquirir y reponer los medios que faltan. Quieren saber qué se va a comprar, con qué presupuesto, quién será responsable y en qué fecha estará disponible.
Pero consideran que no se puede esperar tanto para garantizar la seguridad más básica. Por eso exigen medidas cautelares en un plazo de 48 horas.
También reclaman formación urgente, mejores comunicaciones y sistemas que permitan controlar la ubicación y el tiempo de trabajo de los bomberos durante las intervenciones.
El escrito concluye con una advertencia expresa: los sargentos se reservan el derecho a emprender acciones legales si sufren represalias por haber denunciado estas carencias, ya sea mediante sanciones, cambios en sus condiciones de trabajo o perjuicios en su carrera profesional.
Una advertencia imposible de ignorar
Este informe no lo firma una sola persona descontenta. Lo respaldan seis de los diez sargentos jefes de parque de la Región. Son quienes conocen los vehículos, organizan los turnos, mandan en las intervenciones y responden por la seguridad de los bomberos.
Su mensaje es sencillo y brutal: faltan personas, faltan vehículos, faltan equipos y faltan respuestas.
La Administración regional debe dar explicaciones porque detrás de cada equipo caducado, de cada radio sin cobertura y de cada vehículo que no llega hay algo más que una mala gestión. Hay un bombero que entra en una emergencia con menos protección de la necesaria. Y hay una víctima que puede tener que esperar más de lo que su vida permite.