La presencia de polvo procedente de los desiertos africanos ha aumentado entre un 10% y un 25% en Europa durante la última década. Este incremento amenaza con neutralizar parte de los avances conseguidos en la calidad del aire gracias a la reducción de las emisiones del transporte, la industria y los hogares.
Así lo concluye un estudio publicado en la revista científica Nature, liderado por el Paul Scherrer Institute de Suiza y realizado con la participación del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua, el IDAEA-CSIC.
La investigación ha combinado los datos recogidos durante diez años en más de un centenar de estaciones europeas. Los resultados muestran que las partículas contaminantes de origen humano están disminuyendo debido a las normativas ambientales, mientras que el polvo mineral procedente del desierto sigue la tendencia contraria.
La concentración media de polvo se sitúa en 5,3 microgramos por metro cúbico en el sur de Europa, más del doble que en las regiones centrales y septentrionales del continente durante determinados episodios.
Un tercio del año bajo la influencia del polvo africano
España es uno de los territorios europeos más expuestos a este fenómeno. Según Xavier Querol, investigador del IDAEA-CSIC y uno de los autores del estudio, el país registra episodios de polvo africano durante aproximadamente un tercio de los días del año.
En una proporción importante de esas jornadas pueden superarse los valores diarios establecidos para proteger la salud frente a las partículas en suspensión.
La frecuencia es especialmente elevada en Canarias, donde el polvo africano está presente durante cerca del 40% de los días del año. En el sur de la península ibérica afecta aproximadamente al 35% de las jornadas, mientras que en el noreste se registra entre un 25% y un 30% de los días.
Los vientos alisios suelen transportar el polvo del Sáhara hacia el Caribe, pasando por Canarias. Sin embargo, determinadas situaciones meteorológicas pueden desviarlo directamente hacia la Península.
Entre ellas se encuentran la formación de un anticiclón sobre el norte de África o la presencia de una borrasca en las proximidades del cabo de San Vicente, en Portugal. Estas configuraciones atmosféricas favorecen la llegada de grandes masas de aire cargadas de partículas minerales.
Concentraciones extremas de partículas
Los investigadores advierten de que algunos episodios pueden alcanzar una intensidad excepcional.
La normativa europea establece un límite diario de 50 microgramos por metro cúbico para las partículas inferiores a diez micrómetros, conocidas como PM10. Sin embargo, durante episodios severos se han llegado a registrar concentraciones de hasta 3.000 microgramos por metro cúbico en Almería y superiores a 1.000 en el centro de la península ibérica.
En el caso de Almería, la concentración registrada multiplicó por 60 el valor diario de referencia.
El polvo sahariano puede reducir la visibilidad, cubrir calles, vehículos y edificios y deteriorar notablemente la calidad del aire. Además, las partículas más pequeñas pueden penetrar en las vías respiratorias y agravar problemas pulmonares y cardiovasculares.
En 2024, la aportación media anual del polvo africano a las partículas PM10 fue de 6,4 microgramos por metro cúbico en el sureste peninsular, la cifra más alta de la Península.
El calentamiento global favorece la expansión del polvo
El estudio atribuye el incremento del polvo africano principalmente a los cambios en la circulación atmosférica, que favorecen la llegada de masas de aire procedentes del norte de África.
A ello se suma la mayor sequedad registrada en determinadas regiones africanas, que facilita que el viento levante y transporte una mayor cantidad de partículas.
El investigador principal del estudio, Kaspar Dällenbach, señala que el aumento del polvo desértico está relacionado con las emisiones humanas de gases de efecto invernadero y con el calentamiento global. El incremento de las temperaturas favorece condiciones más secas en determinadas zonas y contribuye a la expansión de las áreas desérticas.
Aunque el polvo mineral tiene un origen natural, los científicos subrayan que su aumento no puede desligarse del cambio climático provocado por la actividad humana.
El polvo puede transportar contaminación industrial
Las partículas de polvo no siempre llegan solas. Durante su recorrido pueden incorporar contaminantes procedentes de instalaciones industriales del norte de África, donde los límites de emisión son, en algunos casos, menos exigentes que en la Unión Europea.
Esto significa que las masas de aire pueden transportar no solo partículas minerales, sino también sustancias contaminantes generadas por la actividad industrial.
La mayor frecuencia de estos episodios preocupa a los investigadores porque podría frenar parte de los resultados alcanzados mediante las políticas europeas de reducción de emisiones.
Europa ha logrado disminuir las partículas generadas por los vehículos, las calefacciones, las industrias y otras actividades humanas. Sin embargo, el aumento del polvo sahariano puede mantener elevadas las concentraciones totales de partículas presentes en el aire.
Mayor riesgo para la salud
Un estudio publicado en 2008 por el IDAEA-CSIC y el Instituto de Salud Global de Barcelona ya detectó un aumento de la mortalidad durante los días afectados por episodios de polvo africano.
Las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, los mayores, los niños y quienes padecen alergias son especialmente vulnerables.
Los investigadores consideran necesario implantar sistemas de alerta en toda Europa similares a los utilizados durante los episodios de contaminación urbana. Estos avisos permitirían anticipar la llegada de la calima y recomendar medidas de protección a la población.
Entre las precauciones habituales se encuentran evitar el ejercicio físico intenso al aire libre, cerrar puertas y ventanas durante las horas de mayor concentración y seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias.
España cuenta con alertas desde 2001
España dispone desde 2001 de un sistema de alerta temprana gestionado por el IDAEA-CSIC y el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, el CIEMAT, mediante un convenio con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
El sistema realiza predicciones con 24 horas de antelación y las distribuye a más de 250 organismos y entidades, entre ellos redes de vigilancia de la calidad del aire, hospitales y sociedades de alergología.
Los autores del estudio plantean utilizar estas alertas no solo para informar a la población, sino también para adoptar medidas temporales destinadas a reducir las emisiones locales.
Durante los días de elevada concentración de polvo africano, las administraciones podrían limitar otras fuentes de contaminación para reducir la cantidad total de partículas en el aire y disminuir sus posibles efectos sobre la salud.