PACMA llama ‘salvaje’ a López Miras por usar caballos como espectáculo: ‘No ha entendido nada’”

"Tira tú de la puta cuadriga" ha escrito Pacma en la red social X en alusión a López Miras

Por tercera vez, el presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras, ha vuelto a subirse a una cuadriga de caballos en la procesión de Viernes Santo de Lorca, encarnando al emperador Teodosio en el tradicional desfile bíblico-pasional. Una imagen que, lejos de quedar enmarcada únicamente en el contexto cultural o religioso, ha reabierto un debate que trasciende lo simbólico: el uso de animales en espectáculos y el papel de los representantes públicos en su normalización.

https://twitter.com/LopezMirasF/status/2040197804040052851

La escena, repetida ya en varias ocasiones, ha provocado una nueva reacción del Partido Animalista (PACMA), cuyo presidente, Javier Luna, ha endurecido el tono. En un mensaje publicado en redes sociales, el dirigente animalista acusa directamente al presidente murciano de frivolizar con el uso de animales y de ignorar deliberadamente las críticas que ya recibió el año anterior.

PACMA recuerda que ya en 2024 advirtió a López Miras de que “utilizar animales para divertirse quizá era un planazo en el siglo II d.C., pero en 2025 ya estaba algo desfasado”. Lejos de reconsiderar su participación, el presidente no solo ha repetido la escena, sino que, según denuncian, ha respondido con desdén a quienes cuestionan estas prácticas. “No entendió, se lo tomó a lo personal, se enfadó y nos llamó faltones”, señalan.

El mensaje de este año eleva aún más el reproche: “Fernando, ¿tiene usted necesidad de atención o simplemente es incapaz de entender algo tan básico como que el maltrato animal está mal y usted está para dar ejemplo?”.

«Tira tú de la puta cuadriga»

“Presidente de Murcia: ni Ben-Hur ni Teodosio del siglo IV: solo un político disfrazado normalizando el maltrato animal en pleno siglo XXI. López Miras es un mal ejemplo para nuestra sociedad”, ha publicado la formación animalista en la red social X.

El tuit incide en la idea de que la participación del jefe del Ejecutivo autonómico no puede ampararse únicamente en la tradición o en la recreación histórica, sino que, a juicio del partido, supone una validación pública de prácticas que consideran incompatibles con los estándares actuales de bienestar animal. Una crítica que, lejos de rebajarse, se endurece a medida que se repite la escena y que sitúa de nuevo a López Miras en el centro de la controversia.

Más allá del tono -duro, directo, sin concesiones-, la polémica pone sobre la mesa una cuestión de fondo: hasta qué punto las tradiciones deben revisarse a la luz de los estándares actuales de bienestar animal. Y, sobre todo, qué responsabilidad tienen los cargos públicos cuando participan activamente en ellas.

La Semana Santa de Lorca, declarada de Interés Turístico Internacional, es uno de los grandes escaparates culturales de la Región. Sus desfiles bíblico-pasionales, caracterizados por la espectacularidad y la riqueza histórica, incluyen desde hace décadas la participación de caballos en diferentes escenificaciones. Para muchos, se trata de una tradición profundamente arraigada; para otros, de una práctica que debería evolucionar.

El hecho de que sea el propio presidente autonómico quien protagonice una de las imágenes más icónicas del desfile añade una dimensión política que resulta difícil obviar. No se trata solo de una representación histórica, sino de un gesto que proyecta un determinado modelo de relación con los animales y de interpretación de las tradiciones. Los caballos sufren en ese tipo de espectáculos.

En una región que arrastra indicadores estructurales preocupantes -desde tasas elevadas de pobreza y exclusión social hasta déficits en financiación y servicios públicos-, la imagen de su máximo responsable político encarnando a un emperador romano sobre una cuadriga abre también otra lectura: la de una política que, en ocasiones, parece más centrada en la puesta en escena que en la gestión de los problemas de fondo.

El enfoque de la 7

La retransmisión de la procesión de Viernes Santo en Lorca por la televisión autonómica La 7 situó al presidente Fernando López Miras en el centro absoluto del foco mediático. Durante su paso en cuadriga, permaneció en pantalla cerca de 18 minutos, un tiempo muy superior al dedicado a otras imágenes destacadas del desfile, como las Vírgenes de los Dolores y de la Amargura. Así lo destaca Montiel en La Opinión.

La narración televisiva contribuyó a reforzar ese protagonismo. El locutor no solo describió su participación con detalle, sino que recurrió a comentarios valorativos y juegos de palabras para normalizar y ensalzar su presencia, destacando su vínculo con la cofradía y comparando simbólicamente su manejo de los caballos con su gestión al frente del Gobierno regional. También se subrayó su supuesta seguridad y valentía.

Las cámaras, por su parte, multiplicaron los encuadres -primeros planos, planos generales y tomas desde distintos ángulos- para mantener la atención en pantalla sobre el presidente, que permaneció detenido durante varios minutos frente a la unidad móvil de la televisión autonómica y del pacto presidencial. Esa pausa, inicialmente justificada como parte del desarrollo habitual del desfile, se prolongó más de lo previsto debido a una incidencia técnica en el carro que le precedía, lo que acabó favoreciendo aún más su exposición televisiva.

El resultado fue una retransmisión en la que la figura del presidente eclipsó otros elementos del cortejo, en una escena que combinó tradición, espectáculo y una evidente carga política.

“Pan y circo” para el pueblo, denuncian desde sectores críticos, en alusión a una estrategia de distracción que no es nueva en la historia, pero que adquiere nuevas formas en el contexto actual. La comparación, aunque retórica, conecta con una percepción creciente de desconexión entre la agenda política y las preocupaciones reales de la ciudadanía.

El debate, en cualquier caso, está lejos de cerrarse. Entre quienes defienden la tradición como parte del patrimonio cultural y quienes exigen una revisión ética de determinadas prácticas, la figura de López Miras se sitúa en el centro de una controversia que ya no es solo simbólica.

Porque cuando un presidente se sube a una cuadriga, no solo interpreta un papel. También envía un mensaje. Y ese mensaje, hoy, está siendo cuestionado.

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