Las macrogranjas incrementan las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), zoonosis y pandemias, sobreexplotación del agua, contaminan el suelo, generan bacterias superresistentes por los antibióticos…
En la UE hay 24.087 granjas intensivas, de ellas 3.963 son españolas (16 % del total), liderando el ranking europeo. En el caso del porcino, España concentra un 30 % de las macrogranjas de Europa, duplicando a Dinamarca (segundo país en la lista), y se concentran en Cataluña y Aragón, que lideran el ranking en número de granjas, con la mitad de los 33 millones de cerdos que viven en España. Castilla y León, son los 3º del ranking de porcino blanco.
La Región de de Murcia tiene 160 macrogranjas, en 20 de los 45 municipios que forman la Comunidad (el 44,44 % de los municipios cuenta con al menos una macrogranja, figurando la 3ª entre las provincias de España. De las 160 macrogranjas, 154 son del sector porcino. Lorca es la 2ª, en el ranking, con 50 macrogranjas, tan solo superada por Tauste (Zaragoza) con 52. Fuente Álamo, con 30 macrogranjas ocupa la 4ª posición con mayor concentración de toda España. Y Alhama de Murcia, ocupa la 33ª, con 14 macrogranjas.
Fernando Valladares (científico del CSIC), resume un decálogo de problemas que originan las macrogranjas:
Cambio climático: Según el MITECO, las emisiones de GEI del sector Agropecuario (agricultura y ganadería) en 2024, suponen un 12,4 % de las emisiones totales del Inventario Nacional. La ganadería intensiva tiene un impacto climático grande y de largo plazo, mientras que la extensiva puede ser atenuado con una gestión adecuada. La extensiva emite más metano, pero la intensiva, más CO2, que permanece más tiempo en la atmósfera que el metano.
Sobrexplotación del agua: La producción industrial de carne requiere mucha agua. Así, una vaca lechera necesita más de 100 litros de agua/día, aunque la gran mayoría del agua que consumen es agua de lluvia, sobre todo en la extensiva.
Contaminación de suelos y subsuelos: La contaminación del agua por nitratos está producida por el uso masivo de abonos nitrogenados en la agricultura intensiva, así como por las macrogranjas de ganadería intensiva, contaminando las fuentes de los pueblos cercanos a las macrogranjas o donde se emplean los “purines” (desechos de excrementos y orines) como fertilizantes. También originan eutrofización de ríos y acuíferos por exceso de nitratos. Según el Ministerio de Sanidad, en 2023, la grave contaminación por nitratos que producen en el agua potable la actividad agraria y ganadera intensiva (macrogranjas), ha afectado a 257 municipios, dejando sin agua apta para el consumo a unas 220.000 personas. Las CC.AA. más afectadas fueron Castilla-La Mancha, Castilla León, Comunidad Valenciana, Cataluña y Andalucía.
Alto riesgo de zoonosis y pandemias: Su hacinamiento facilita la mutación y propagación de virus y bacterias, aumentando el riesgo zoonosis y pandemias. Los animales criados de forma extensiva presentan menos riesgos epidemiológicos.
Reducción de la eficacia de los antibióticos y resistencia bacteriana: Usan grandes cantidades de antibióticos, para prevenir infecciones en lugar de curarlas, que acaban en el agua, suelos y plantas del entorno de la macrogranja, generando bacterias superresistentes y aumentando los riesgos de infecciones. Los antibióticos se absorben mal en el intestino animal, y hasta un 90 % de ellos se excreta sin cambios, llegando al entorno a través de los estiércoles y purines que se emplean como fertilizantes en la agricultura. En 2022, el abuso de antibióticos en la ganadería provocó el 20 % de las infecciones resistentes en humanos.
Maltrato animal: Los animales viven en condiciones adversas y estresantes, sin llegar a desarrollarse bien.
Desempleo y despoblación: Destruyen empleos tradicionales locales, por la automatización, y promueven despoblación.
Pobreza y desigualdad: La riqueza que generan no se queda en la zona, el territorio contaminado pierde valor, la población empobrece y aumenta la desigualdad social.
Pérdida de Biodiversidad: La gestión intensiva y la necesidad de cultivar forraje para los animales degradan los ecosistemas, reduciendo la variedad de especies locales.
Inseguridad Alimentaria: Se produce carne de baja calidad nutritiva (alto contenido en grasas saturadas), poco adecuada para nuestra salud y la del planeta.
Según The Lancet, cada año mueren 1,2 millones de personas por infecciones comunes que no responden a antibióticos. Además, 5 millones de pacientes ingresados adquieren una infección hospitalaria que causa su muerte. Esto se debe al mal uso de los antibióticos en los últimos 50 años, por automedicación, y tratamiento preventivo en las granjas de producción intensiva, donde el hacinamiento hace que las bacterias se propaguen con rapidez. España ha sido durante años el país de la UE donde más antibióticos se utilizaban en la cría de ganado.
Por si fuera poco, las farmacéuticas no investigan en nuevos antibióticos, por la baja rentabilidad y la perspectiva de que la aparición de resistencias les impida recuperar la inversión. El resultado es que estamos perdiendo la principal herramienta de lucha contra las infecciones. Terminaremos con estos alarmantes datos sobre el abuso de antibióticos en personas y animales:
Las bacterias superresistentes matan a unas 700.000 personas cada año, en el mundo.
Las bacterias multirresistentes matan 20 veces más que los accidentes de tráfico en España.
18 pacientes mueren cada día en España por infecciones adquiridas en los hospitales.
En España murieron en 2023 más de 23.000 personas por bacterias resistentes.