El Ministerio Fiscal ha presentado su escrito de acusación por el incendio de las discotecas Teatre y Fonda Milagros, una tragedia que dejó 13 muertos en Murcia, y dirige el procedimiento contra seis personas vinculadas a la gestión, explotación y organización del evento celebrado aquella noche.
En concreto, el fiscal acusa a: Marco Andrés Martínez Alcázar, Eva María Martínez Alcázar, Juan Inglés Rojo, Carlos José Fuentes Benítez, Daniel Ramírez Ramírez y Alfonso Guirao Marín.
Además, señala como responsables civiles directos a las aseguradoras Caser, Allianz y AXA, y como responsable civil subsidiaria a la mercantil Teatre Murcia S.L. .
Pero más allá de la imputación penal, la lectura del documento revela un contexto mucho más amplio: una actividad prolongada en el tiempo al margen de la legalidad administrativa, con reiteradas irregularidades y bajo la supervisión del Ayuntamiento de Murcia. Sin embargo, no hay ningún responable político encausado.
“Careciendo de la preceptiva autorización administrativa”
El escrito de acusación es rotundo sobre la situación legal de los locales en el momento del incendio: “en la fecha en la que tuvo lugar el incendio […] se ejercía la actividad de discoteca […] careciendo de la preceptiva autorización administrativa habilitante”
No se trata de una anomalía puntual. El fiscal describe cómo esta situación se prolongó durante años, pese a la existencia de actuaciones administrativas.
Según el documento, los responsables de los locales eran plenamente conscientes de esta situación: “eran plenamente conocedores de que la actividad […] generaba un riesgo […] al no contar con la verificación por parte de la autoridad competente del cumplimiento de las medidas de seguridad”
Modificaciones ilegales y locales fuera de control
El fiscal detalla que los establecimientos sufrieron modificaciones estructurales sin autorización, alterando su configuración original.
En particular, se produjo la separación de los locales y su funcionamiento independiente, sin cobertura legal ni adaptación a las condiciones de seguridad exigibles.
El resultado es demoledor desde el punto de vista técnico: “las instalaciones […] no se ajustaban a ninguno de los proyectos autorizados”.
Estas modificaciones afectaron a elementos clave en la propagación del incendio, como la compartimentación, los materiales y las vías de evacuación.
Expedientes, inspecciones y actividad continuada
Uno de los aspectos más llamativos del escrito es la sucesión de actuaciones administrativas que no lograron frenar la actividad. El fiscal recoge: expedientes urbanísticos, inspecciones técnicas, requerimientos de legalización y órdenes de cese
Incluso se documenta un decreto municipal que ordenaba el cese de la actividad, sin que ello impidiera su continuidad. “Los acusados continuaron ejerciendo la actividad […] pese a las sucesivas inspecciones y requerimientos realizados por parte de la Administración Local”.
Este dato es clave: la actividad ilegal no solo existía, sino que persistía en el tiempo pese a la intervención administrativa.
El origen del incendio: máquinas de fuego y negligencia
El fiscal sitúa el origen del incendio en el uso de máquinas de fuego frío durante un espectáculo.
Según el escrito, estas máquinas generaban chispas capaces de alcanzar materiales inflamables en el techo, lo que desencadenó el fuego. “Las chispas […] alcanzaron el techo […] desarrollándose de forma más acentuada y virulenta”
El documento subraya la falta de medidas de seguridad y la utilización de estos dispositivos en condiciones inadecuadas, lo que incrementó de forma decisiva el riesgo.
Una reconstrucción que deja una pregunta abierta
El relato del fiscal es detallado y contundente en lo que respecta a los responsables privados. Describe negligencias graves, decisiones imprudentes y una actividad desarrollada al margen de la normativa.
Sin embargo, la propia reconstrucción de los hechos introduce una cuestión incómoda: actividad sin licencia, modificaciones ilegales, expedientes abiertos y órdenes de cese incumplidas. Todo ello bajo la competencia de la administración municipal.
Y, sin embargo, el escrito de acusación no dirige responsabilidad penal alguna hacia responsables públicos.
La responsabilidad que no aparece
El documento no entra a valorar la actuación del Ayuntamiento de Murcia en términos penales, pero sí deja constancia de hechos que apuntan a un fallo en los mecanismos de control.
Porque la pregunta no es solo qué hicieron los responsables de las discotecas, sino qué ocurrió para que esa actividad pudiera mantenerse durante años en esas condiciones.
La acusación del fiscal dibuja con precisión la conducta de los acusados. Pero también, de forma indirecta, perfila los límites de una supervisión administrativa que, en este caso, no evitó la tragedia.
La acusación de las víctimas describe una “ratonera” mortal
Al escrito del Ministerio Fiscal se añade el de la acusación particular, encabezada por familiares de las víctimas, que dibuja un relato aún más duro: el de un local convertido en una trampa sin salida.
El documento, de más de 60 páginas, solicita la apertura de juicio oral contra siete acusados -uno más que en el caso del fiscal- y reconstruye con detalle las condiciones en las que murieron 13 personas la madrugada del 1 de octubre de 2023 en Murcia . Añade como acusado a Carlos Ruiz Rus (organizador del evento)
“Una ratonera de la que no había forma de salir”
El relato de los hechos es especialmente crudo. La acusación pone el foco en la configuración interior de la discoteca y en las condiciones de evacuación. En la planta superior de Fonda Milagros, donde se produjeron la mayoría de las muertes, la situación era, según el escrito: “una ratonera de la que no había forma de salir”.
Los asistentes quedaron atrapados en recorridos de evacuación demasiado largos, sin alternativas y sin posibilidad real de escape. “los que estaban más adentro […] no pudieron salir y se quedaron atrapados […] hasta que fueron abatidos por el humo y el fuego”.
El escrito enumera uno a uno a los 13 fallecidos y recuerda que todos murieron en el interior de Fonda Milagros por intoxicación por humo y quemaduras. Entre los detalles más sobrecogedores, la acusación recoge el último mensaje de una de las víctimas: “antes de fallecer […] envió un mensaje de despedida a sus padres”.
Fallos en cadena: sin plan de emergencia, sin coordinación
La acusación va más allá del origen del incendio y centra su estrategia en demostrar que la muerte de las víctimas no fue inevitable.
Según el escrito, hubo una cadena de fallos que resultaron determinantes: inexistencia de un plan de emergencia común, falta de simulacros obligatorios y ausencia de coordinación entre ambas salas.
Uno de los propios responsables lo reconoce en el documento: “con dos minutos que nos hubieran avisado, estas trece muertes no hubieran ocurrido”. Para la acusación, este punto es clave: no solo hubo un incendio, sino un sistema incapaz de responder a él.
A oscuras en cuatro segundos
Otro elemento decisivo fue el fallo eléctrico. Según el escrito, apenas cuatro segundos después de iniciarse el incendio, el local quedó completamente a oscuras sin que funcionara el sistema de emergencia. “No encenderse las luces de emergencia […] provocó que los asistentes no pudieran orientarse para buscar la salida” El resultado fue el caos: personas desorientadas, humo, fuego y sin referencias para escapar.
Un local fuera de la legalidad
La acusación también incide en las irregularidades estructurales y legales del establecimiento.
Denuncia, entre otros aspectos: deficiencias en el diseño de evacuación, inexistencia de sectores de incendio independientes, incumplimientos en el sistema eléctric y condiciones laborales inseguras incluso para trabajadores.
De hecho, una de las víctimas era empleada del local, lo que refuerza la gravedad de las condiciones en las que se desarrollaba la actividad .
El escrito de las víctimas no se limita a describir los hechos. Construye un relato orientado a demostrar que las muertes fueron evitables. No habla solo de imprudencia. Habla de un conjunto de decisiones, omisiones y fallos que, combinados, convirtieron un incendio en una tragedia irreversible.
Y lo hace con un lenguaje que trasciende lo jurídico. Porque, frente al análisis técnico del fiscal, esta acusación introduce una dimensión distinta: la de quienes perdieron a familiares en un espacio que, según sostienen, nunca debió estar abierto en esas condiciones.