La plataforma ciudadana Pacto por el Mar Menor ha reclamado que los terrenos conocidos como El Vivero, situados en La Manga del Mar Menor, no se urbanicen y sean sometidos a un estudio ambiental completo que permita evaluar la posible contaminación del suelo y restaurar ecológicamente la zona. El colectivo sostiene que el paraje, hoy degradado, se construyó en los años sesenta mediante el relleno de una antigua bahía con materiales procedentes de la actividad minera de la Sierra de Cartagena-La Unión.
Qué sucede
El debate sobre El Vivero ha resurgido después de que una resolución judicial fijara en más de 54 millones de euros la indemnización que el Ayuntamiento de Cartagena debería abonar a las empresas promotoras que pretendían desarrollar en la zona un proyecto urbanístico. Ese desarrollo, previsto desde principios de los años 2000, quedó finalmente paralizado tras los cambios normativos que reforzaron la protección del entorno del Mar Menor.
En este contexto, Pacto por el Mar Menor ha vuelto a poner el foco en el estado ambiental del terreno y en la necesidad de abordar su restauración en lugar de permitir su urbanización.
El colectivo sostiene que el caso de El Vivero es un ejemplo de los problemas derivados del modelo de desarrollo urbanístico que se impulsó durante décadas en el litoral del Mar Menor.
Dónde está El Vivero
El terreno se encuentra en la costa sureste del Mar Menor, en La Manga, en las proximidades de las salinas de Marchamalo. Antes de su transformación, el lugar era una pequeña bahía de aguas poco profundas que cumplía varias funciones naturales.
Según la documentación histórica citada por la plataforma, esta ensenada actuaba como zona de reproducción de peces, especialmente mújol y dorada, y servía además como área de calentamiento del agua de mar que alimentaba las salinas cercanas, un proceso que favorecía la posterior cristalización de la sal.
Cómo se transformó la zona
La situación cambió en los años sesenta, cuando el promotor Tomás Maestre, impulsor del desarrollo turístico de La Manga, promovió la desecación de la bahía con el objetivo de ganar terreno al mar y urbanizarlo.
El relleno de la antigua ensenada finalizó en 1969 y dio lugar a una superficie de más de 300.000 metros cuadrados de terreno artificial.
Según los colectivos ambientales, para completar ese aterramiento se utilizaron estériles de mina procedentes de la Sierra de Cartagena-La Unión, materiales que pueden contener metales pesados como plomo, zinc o cadmio y metaloides como arsénico.
Qué han observado los colectivos
Pacto por el Mar Menor señala que en la superficie del terreno se detectan eflorescencias minerales, depósitos de color blanco o amarillento que se forman cuando los sulfuros presentes en materiales mineros se oxidan al entrar en contacto con el aire y el agua.
Este proceso químico puede generar ácido sulfúrico y liberar sulfatos y otros elementos presentes en los residuos mineros.

Por ese motivo, la plataforma considera que es necesario determinar si el suelo presenta niveles de contaminación que puedan afectar al medio ambiente o a la salud humana.
Ante esta situación, el colectivo propone varias actuaciones. En primer lugar, reclama que se realice una caracterización completa del suelo, mediante análisis que permitan determinar la presencia y concentración de metales y metaloides.
Si esos estudios confirmaran niveles elevados de contaminación, la plataforma plantea que se lleve a cabo un análisis de riesgos que evalúe sus posibles efectos ambientales y sanitarios.
En función de los resultados, el colectivo defiende que se impulse un proceso de descontaminación del terreno, mediante técnicas que permitan inmovilizar o eliminar esos elementos.
Restaurar el espacio natural
Además de las actuaciones sobre el suelo, Pacto por el Mar Menor propone que El Vivero sea objeto de una restauración ecológica integral.
Actualmente el espacio forma parte del área protegida “Espacios Abiertos e Islas del Mar Menor”, integrada en la red europea Natura 2000. Sin embargo, según denuncian los colectivos, el paraje presenta un estado ambiental muy deteriorado.
Entre los problemas detectados figuran vertidos de escombros, acumulación de residuos, presencia masiva de autocaravanas y deterioro de la vegetación litoral.

Para la plataforma, la recuperación del lugar debería orientarse a restaurar el ecosistema litoral y devolver el espacio al uso público, en lugar de mantener la expectativa de un desarrollo urbanístico en un entorno considerado ambientalmente sensible.
Según el colectivo, la restauración de este enclave permitiría recuperar parte de un espacio natural desaparecido hace más de medio siglo y contribuir a mejorar el estado ecológico del Mar Menor.