La Formación Profesional está llamada a ser la columna vertebral del empleo en la Región de Murcia. Sin embargo, el último informe del Consejo Económico y Social (CES) sobre las necesidades y carencias en formación profesional dibuja un escenario muy distinto: un sistema formativo que no consigue absorber las demandas reales del tejido productivo ni corregir los desequilibrios estructurales del mercado laboral regional.
El estudio, basado en datos oficiales del SEPE, del INE y en una encuesta realizada a 1.004 empresas murcianas entre marzo y abril de 2025, no habla de un problema puntual ni coyuntural. Habla de un desajuste persistente, especialmente acusado en los niveles de cualificación intermedia, que son precisamente el ámbito natural de la Formación Profesional.
Mucho paro, pero empresas sin perfiles adecuados
La Región de Murcia presenta una tasa de paro superior a la media nacional, pero al mismo tiempo una parte significativa de las empresas declara dificultades para cubrir vacantes. El 28% reconoce problemas para encontrar trabajadores adecuados, una cifra que se eleva al 55% en la construcción y al 39% en la industria.
El informe identifica como principales causas la falta de candidatos, la insuficiente formación, la falta de experiencia y la inadecuación entre la formación recibida y los puestos ofertados. Este desequilibrio pone de manifiesto una baja eficiencia del mercado laboral, donde desempleo y vacantes conviven sin encontrarse.
El cuello de botella de la cualificación intermedia
Uno de los diagnósticos más claros del CES es la existencia de un déficit estructural en la cualificación intermedia. Mientras el empleo sigue creciendo en ocupaciones elementales y de baja cualificación, especialmente en el sector agrario, las empresas encuentran dificultades para incorporar técnicos formados en niveles medios y superiores de FP.
Solo el 29,2% del empleo regional corresponde a ocupaciones altamente cualificadas, frente al 35,6% del conjunto de España. En paralelo, la Región mantiene una menor proporción de trabajadores con estudios superiores y una elevada presencia de empleo poco cualificado. Este desequilibrio no solo limita la productividad, sino que reduce la capacidad de la FP para actuar como palanca de cambio del modelo productivo.
Infraeducación y sobreeducación: la FP no corrige el desajuste
El informe muestra que apenas el 52,4% de los asalariados murcianos trabaja en puestos acordes a su nivel educativo. El resto se reparte entre situaciones de infraeducación y sobreeducación.
La infraeducación afecta especialmente a trabajadores inmigrantes, personas de mayor edad y empleados de sectores como agricultura, industria y construcción. La sobreeducación, en cambio, es más frecuente entre jóvenes y trabajadores del sector servicios. Esta doble distorsión evidencia que la Formación Profesional no está funcionando como mecanismo de ajuste eficaz entre formación y empleo.
El informe del Consejo Económico y Social insiste de forma reiterada en la baja cualificación como uno de los rasgos estructurales del mercado laboral murciano, y lo hace con datos muy concretos que ayudan a entender por qué el desajuste educativo-laboral es tan persistente en la Región necesidades-fp-digital.
En primer lugar, el estudio constata que el crecimiento del empleo en la Región de Murcia se ha concentrado de forma desproporcionada en ocupaciones de baja cualificación, especialmente tras la pandemia. Las ocupaciones elementales —peones agrícolas, trabajos no cualificados y empleos de apoyo básico— representan una parte muy superior del empleo regional respecto a la media nacional. De hecho, el propio CES señala que el empleo poco cualificado ha crecido un 17,4% interanual, hasta representar el 9% del total de personas ocupadas, más del doble que en el conjunto de España (4,3%). Este dato no se interpreta como una mejora del mercado laboral, sino como un síntoma de debilidad estructural, ligado a un modelo productivo intensivo en mano de obra poco formada.
Mano de obra poco cualificada en la Región
El informe subraya además que la Región de Murcia presenta una menor proporción de trabajadores con estudios superiores y una mayor concentración de personas con bajo nivel educativo, lo que condiciona tanto el tipo de empleo que se crea como la capacidad de las empresas para evolucionar hacia actividades de mayor valor añadido. Esta estructura educativa explica, según el CES, la baja presencia de ocupaciones altamente cualificadas y la elevada dependencia de sectores como la agricultura, donde el 12,7% del empleo asalariado regional se concentra, frente al 3,7% a nivel nacional.
Otro aspecto clave es que la infraeducación afecta de manera especialmente intensa a determinados colectivos. El informe identifica a los trabajadores inmigrantes -sobre todo de origen africano e hispanoamericano-, a las personas de mayor edad y a quienes trabajan en agricultura, industria y construcción como los perfiles con mayor probabilidad de ocupar puestos para los que no disponen de la formación formal requerida. En algunos casos, esta infraeducación no responde a una falta real de competencias, sino a la ausencia de mecanismos eficaces de reconocimiento de la experiencia profesional, lo que contribuye a cronificar empleos de baja cualificación incluso en trabajadores con trayectorias largas.
Desde la perspectiva empresarial, el CES advierte de que esta baja cualificación no solo afecta a los trabajadores, sino que se traduce en problemas directos para las empresas: dificultades para cumplir plazos, menor capacidad de innovación, retrasos en la implantación de nuevos procesos productivos y pérdida de competitividad. Paradójicamente, estas mismas empresas operan en un entorno que sigue generando empleo de baja exigencia formativa, lo que refuerza el círculo vicioso entre baja cualificación, baja productividad y escasa inversión en formación.
La conclusión implícita del informe es clara: la baja cualificación laboral no es un problema residual ni atribuible a colectivos concretos, sino una característica estructural del mercado laboral murciano. Mientras la creación de empleo siga pivotando sobre ocupaciones elementales y no se refuerce de forma decidida la cualificación intermedia -especialmente a través de la Formación Profesional-, el desajuste educativo-laboral seguirá siendo una constante y no una excepción.
la Región de Murcia crea empleo de menor cualificación que el conjunto de España. El 9% del empleo regional se concentra en ocupaciones elementales, más del doble que la media nacional (4,3%).
Esto implica, según el CES, mayor precariedad, menor estabilidad y menores salarios, aunque el informe no entra a cuantificarlos. El énfasis está en la calidad del empleo, claramente inferior a la media.
Las empresas sufren las consecuencias
Paradójicamente, el informe deja claro que las propias empresas sufren las consecuencias de esta baja cualificación: dificultades para innovar, problemas para implantar nuevas tecnologías, retrasos en procesos productivos y pérdida de competitividad.
Aun así, el tejido empresarial continúa demandando mayoritariamente empleo de baja cualificación, lo que perpetúa el problema.
Carencias formativas reconocidas por las empresas
Casi cuatro de cada diez empresas murcianas (37,9%) reconocen carencias formativas en sus plantillas. El porcentaje supera el 50% en pequeñas, medianas y grandes empresas, aunque desciende en las microempresas, no porque tengan menos carencias, sino porque cuentan con menor capacidad para detectarlas.
El informe subraya fuertes diferencias territoriales. En comarcas como Lorca–Guadalentín, Cartagena–Mar Menor o la Cuenca de Mula–Noroeste, las carencias formativas superan ampliamente la media regional, lo que apunta a la necesidad de políticas formativas adaptadas al territorio.
Qué falta realmente: no solo técnica, también estrategia
El CES identifica como carencias prioritarias la seguridad e higiene en el trabajo, la prevención de riesgos laborales y la atención al cliente. Junto a ellas, aparecen con fuerza creciente las competencias digitales: inteligencia artificial, ciberseguridad y gestión de entornos digitales.
Especialmente significativo es que las mayores necesidades formativas se concentran en el área de Recursos Humanos, lo que revela déficits en gestión de equipos, organización del trabajo y adaptación al cambio. En un mercado laboral sometido a transformación tecnológica y demográfica, estas carencias limitan la capacidad de las empresas para aprovechar el capital humano disponible.
Formación continua insuficiente y desigual
Solo el 45% de las empresas murcianas ha ofrecido formación a sus trabajadores en el último año. La cifra aumenta con el tamaño de la empresa, pero es claramente insuficiente en microempresas y en el sector servicios.
Entre las empresas que no forman, el 29% afirma no encontrar cursos adecuados a sus necesidades. El informe señala problemas de contenidos, duración y flexibilidad, pero no evalúa si la oferta pública de Formación Profesional tiene capacidad suficiente para responder a esta demanda, una cuestión que queda fuera de su análisis.
FP Dual y orientación: soluciones con límites
El CES apuesta por reforzar la Formación Profesional Dual, mejorar la orientación profesional y estrechar la colaboración entre centros formativos y empresas. Sin embargo, el propio informe reconoce que la implicación empresarial está condicionada por los costes y la capacidad organizativa, especialmente en microempresas.
La orientación profesional aparece como otro punto débil: jóvenes y adultos acceden a itinerarios formativos que no siempre se corresponden con las necesidades reales del mercado laboral, alimentando la sobreeducación y el desaprovechamiento del talento.
Un sistema que no transforma el modelo productivo
Leído en conjunto, el informe del CES no describe una FP en expansión y liderazgo, sino un sistema tensionado, que intenta adaptarse a un modelo productivo basado en baja cualificación y escasa inversión en formación continua.
La Formación Profesional no está logrando corregir el desajuste educativo-laboral, sino que, en muchos casos, lo reproduce. Forma para un mercado laboral que sigue demandando empleos de bajo valor añadido y no consigue anticiparse a los cambios tecnológicos y organizativos que ya están impactando en las empresas.
La conclusión que deja el informe
Sin afirmarlo explícitamente, el estudio del CES lanza un mensaje claro: la Región de Murcia necesita algo más que ajustes puntuales en su oferta de FP. Necesita una estrategia coherente que conecte formación, empleo y modelo productivo.
Mientras la Región de Murcia no eleve de forma sustancial el nivel medio de cualificación de su población activa, cualquier mejora del empleo será frágil y limitada.
La baja cualificación no solo explica el desajuste educativo-laboral; condiciona el crecimiento económico, la productividad y la cohesión social.
Mientras ese cambio no se produzca, la Formación Profesional seguirá siendo una herramienta insuficiente para resolver el principal problema del mercado laboral murciano: un desajuste estructural que lastra la productividad, el empleo de calidad y las oportunidades de futuro.