La tesis doctoral titulada “Biodisponibilidad y bioaccesibilidad de metales y metaloides en la Sierra Minera de Cartagena-La Unión”, presentada por Jacinto Martínez Carlos-Roca y dirigida por el profesor Ángel Faz en la Universidad Politécnica de Cartagena, fue depositada en marzo de 2022 y autorizada el 22 de febrero de ese mismo año por la dirección académica del programa de doctorado.
El trabajo, desarrollado en el marco del proyecto europeo Soil take care (Interreg V Sudoe), analizó la transferencia de metales pesados desde los depósitos mineros abandonados hacia suelos forestales, agrícolas, zonas urbanas y el medio marino. Entre sus conclusiones más relevantes figura una advertencia directa sobre la acumulación de plomo (Pb) y cadmio (Cd) en lechugas cultivadas en suelos próximos a la Sierra Minera como son los terrenos del Arco Sur.
Plomo por encima de los límites legales en hojas destinadas al consumo humano
En el capítulo dedicado a la transferencia a cultivos agrícolas, la tesis estudia tres suelos seleccionados en el entorno del distrito minero, utilizados para cultivar en invernadero distintas variedades de lechuga destinadas a consumo humano. Los resultados son concluyentes: “Se han obtenido concentraciones de Pb en los tejidos foliares muy superiores a los límites establecidos por la legislación”.
La referencia normativa que recoge el propio trabajo señala que el límite legal para el plomo en hojas de vegetales es de 0,3 mg/kg en peso fresco.
No se trata de una desviación marginal. La tesis subraya que las concentraciones encontradas superan claramente ese umbral, lo que implica que esas hojas no cumplirían los estándares de seguridad alimentaria si procedieran directamente de esos suelos.
La tesis insiste en que no basta con comprobar si un cultivo supera o no el límite legal en un momento concreto. Recomienda monitorizar de forma periódica el contenido de plomo y cadmio en las partes comestibles de los vegetales, especialmente en hojas como la lechuga, analizar la biodisponibilidad de estos metales en el suelo (no solo su concentración total), vigilar los factores de translocación que indican cuánto metal pasa de la raíz a la hoja y mantener un seguimiento continuado de los suelos agrícolas situados en zonas con influencia minera.
El objetivo es detectar acumulaciones progresivas antes de que se traduzcan en un riesgo real por ingesta continuada y evitar que la contaminación invisible termine entrando en la cadena alimentaria.
La investigación subraya que analizar solo la concentración total de metales en el suelo es insuficiente. Lo relevante es la biodisponibilidad, es decir, la fracción que realmente puede ser absorbida por las plantas. Esto implica que puede existir riesgo incluso cuando el contenido total no parezca extremo.
Cadmio: valores ligeramente superiores, pero alta translocación
En el caso del cadmio, la situación es más compleja pero igualmente preocupante. La tesis señala que: “Para el Cd, las concentraciones obtenidas se han situado ligeramente por encima de los valores límite, sin embargo, los altos valores de translocación observados hacen necesario un control más estricto ya que la mayor parte del Cd que entra en la planta acaba acumulándose en sus hojas”.
La translocación es un indicador clave: mide la capacidad del metal para desplazarse desde la raíz hasta la parte aérea de la planta. En el caso de la lechuga, la parte aérea es precisamente la parte comestible.
Es decir, aunque los valores de cadmio no superen de forma masiva el límite legal, la eficiencia con la que el metal llega a la hoja incrementa el riesgo en caso de exposición prolongada.
Riesgo por ingesta continuada
El estudio no se limita a cuantificar concentraciones. Va más allá y evalúa el riesgo potencial para la salud humana derivado del consumo de estos productos.
En los objetivos específicos se incluye expresamente: “Estimación del riesgo de incorporación a la cadena trófica por consumo de los productos cultivados en zonas agrícolas influenciadas por la actividad minera”.
En la introducción, el autor recuerda que la lechuga es un alimento de consumo habitual en la dieta mediterránea y que la bioacumulación implica que el organismo humano puede ir incorporando estos metales sin eliminarlos eficazmente.
El concepto clave aquí es la ingesta continuada. Una exposición puntual puede no generar efectos inmediatos, pero la acumulación progresiva de plomo y cadmio en el organismo está asociada a toxicidad crónica. El propio marco científico citado en la tesis señala que Cd y Pb presentan “alta afección en la salud”.
Un distrito minero con más de 80 depósitos abandonados
La investigación contextualiza los resultados en un territorio especialmente sensible. El distrito minero Cartagena-La Unión alberga más de 80 depósitos de estériles mineros abandonados, con altas concentraciones de plomo, zinc y cadmio.
Estos residuos, acumulados durante décadas de explotación de galena y blenda, presentan condiciones fisicoquímicas que favorecen la movilidad de metales pesados: pH bajo, escasa materia orgánica y elevada susceptibilidad a la erosión eólica e hídrica.
La tesis demuestra que esa contaminación no se queda en los depósitos: se transfiere a suelos agrícolas, se incorpora a las plantas y puede terminar en la cadena alimentaria.
Cuatro años después de la tesis, silencio institucional y un informe oculto
La tesis doctoral defendida en 2022 en la Universidad Politécnica de Cartagena no era un trabajo académico más. Documentó con análisis de laboratorio la transferencia de plomo y cadmio desde suelos influenciados por la Sierra Minera hasta hojas de lechuga destinadas al consumo humano, con concentraciones de plomo “muy superiores a los límites establecidos por la legislación” y valores de cadmio ligeramente por encima del umbral, con alta translocación hacia la parte comestible.
El propio trabajo advertía de la necesidad de monitorización continuada, incluso aunque no se superaran los límites legales. Y señalaba expresamente la estimación del riesgo por incorporación a la cadena trófica como uno de sus objetivos científicos.
Han pasado cuatro años. No consta públicamente que el Gobierno regional de López Miras haya puesto en marcha un plan específico de vigilancia reforzada de suelos agrícolas en zonas con influencia minera, ni un programa extraordinario de análisis periódico de cultivos sensibles como las hortalizas de hoja. Tampoco se ha hecho público ningún informe que evalúe la exposición acumulada de la población a estos metales en el entorno del Campo de Cartagena.
Y, sin embargo, en 2026 sale a la luz un nuevo documento oficial que reconoce altas concentraciones de metales pesados en suelos agrícolas del Campo de Cartagena y cuya existencia el Ejecutivo regional negó inicialmente y oculta deliberadamente.
La secuencia es inquietante:
- En 2022, una tesis doctoral documenta transferencia efectiva de metales pesados a cultivos.
- Advierte de bioacumulación y necesidad de vigilancia.
- No hay constancia de actuaciones públicas específicas derivadas de ese aviso científico.
- En 2026 aparece un informe pericial que confirma niveles elevados de metales en suelos agrícolas del Campo de Cartagena.
- Ese informe es ocultado o negado en un primer momento por el Gobierno regional.
La cuestión ya no es únicamente ambiental. Es de gobernanza y transparencia por parte del Ejecutivo murciano con competencias en materia agrícola, sanitaria y medioambiental.
Cuando la evidencia científica advierte de riesgos potenciales por ingesta continuada y cuatro años después se descubre un informe que confirma concentraciones elevadas en el territorio agrícola más productivo de la Región, la pregunta es inevitable: ¿qué se sabía, desde cuándo y por qué no se actuó antes?
Porque en materia de metales pesados no hay margen para la improvisación. El plomo y el cadmio no desaparecen solos. Se acumulan. Y el tiempo, en estos casos, no juega a favor de la salud pública.
La tesis fue autorizada oficialmente en febrero de 2022 y depositada en marzo de ese mismo año. Desde entonces, sus conclusiones forman parte del conocimiento científico disponible sobre la Sierra Minera.
No se trata de una denuncia política ni de una hipótesis preliminar. Es un trabajo doctoral evaluado académicamente que documenta con análisis de laboratorio la presencia de plomo y cadmio en hojas de lechuga cultivadas en suelos agrícolas afectados por la actividad minera.
La pregunta ya no es si existe evidencia científica. La evidencia está publicada. La cuestión es qué medidas de control, seguimiento y protección de la salud pública se han adoptado a partir de estos resultados. La respuesta es ninguna. E