España cerró 2025 con la tasa de abandono educativo temprano más baja de su serie histórica: un 12,8 %, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa analizados por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. La cifra supone una reducción de dos décimas respecto a 2024 y un descenso de más de siete puntos en la última década.
Sin embargo, el dato global oculta profundas desigualdades territoriales. La Región de Murcia vuelve a situarse en el extremo más desfavorable del mapa educativo español, con una tasa del 20,6 %, la más alta del país y muy por encima tanto de la media estatal como de la europea.
El abandono escolar se asocia directamente a peores resultados en empleo y crecimiento. Una menor cualificación reduce la productividad y las posibilidades de desarrollo económico regional, porque limita la disponibilidad de capital humano cualificado. De hecho, los análisis sobre educación en España subrayan que este fenómeno está vinculado a menores índices de crecimiento económico y mayores niveles de desempleo.
El impacto no se limita al empleo. El abandono temprano suele ir asociado a trayectorias de vulnerabilidad: precariedad laboral, dificultades de emancipación o problemas de salud mental entre jóvenes, fenómenos documentados en territorios con tasas elevadas.
Para una región, mantener niveles altos de abandono escolar temprano implica comprometer su desarrollo futuro: reduce oportunidades individuales, limita la competitividad económica y amplifica desigualdades sociales que luego resultan mucho más costosas de corregir.
Qué mide el abandono educativo temprano
Este indicador se refiere al porcentaje de jóvenes de entre 18 y 24 años que no han completado la educación secundaria de segunda etapa -Bachillerato o Formación Profesional- y que no han seguido ninguna formación reciente.
Aunque la distancia de España con la media de la Unión Europea se ha reducido -hasta situarse en 3,4 puntos respecto al 9,4 % registrado en 2024- el país continúa por encima del nivel comunitario.
Brecha de género persistente
La EPA muestra diferencias significativas por sexo: el abandono entre los hombres alcanza el 15,9 %, frente al 9,5 % de las mujeres, con una brecha de más de seis puntos. Mientras la tasa masculina subió ligeramente en el último año, la femenina continuó descendiendo.
Entre los jóvenes de 20 a 24 años, el contraste es aún mayor: el 85 % de las chicas completó la ESO en 2025, frente al 76 % de los varones.
En conjunto, el porcentaje de población de esa franja de edad que alcanzó al menos el nivel de secundaria ha mejorado casi doce puntos en la última década, lo que refleja avances estructurales pese a las desigualdades territoriales.
Murcia lidera el ranking negativo
El reparto por comunidades autónomas confirma la brecha regional. Tras la Región de Murcia (20,6 %), las tasas más elevadas se registran en Canarias (15,9 %), Castilla-La Mancha (15,7 %), La Rioja (15,5 %), Baleares (15,2 %) y Extremadura (15 %).
En el extremo opuesto, el País Vasco (3,6 %), Navarra (7,8 %) y Cantabria (8,9 %) mantienen los niveles más bajos. También quedan por debajo de la media nacional comunidades como Madrid, Castilla y León o Galicia.
La persistencia del liderazgo negativo murciano aparece reiteradamente en los análisis educativos: el territorio encabeza la estadística nacional con el doble de abandono que las regiones con mejores resultados, evidenciando desigualdades estructurales ligadas al contexto socioeconómico y a las oportunidades formativas.
Educación superior en expansión
En paralelo, el 52,5 % de la población de 25 a 34 años alcanzó estudios superiores en 2025, situándose por encima de la media europea del 44 %, lo que indica avances en la formación avanzada aunque no logran compensar las bolsas de abandono temprano.