La historia de Kamilia Essamhi Saidi es la de una vocación temprana que tuvo que esperar décadas para encontrar su espacio. Arquitecta formada en la Universidad Politécnica de Cartagena, titulada en varios másteres y doctoranda en investigación aplicada a la construcción, su trayectoria vital está atravesada por la migración, la maternidad, la enfermedad y una convicción profunda en el valor transformador de la educación.
Nacida en Marruecos en 1980, creció en el pequeño pueblo de El Aioun Sidi Malouk, donde comenzó a interesarse por el entorno construido. Ella misma recuerda que “la arquitectura era mi sueño desde pequeña, en clase de plástica yo dibujaba edificios”. Aquella aspiración, sin embargo, quedó en suspenso al emigrar.
A los 18 años llegó a España con su marido. No lo hizo con un proyecto académico, sino en un contexto familiar y de adaptación a una nueva vida. “Emigré a España con 18 años, no llegué como estudiante sino como ama de casa”. Durante años su prioridad fue la crianza de sus cuatro hijas, aprender el idioma e integrarse socialmente. La universidad parecía entonces un horizonte improbable.
Entrada ya en la treintena decidió retomar la formación desde el principio. Se matriculó en Educación de Adultos en el IES Juan Carlos I de Murcia y recorrió todo el itinerario educativo hasta Bachillerato. En 2014 accedió a la Escuela Técnica Superior de Arquitectura y Edificación de la UPCT para iniciar el grado de Fundamentos de la Arquitectura.
Ese periodo estuvo marcado por la exigencia académica y también por situaciones de incomodidad social derivadas de su condición de estudiante adulta, migrante y visible por su identidad cultural y religiosa. Durante su paso por la universidad experimentó episodios que ella percibió como discriminatorios y actitudes de prejuicio en determinados entornos, aunque también encontró reconocimiento y apoyo en parte de la comunidad universitaria. Esa doble experiencia acompañó un proceso formativo prolongado y exigente.
El itinerario académico se alargó ocho años. “La carrera no fue fácil, me llevó ocho años, con dos años sabáticos, un año tuve que parar porque me enfermé y tuve que someterme a sesiones de quimioterapia”. A la enfermedad propia se sumó el fallecimiento de su madre, a la que cuidó durante su estancia en España.
En ese contexto, la motivación familiar fue determinante. “Mis cuatro hijas fueron mi mayor motivación para no rendirme, porque pensaba si estoy educando cuatro niñas para no rendirse, para sacar algo de su vida, no podía hacerlo yo, porque soy el ejemplo”. Tras graduarse, amplió su formación con el máster en Prevención de Riesgos Laborales, el máster en Tecnología de Edificación y el máster en Metodología BIM.
Actualmente desarrolla su doctorado en el grupo de investigación de Ciencia y Tecnología Avanzada de la Construcción (CTAC), centrado en el estudio de materiales sostenibles, en particular ladrillos ecológicos elaborados a partir de micelio. Paralelamente trabaja como técnica de estudios y licitaciones en el sector de la construcción.
La huella educativa en su entorno familiar es evidente. Sus cuatro hijas han seguido trayectorias académicas en ámbitos científicos y tecnológicos: ingeniería agronómica en la UPCT, Medicina en la Universidad Miguel Hernández, Óptica y Optometría en la Universidad de Murcia y estudios de Bachillerato tecnológico.
Más allá del recorrido personal, su visión sobre la educación condensa el sentido de su trayectoria:
“Cuando la persona tiene claro el sueño, el objetivo, el camino puede ser duro, lento, incluso doloroso, pero no se abandona. La educación abre caminos, cambia la vida, te forma como persona, te cambia cómo ver las cosas, es un avance en ti mismo, es un cambio”.
La historia de Kamilia Essamhi no es únicamente la de una titulación obtenida con esfuerzo tardío. Es también la de una segunda oportunidad construida paso a paso, atravesando barreras sociales, personales y de salud. Un ejemplo de cómo la educación adulta puede reconfigurar biografías y de cómo la perseverancia individual termina proyectándose sobre toda una generación.