El feminismo retrocede entre los jóvenes

El último Barómetro Juventud y Género 2025 confirma el enfriamiento del apoyo feminista entre los chicos jóvenes y la expansión del relato del agravio masculino en una generación cada vez más dividida

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que parecía que la igualdad avanzaba sin freno. Las movilizaciones masivas del 8M, el debate en los institutos. El feminismo había dejado de ser un movimiento periférico para convertirse en un consenso social amplio entre la juventud. Las cosas han cambiado, el relato de la extrema derecha gana terreno entre los jóvenes.

El Barómetro Juventud y Género 2025 del Centro Reina Sofía de Fad Juventud sugiere que ese impulso se ha enfriado. No estamos ante un desplome súbito, pero sí ante un retroceso medible, especialmente entre los chicos jóvenes. Y eso cambia el paisaje.

El Barómetro 2025 revela que una parte significativa de los jóvenes, especialmente chicos, percibe el feminismo como una herramienta de manipulación política, consolidando una brecha de género y una creciente desconfianza hacia las políticas de igualdad.

La cifra que resume el giro es clara: solo el 26% de los hombres jóvenes se considera feminista. Frente a ellos, el 51,3% de las mujeres se identifica como tal. La brecha supera los 25 puntos. Pero el dato más revelador es que el 60,6% de los chicos afirma explícitamente que no se considera feminista. Además, un 15,5% del conjunto de jóvenes no sabe o no contesta. La duda crece justo cuando el apoyo se enfría.

La evolución histórica que recoge el propio Barómetro muestra un incremento del sentimiento feminista hasta 2021 y un descenso posterior. Es decir, tras el momento álgido del ciclo de movilización, el respaldo no se consolida. Retrocede. Solo el 38,4 % de los jóvenes españoles afirma que se declara feminista en 2025, lo que supone una caída de casi 12 puntos respecto al máximo alcanzado en 2021.

Ese retroceso no se limita a la etiqueta “feminista”. Afecta también a la percepción de la desigualdad. Cuando se pregunta por la gravedad de la violencia de género, el 77,7% de las chicas la considera un problema social muy grave. Entre los chicos, la cifra cae al 58,1%. Casi veinte puntos de diferencia. Una fractura generacional interna.

Mientras tanto, gana terreno otra narrativa. El 50,8% de los jóvenes está de acuerdo con la afirmación de que los hombres están desprotegidos ante denuncias falsas por violencia de género. Y el 44,6% cree que se ha perdido la presunción de inocencia para los hombres. Más de la mitad de los chicos (52,8%) considera que las políticas de igualdad pueden discriminarles. En línea con el discurso de la extrema derecha.

El eje del debate se ha desplazado: ya no se discute solo la desigualdad estructural, sino el supuesto agravio masculino.

El Barómetro recoge que muchos jóvenes varones declaran sentirse presionados para demostrar liderazgo, iniciativa, éxito económico o desempeño sexual. Es decir, los mandatos tradicionales de masculinidad no han desaparecido. Siguen operando. Siguen pesando.

Al mismo tiempo, el 44,5% considera que expresar sentimientos o mostrarse vulnerable en público es más desfavorable para los hombres. Y el 50,3% cree que ligar o encontrar pareja es más difícil para ellos. Ahí hay un malestar.

Y mientras el relato del agravio masculino gana espacio, las prácticas de control en pareja siguen presentes: el 21,9% ha sufrido revisión del móvil y el 20% reconoce haberlo hecho; el 24% ha vivido enfados por no contestar de inmediato. Además, el 41,8% ha presenciado que a una mujer de su entorno su pareja le revise el teléfono.

La violencia digital y el control emocional son experiencias extendidas. No mayoritarias, pero sí suficientemente frecuentes como para hablar de normalización.

Y un último dato que invita a reflexionar: solo el 17% afirma no haber sufrido nunca ningún tipo de discriminación. El aspecto físico, el género y la edad aparecen como factores frecuentes. Es una generación que se siente, en muchos casos, vulnerable.

Quizá el retroceso del feminismo entre los chicos no sea solo el avance de un discurso ideológico contrario. Quizá sea también la expresión de una conversación que no está sabiendo integrar los malestares masculinos sin diluir la desigualdad estructural.

El Barómetro 2025 no habla solo de feminismo. Habla de una juventud dividida. De chicos que se sienten cuestionados. De chicas que perciben desigualdad con claridad. De un consenso que ya no es transversal.

Incluso la existencia de la brecha salarial aparece fragmentada: el 33,9% cree que existe, el 29,8% la niega y un 10,6% no sabe o no contesta. La duda ya forma parte del paisaje.

Lo que dibuja el Barómetro 2025 no es una generación mayoritariamente antifeminista. Es algo más complejo: una juventud profundamente polarizada. Las chicas mantienen un respaldo elevado a la igualdad y al feminismo. Los chicos se distancian en proporciones significativas.

El consenso cultural que parecía consolidarse hace una década ya no es sólido. El feminismo sigue siendo fuerte entre las mujeres jóvenes, pero ha perdido transversalidad.

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