Durante décadas, el sobrepastoreo ha sido señalado como uno de los grandes responsables de la degradación de los paisajes naturales. Sin embargo, un nuevo estudio internacional coliderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desmonta esa narrativa dominante y pone el foco en un fenómeno mucho menos visible: la reducción sostenida del ganado extensivo en amplias regiones del planeta.
La investigación, publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), documenta un descenso significativo de las cargas ganaderas -la cantidad de animales que un territorio puede soportar de forma sostenible- en zonas que concentran el 42% de la cabaña ganadera mundial. Un proceso que se ha producido a lo largo de los últimos 25 años y que, según los autores, ha pasado prácticamente desapercibido tanto en la literatura científica como en los diagnósticos globales.
El caso más llamativo es el de Europa del Este, incluida la Rusia asiática, donde la cabaña ganadera se ha reducido cerca de un 35% en apenas un cuarto de siglo. Pero no es una excepción. Tendencias similares se observan en Europa occidental, América del Norte, China y amplias zonas del norte y sur de África. Regiones, en su mayoría, con economías más prósperas, poblaciones estables y sistemas ganaderos cada vez menos dependientes del pastoreo extensivo, gracias al uso de piensos y a una mayor intensificación productiva.
En el lado opuesto del mapa aparecen Asia Central, Sudamérica y el África subsahariana. Allí, el crecimiento demográfico y el aumento de la demanda de proteína animal han impulsado un incremento de las cargas ganaderas, a pesar de las limitaciones tecnológicas y productivas.
“Durante décadas hemos interpretado los pastizales del planeta desde la óptica del sobrepastoreo. Sin embargo, una parte sustancial del mundo está experimentando justo lo contrario: menos ganado, menor presión de pastoreo y transformaciones ecológicas profundas”, explica José D. Anadón, investigador del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) y colíder del estudio.
Paisajes que cambian… y no siempre para mejor
El trabajo advierte de que la reducción del pastoreo extensivo no es un proceso neutro desde el punto de vista ambiental. Al contrario, está desencadenando efectos ecológicos de gran alcance. La ganadería extensiva ha sido, históricamente, uno de los principales motores de mantenimiento de los paisajes abiertos. Su desaparición favorece la acumulación de biomasa vegetal, lo que incrementa el riesgo de incendios forestales, y permite que unas pocas especies dominantes desplacen a otras más vulnerables, empobreciendo la biodiversidad.
Al mismo tiempo, el abandono ganadero también tiene efectos potencialmente positivos: más vegetación implica mayor captura de dióxido de carbono y, por tanto, un posible beneficio climático. Pero incluso aquí aparecen las contradicciones. El aumento de la cobertura vegetal reduce la escorrentía y, en consecuencia, la cantidad de agua disponible para otros usos, un factor clave en regiones ya tensionadas por el estrés hídrico.
“No se trata de un escenario únicamente negativo o positivo, sino de una realidad mucho más compleja, que combina riesgos y oportunidades”, subraya Anadón.
Un sesgo científico con consecuencias políticas
Más allá de los datos, el estudio lanza una crítica directa a la propia comunidad científica. Según los autores, existen diez veces más investigaciones dedicadas al sobrepastoreo que al análisis de la reducción de la carga ganadera. Un desequilibrio que ha alimentado una percepción global de degradación generalizada de los paisajes y que ha condicionado tanto las prioridades de investigación como las políticas públicas.
Los investigadores reclaman una revisión profunda de ese enfoque y una mirada más equilibrada que tenga en cuenta tanto las regiones donde la ganadería se intensifica como aquellas donde los herbívoros están desapareciendo. Una cuestión clave, advierten, para entender los impactos reales sobre la biodiversidad, la seguridad alimentaria y los grandes ciclos globales del carbono, el agua y la energía.