La sociedad sabe que comer bien o mal afecta a nuestra salud, pero es menos conocido que la dieta elegida conlleva unos beneficios y unos gastos. Siempre que hablamos de un producto de consumo, sea o no alimento, debemos hablar del precio del producto y del coste de sus consecuencias por su consumo o uso. En el caso de la alimentación, los gastos ocultos se elevan a 12 billones de dólares/año a nivel mundial.
Decía Heráclito de Éfeso (Filósofo griego, s. VI a. C.) que “La salud humana es un reflejo de la salud de la Tierra”, ya que seleccionando nuestros alimentos mejoramos nuestra salud, paliamos el cambio climático y ahorramos agua (ver mi artículo, de RRNEWS, ¿Cómo ahorrar agua en la dieta?, del 6-12-2025). Por eso es crucial modificar los hábitos de consumo y los estilos de vida, para mejorar nuestra salud y la del planeta.
La sociedad sabe que comer bien o mal afecta a nuestra salud, pero es menos conocido que la dieta elegida conlleva unos beneficios y unos gastos (igual que la movilidad, ver mi artículo, de RRNEWS, ¡Al cole andando!, del 13-9-2025). Siempre que hablamos de un producto de consumo, sea o no alimento, debemos hablar del precio del producto y del coste de sus consecuencias por su consumo o uso, entre las que destacan las:
Ambientales: Aumento de consumo agua (huella hídrica), gases de efecto invernadero, fenómenos meteorológicos, olas de calor, incremento del nivel del mar, alteración de los ecosistemas, disminución de alimentos, desperdicio alimentario…
Sociales: Incremento de migraciones, desigualdad social, absentismo laboral, disminución de la productividad…
Sanitarias: Más enfermedades, visitas médicas, consumo de medicamentos, hospitalizaciones, muertes prematuras…
Centrándonos en la alimentación, sus gastos ocultos son enormes a nivel global. Una investigación, de 29-1-2024, elaborada por la Comisión de Economía de los Sistemas Alimentarios (FSEC) logró por primera vez cuantificar los costes ocultos que producen los alimentos, que ascendían a 15 billones de dólares/año, por los impactos ambientales y sanitarios. Con los costes ocultos, la producción y comercialización de alimentos se encarecerá, incrementando la desigualdad y empeorando la salud.
Otro estudio, publicado el 8-11-2024, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 156 países, confirma que los costes ocultos en los sistemas agroalimentarios mundiales ascienden a casi 12 billones de dólares/año (un 10 % del PIB mundial), afectando a la salud, economía y medio ambiente. Dicho estudio publicado en la revista Financial Food. El sistema agroalimentario ofrece alimentos baratos porque en toda su cadena esconde los costes ocultos (ambientales, sociales, sanitarios). Vemos que el costo de los alimentos no es solo el que se paga en los mercados.
Un 70 % de dicha cantidad (8,1 billones) se deriva de dietas poco saludables, con alto consumo de alimentos ultraprocesados, grasas y azúcares, que causan obesidad y enfermedades no transmisibles (cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y diabetes) y provoca pérdidas de productividad, muy por encima de los costos ambientales y sociales.
Por otro lado, el informe de la FAO El estado mundial de la agricultura y la alimentación de 2024, publicado en 2025, insiste en que los costes ocultos mundiales asociados a la producción, distribución y consumo de alimentos, no se reflejan en los precios de mercado, y vienen fijados mayormente por los costes sanitarios ocultos, y en menor medida por los costes ambientales ocultos, en los sistemas agroalimentarios más industrializados, de los países ricos.
Un 20 % de los costos se relacionan con el medio ambiente, por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) (generan 1/3 de las emisiones mundiales), y nitrógeno (abonos), cambios del uso de la tierra y utilización del agua. La producción de alimentos será cada vez más vulnerable al cambio climático, y fenómenos meteorológicos extremos. Los problemas de pobreza y subalimentación representan un 5 % de los costos ocultos y afectan principalmente a países pobres. En las repercusiones sanitarias, se señalan 13 factores de riesgo alimentarios, destacando una ingesta insuficiente de cereales integrales, frutas y hortalizas, consumo excesivo de sal y de carnes rojas y carnes procesadas (salchichas, hamburguesas, embutidos…).
Por último, estimaciones de 2-10-2025, publicadas en la revista The Lancet señalan que la mala alimentación es responsable de aproximadamente 15 millones de muertes prematuras al año, lo que la convierte en el principal factor de riesgo evitable, si la población mundial adoptara un patrón alimentario más saludable, basado principalmente en alimentos de origen vegetal.
Posibles soluciones
Las posibles soluciones pasan por una transformación de los sistemas agroalimentarios, para que sean más sostenibles, resilientes, inclusivos y eficientes, por su papel esencial en la seguridad alimentaria, nutrición, y conservación de la biodiversidad.
Este cambio de paradigma, a largo plazo generaría más beneficios económicos, mejoraría la salud de la humanidad y aliviaría la crisis climática. Para eso, es imprescindible establecer un equilibrio en las políticas de los sectores sanitario, agrícola y medioambiental, para que los costes y beneficios se repartan de manera equitativa entre todas las partes. Además, la transformación de los sistemas agroalimentarios mundiales es crucial para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y garantizar un futuro próspero para todos (productores primarios, agronegocios, gobiernos, instituciones financieras, organismos internacionales y consumidores).