Durante décadas se asumió que las grandes migraciones de insectos respondían, más o menos, a los mismos patrones en todo el planeta. Un nuevo estudio científico acaba de romper esa idea. La mariposa cardera (Vanessa cardui), una de las especies migratorias más extendidas del mundo, vuela en direcciones opuestas según el hemisferio en el que vive. No es una metáfora: en el norte migra hacia el sur; en el sur, hacia el norte. Y no cruza el ecuador.
El hallazgo, liderado por el Instituto Botánico de Barcelona (IBB-CSIC) y publicado en la revista Nature Communications, documenta por primera vez en insectos un fenómeno conocido como “división migratoria”, hasta ahora descrito únicamente en aves. Se trata de un comportamiento en el que poblaciones de una misma especie desarrollan rutas migratorias distintas, adaptadas a sus propias estaciones y entornos, lo que puede acabar generando aislamiento genético y, a largo plazo, nuevas especies
Según explica el equipo investigador, las poblaciones del hemisferio norte de Vanessa cardui migran hacia el sur entre septiembre y diciembre, coincidiendo con el otoño boreal. En cambio, las poblaciones del hemisferio sur realizan el desplazamiento contrario entre marzo y junio, durante el otoño austral. Cada grupo sigue su propio calendario biológico, sin cruzar la línea ecuatorial.
Una base genética para orientarse en mundos opuestos
La clave de este comportamiento está en el ADN. Tras analizar más de 300 ejemplares procedentes de 38 países de África y Europa, los científicos identificaron una gran inversión cromosómica en el cromosoma 8, distinta en las poblaciones de cada hemisferio. Esa región genética contiene genes relacionados con la orientación durante el vuelo.
Entre ellos, destaca un receptor del neurotransmisor GABA-B, implicado en los mecanismos de navegación. “Nuestros resultados señalan un punto clave de la base genética de la orientación migratoria”, explica Aurora García-Berro, investigadora del IBB y primera autora del estudio
Las mariposas migratorias, como ya se sabía por estudios previos en la mariposa monarca, se orientan gracias a la posición del sol y al campo magnético terrestre. Pero esas señales se interpretan de forma distinta en cada hemisferio. La hipótesis del equipo es que esta inversión cromosómica condiciona cómo los individuos responden a esas señales ambientales, fijando rutas migratorias opuestas y evitando el cruce entre hemisferios.
El ecuador como barrera evolutiva
El descubrimiento apunta a algo más profundo que una simple curiosidad biológica. El ecuador podría funcionar como una barrera evolutiva invisible para especies migratorias. “A diferencia de las aves, la división que encontramos es latitudinal”, explica Gerard Talavera, científico del CSIC y líder del estudio. “Esto podría explicar por qué existen especies hermanas que viven en hemisferios opuestos. La división migratoria podría ser un motor evolutivo hasta ahora inadvertido”
No es la primera vez que el equipo estudia a la mariposa cardera. Investigaciones anteriores ya habían demostrado que protagoniza las migraciones más largas conocidas en mariposas, con recorridos de hasta 15.000 kilómetros entre África ecuatorial y Europa. Ahora se ha identificado un circuito completamente independiente en el hemisferio sur de África, que no se conecta con el del norte.
Un papel clave en los ecosistemas
Más allá del interés genético y evolutivo, el estudio subraya la enorme importancia ecológica de las migraciones de insectos. Como polinizadores, las mariposas conectan ecosistemas separados por miles de kilómetros; forman parte esencial de las cadenas tróficas y, en determinados contextos, pueden influir en dinámicas agrícolas o forestales.
Comprender cómo se orientan y qué límites condicionan sus desplazamientos resulta clave en un contexto de cambio climático y alteración de los ecosistemas. El trabajo también pone el foco en la necesidad de estudiar la biodiversidad a escala global, especialmente en el hemisferio sur, tradicionalmente infrarrepresentado en la investigación científica.
La ciencia acaba de descubrir que, para algunas mariposas, el ecuador no es solo una línea en el mapa. Es una frontera genética, ecológica y evolutiva.