La obesidad se dispara en la Región de Murcia: dos de cada tres adultos tienen exceso de peso

Que solo una minoría de la población adulta mantenga un peso considerado normal no es el resultado de decisiones individuales aisladas, sino el reflejo de un modelo social que dificulta llevar una vida saludable

La fotografía que ofrece el último Boletín Epidemiológico de la Región de Murcia es clara y difícil de eludir: el exceso de peso es hoy la norma entre la población adulta murciana. Según los datos oficiales del Estudio DICA 2022-2023, elaborado por el Servicio de Epidemiología de la Consejería de Salud a partir del análisis de 2.226 personas mayores de 20 años, el 66,4 % de los adultos presenta sobrepeso u obesidad. En concreto, el 39,8 % tiene sobrepeso y el 26,6 % sufre obesidad, de acuerdo con los criterios de la Organización Mundial de la Salud y con mediciones antropométricas directas, no autodeclaradas.

El boletín confirma además que la obesidad ha seguido una tendencia ascendente en las últimas décadas. En 2001, el estudio DINO situaba la prevalencia en el 22,4 % de la población adulta; hoy, ese porcentaje se eleva más de cuatro puntos.

El incremento no se limita a un grupo concreto, aunque sí se intensifica con la edad. Entre los adultos jóvenes de 20 a 29 años, la obesidad afecta al 13,9 %, pero el porcentaje se dispara hasta el 34,3 % en los mayores de 60 años, un dato que revela cómo el deterioro del índice de masa corporal se acumula a lo largo del ciclo vital.

Las diferencias por sexo existen, aunque no son abismales. Los hombres presentan una prevalencia de obesidad ligeramente superior a la de las mujeres, mientras que el sobrepeso es claramente más frecuente entre ellos. El exceso de peso, en cualquiera de sus formas, se extiende así de manera transversal por la población adulta, con matices según edad y género, pero sin dejar grandes bolsas indemnes.

Donde el boletín introduce un elemento especialmente revelador es en el análisis territorial. La obesidad no se distribuye de forma homogénea en la Región de Murcia. Las cifras oscilan entre el 17,9 % y el 33,2 % según el área de salud, una horquilla amplia que pone de manifiesto desigualdades internas significativas. También el entorno de residencia marca diferencias: la obesidad es más frecuente en zonas rurales que en áreas urbanas, y esa brecha se agranda entre las personas mayores de 60 años, donde llega a alcanzar hasta siete puntos porcentuales.

Aunque el Boletín Epidemiológico no incorpora variables directas de renta, nivel educativo o clase social, los propios patrones que describe remiten a una realidad ampliamente documentada en salud pública: la obesidad está estrechamente vinculada a las condiciones sociales y económicas en las que vive la población. No se trata de una relación automática ni individual, sino de un entramado de factores estructurales que condicionan los hábitos de vida.

Las zonas con mayor prevalencia de obesidad suelen coincidir con territorios donde el acceso a alimentos frescos y saludables es más limitado, donde la oferta alimentaria se apoya con mayor peso en productos ultraprocesados y donde las oportunidades para la actividad física cotidiana son menores. A ello se suma el impacto del estrés crónico asociado a la precariedad laboral y económica, un factor que influye tanto en la conducta alimentaria como en los mecanismos fisiológicos relacionados con el aumento de peso.

Los datos del estudio DICA también muestran que el exceso de peso no es un fenómeno aislado, sino que se inserta en un contexto más amplio de riesgo metabólico. El boletín recoge una elevada prevalencia de diabetes y prediabetes, con cifras que aumentan de forma paralela al envejecimiento y que refuerzan la idea de que obesidad y enfermedad crónica avanzan de la mano, especialmente en los grupos más vulnerables.

En conjunto, el Boletín Epidemiológico no solo cuantifica un problema de salud, sino que deja entrever una fractura social que se refleja en los cuerpos. Que solo una minoría de la población adulta mantenga un peso considerado normal no es el resultado de decisiones individuales aisladas, sino el reflejo de un modelo social que dificulta llevar una vida saludable a amplias capas de la población.

La obesidad en la Región de Murcia, tal como muestran los datos oficiales, es así un problema de salud pública con raíces sociales profundas. Combatirla exige algo más que recomendaciones genéricas sobre dieta o ejercicio: requiere actuar sobre las desigualdades territoriales, económicas y educativas que, silenciosamente, siguen engordando las estadísticas.

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