La economía de la Región de Murcia vuelve a crecer, pero lo hace sin corregir sus desequilibrios estructurales. Así lo constata el último informe del Consejo Económico y Social de la Región de Murcia (CESRM), correspondiente a diciembre de 2025, que dibuja una radiografía clara: el PIB aumenta, pero la calidad del empleo empeora, la productividad sigue hundida y el nivel de vida continúa muy por debajo de la media nacional.
Productividad estancada y renta por habitante en la cola
El informe confirma uno de los grandes lastres históricos de la economía murciana: la productividad aparente del trabajo apenas alcanza el 84,3% de la media española, solo por encima de Extremadura. Un problema estructural que no se corrige ni siquiera en un contexto de expansión económica.
Este déficit tiene un reflejo directo en la renta: el PIB por habitante se sitúa en 26.944 euros, un 17,4% inferior al promedio nacional, y solo supera al de Castilla-La Mancha, Canarias, Extremadura y Andalucía. En términos reales, ajustados a inflación, la renta regional aún no ha recuperado los niveles de 2008, un dato demoledor que explica por qué el crecimiento no se traduce en bienestar.
Más empleo, pero peor: sube el paro y se ensancha la brecha de género
Pese a que el número de personas ocupadas supera ya las 700.000, el mercado laboral muestra síntomas claros de deterioro. Según la EPA del tercer trimestre de 2025, el paro vuelve a superar las 100.000 personas, con una tasa del 12,9%, muy por encima de la media nacional.
Especialmente preocupante es la brecha de género. La tasa de paro femenina alcanza el 14,7% frente al 11,5% de los hombres. Una diferencia de 3,2 puntos porcentuales, que se amplía en lugar de corregirse.
El desempleo juvenil continúa siendo uno de los grandes fracasos del modelo productivo regional: afecta a casi uno de cada cuatro jóvenes activos de entre 16 y 24 años, mientras que el paro de larga duración sigue instalado en torno a las 35.000 personas.
Más temporalidad y menos estabilidad
El informe desmonta otro de los discursos recurrentes: el empleo crece, sí, pero no es más estable. La tasa de temporalidad laboral sube hasta el 19,7% y la temporalidad contractual se mantiene anclaza en el 45% sin mejoras desde mediados de 2014.
La contratación indefinida cae un 2,5% en el acumulado anual, lastrada por el desplome de los contratos fijos discontinuos, mientras que el número total de contratos firmados entre enero y noviembre desciende un 1,5% respecto al año anterior.
Salarios a la baja y pérdida de poder adquisitivo
Otro de los datos más alarmantes del informe es la evolución de los salarios. El coste salarial por trabajador y mes cae un 1,3% interanual, y el coste laboral total desciende un 0,9%, una caída mucho más intensa que la registrada en el conjunto de España.
Este ajuste no responde a una mejora de la eficiencia, sino a una ralentización salarial tras el shock inflacionario de 2021-2022, que consolida la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores murcianos.
Mientras tanto, el IPC regional se sitúa en el 2,5%, con fuertes subidas en vivienda, electricidad y restauración, lo que agrava la presión sobre los hogares con rentas más bajas.
Déficit persistente y deuda estructural
Las cuentas públicas tampoco ofrecen un panorama tranquilizador. La Región de Murcia registra en septiembre de 2025 un déficit del 0,36% del PIB, incumpliendo el objetivo de estabilidad presupuestaria, en un contexto en el que 15 comunidades autónomas presentan superávit.
La deuda pública regional asciende a 13.147 millones de euros, lo que equivale al 30,2% del PIB, el segundo porcentaje más alto de España, solo por detrás de la Comunidad Valenciana y muy lejos de la media autonómica (20,4%).
Exportaciones a la baja y dependencia exterior
El sector exterior confirma otra debilidad estructural. Las exportaciones totales caen un 7,5% en el acumulado anual, las no energéticas retroceden un 5,7%, y se desploman especialmente las ventas a mercados clave como Marruecos, Reino Unido o Estados Unidos.
El retroceso de las exportaciones contrasta con el aumento de las importaciones, lo que debilita la aportación del sector exterior al crecimiento regional y refuerza la dependencia del consumo interno.
Crecer no basta
El informe del Consejo Económico y Social deja una conclusión incómoda pero ineludible: la economía murciana crece, pero no converge. Ni en productividad, ni en salarios, ni en calidad del empleo, ni en renta por habitante. El modelo sigue apoyándose en sectores de bajo valor añadido, alta temporalidad y escasa innovación.
Mientras otras comunidades aprovechan el ciclo expansivo para reducir brechas históricas, la Región de Murcia permanece atrapada en un crecimiento que no transforma, consolidando su posición en la cola del país.
Una radiografía que desmonta triunfalismos y obliga a hacerse la pregunta clave: ¿crecer para qué y para quién?
Si la Región de Murcia crece pero no converge, es porque los beneficios del crecimiento no se reparten. Ganan principalmente las empresas que basan su competitividad en salarios bajos, alta temporalidad y escaso valor añadido, junto a determinados sectores -como la construcción, los servicios poco cualificados o el negocio inmobiliario- que absorben el impulso económico sin elevar la renta media ni la productividad.
Mientras tanto, los trabajadores pierden poder adquisitivo, la precariedad se cronifica y la brecha social no se corrige, de modo que el crecimiento se concentra en márgenes empresariales y rentas del capital, pero no se traduce en bienestar ni en convergencia con el resto del país.