La ciencia despierta un alto interés social en España. Sin embargo, ese interés no siempre se traduce en conocimiento sólido ni en una comprensión adecuada de los hechos científicos más básicos. Así lo refleja con nitidez el estudio Cultura Científica en España, publicado por la Fundación BBVA en enero de 2026, a partir de dos encuestas telefónicas realizadas en noviembre de 2025 a más de 4.000 personas adultas representativas de la población española.
Los datos son claros y, en algunos casos, inquietantes: el 5% de los españoles cree que la Tierra es plana, el 28% considera que los extraterrestres han visitado la Tierra y que los gobiernos lo han ocultado, el 22% duda de que el ser humano haya llegado a la Luna y el 15% sostiene que el cambio climático no existe. Además, un 6% sigue vinculando las vacunas con el autismo, pese a que esa relación ha sido descartada de forma reiterada por la comunidad científica internacional.
No se trata de creencias mayoritarias, pero tampoco residuales. El estudio subraya que estas ideas contrarias a la evidencia científica encuentran mayor aceptación en determinados segmentos sociales, especialmente entre las personas de mayor edad, con menor nivel educativo y menor conocimiento científico medido objetivamente.
Mucho interés declarado, menos información real
Uno de los ejes centrales del informe es la distancia entre el interés por la ciencia y la percepción de estar bien informado. El 53% de los españoles puntúa su interés por la ciencia con un 8 o más sobre 10, con una nota media de 7,3. Sin embargo, cuando se les pregunta por su grado de información, la media desciende hasta el 5,9.
La razón principal del interés no es la utilidad práctica inmediata, sino “el placer de aprender cosas nuevas”, una motivación citada por el 58% de quienes se declaran interesados. En cambio, entre quienes muestran poco interés, la causa más mencionada es la dificultad para entender los temas científicos, seguida de la falta de tiempo.
Pese a la omnipresencia de la ciencia en la vida cotidiana, casi la mitad de la población conversa poco sobre ciencia y un 22% reconoce que casi nunca habla de estos temas con familiares, amigos o compañeros de trabajo.
Cómo se informan los españoles sobre ciencia
El seguimiento de la información científica es claramente multicanal. Los vídeos de YouTube y otras plataformas digitales son la principal fuente, seguidos de la televisión, las redes sociales y la prensa escrita o digital. La radio mantiene una presencia relevante, mientras que entre el 35% y el 40% afirma informarse a través de páginas web de universidades, centros de investigación u organismos públicos.
Más allá del consumo informativo, las prácticas culturales vinculadas a la ciencia siguen siendo limitadas. Solo un tercio ha visitado en el último año un museo de ciencia o de ciencias naturales, y apenas un 12% ha acudido a un centro de investigación científica, pese a las iniciativas de divulgación y jornadas de puertas abiertas.
El test de conocimientos: un suspenso generalizado
El corazón del estudio es un test objetivo de conocimientos científicos, basado en 18 afirmaciones de verdadero o falso. Aplicando un criterio exigente -solo se consideran correctas las respuestas “totalmente verdaderas” o “totalmente falsas”- los resultados dibujan un panorama de conocimiento medio-bajo.
Solo el 5% de la población alcanza un nivel muy alto de conocimiento científico, mientras que el 43% se sitúa en los niveles bajo o muy bajo. Entre los errores más frecuentes destacan: la creencia de que los antibióticos destruyen los virus, una afirmación que solo una minoría identifica correctamente como falsa; la confusión entre el cambio climático y el agujero de la capa de ozono y el desconocimiento de conceptos básicos como la correlación, el grupo de control en un experimento o la variable independiente.
El nivel de conocimiento aumenta de forma clara con el nivel educativo y es mayor entre estudiantes y personas en activo, mientras que desciende entre jubilados y personas con estudios primarios.
Conocimiento científico y teorías conspirativas
El estudio establece una relación directa entre bajo conocimiento científico y mayor aceptación de teorías conspirativas. A menor puntuación en el test, mayor probabilidad de creer que el cambio climático no existe, que la llegada a la Luna fue un montaje o que los extraterrestres han visitado la Tierra.
En el caso del cambio climático, el informe añade un factor clave: la ideología. Incluso dentro de un mismo nivel de conocimiento científico, el negacionismo climático es significativamente mayor entre quienes se sitúan ideológicamente a la derecha, lo que evidencia el peso de la polarización política en la percepción de hechos científicos contrastados.
Einstein, Curie y Newton: la ciencia como icono
Cuando se pregunta por las figuras más relevantes de la historia de la ciencia, Albert Einstein ocupa una posición central en el imaginario colectivo español. Le siguen Marie Curie e Isaac Newton. Entre los científicos españoles, destacan Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa.
Sin embargo, el estudio apunta un dato revelador: uno de cada cuatro encuestados no es capaz de citar ni un solo científico relevante, lo que refleja una familiaridad limitada con la historia y los referentes de la ciencia.
Una base sólida, pero vulnerable
Pese a las carencias detectadas, el informe también recoge elementos positivos. La mayoría de los españoles entiende que el conocimiento científico se valida mediante la experimentación, que debe ser reproducible y que no es definitivo, sino abierto a revisión. La ciencia goza de confianza como método, pero no siempre como contenido.
El principal reto no es el rechazo frontal de la ciencia, sino la fragilidad de la cultura científica en un contexto de desinformación, ruido digital y polarización ideológica. Una fragilidad que tiene consecuencias directas en debates clave como la salud pública, el cambio climático o el uso de nuevas tecnologías.
En un momento histórico marcado por la posverdad, la cultura científica no es solo una cuestión educativa, sino democrática. Los datos de la Fundación BBVA dejan claro que el interés existe. Convertirlo en conocimiento es la asignatura pendiente.