Setenta anguilas europeas han vuelto estos días al Mar Menor. No es un gesto simbólico ni una imagen para la foto. Es parte de un trabajo silencioso, paciente y poco conocido que busca responder a una pregunta clave: ¿puede esta laguna seguir siendo un refugio para una especie que está al borde de la desaparición?
La liberación ha sido realizada por ANSE y WWF, con la colaboración de la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar, dentro del proyecto GePescArt-2. Se produce apenas unos días después del cierre de la pesquería de anguila europea, que entró en vigor el pasado 15 de enero con el inicio de una veda obligatoria.
La protagonista es la anguila europea (Anguilla anguilla), un pez esquivo, nocturno y casi invisible para la mayoría, pero con uno de los ciclos vitales más extraordinarios del planeta. Nace en el lejano mar de los Sargazos, cruza el Atlántico siendo apenas una larva transparente y pasa años creciendo en ríos, humedales y lagunas costeras como el Mar Menor. Cuando alcanza la madurez, inicia el viaje de regreso para reproducirse y morir. Un viaje que hoy, para la mayoría, nunca llega a completarse.
Una especie al borde del colapso
La anguila europea está catalogada como “En Peligro Crítico de extinción” por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). Hace apenas un siglo era común en ríos y acequias de toda Europa. Hoy ha desaparecido de muchos cauces del sureste peninsular y su presencia se ha reducido de forma drástica.
Las causas son múltiples y se acumulan desde hace décadas: ríos fragmentados por presas y canales, humedales degradados, sobrepesca, especies invasoras y los efectos del cambio climático. Todo ello ha ido cerrando puertas a una especie que necesita moverse libremente para sobrevivir.
Marcar para poder proteger
Las 70 anguilas liberadas habían sido desembarcadas en la lonja de Lo Pagán el mismo día en que comenzó la veda. Antes de devolverlas al agua, los equipos de ANSE y WWF las marcaron para poder seguir su rastro si vuelven a ser capturadas o si inician su salida de la laguna.
Desde que comenzó esta nueva fase del proyecto GePescArt-2, ya se han marcado 985 anguilas en el Mar Menor. Algunas de ellas llevan pequeños emisores que permitirán saber si permanecen en la laguna o cuándo deciden emprender su viaje hacia el océano Atlántico. En total, el proyecto ha permitido marcar más de 1.011 ejemplares en el Mar Menor y en humedales del sur de Alicante.
No se trata de curiosidad científica. Los datos que se recojan en los próximos meses, junto con los obtenidos desde 2024 y en proyectos anteriores, servirán para entender mejor cuándo migran, qué papel juega el Mar Menor en su supervivencia y cómo afecta la actividad pesquera a la especie.
Las lagunas, una pieza clave
Entre 2020 y 2022, el Consejo General de Pesca del Mediterráneo impulsó un amplio programa de investigación en nueve países del Mediterráneo. Sus conclusiones, recogidas en el informe European eel in the Mediterranean Sea, son claras: las lagunas costeras son espacios esenciales para la anguila europea.
De ahí la importancia de lugares como el Mar Menor, no solo como ecosistema singular, sino como posible tabla de salvación para una especie que necesita zonas tranquilas y productivas para completar parte de su ciclo vital.
Captura cero y veda obligatoria
La situación es tan grave que el ICES (Consejo Internacional para la Explotación del Mar) ha vuelto a recomendar para 2026 la captura cero de anguila europea en todas sus fases. En el Mediterráneo, durante 2025, se ha prohibido la pesca recreativa de angulas y anguilas y se ha establecido una veda de seis meses para la pesca profesional, una decisión adoptada por el CGPM, organismo que actúa en el marco de la FAO.
Un trabajo que viene de lejos
GePescArt-2 cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través del Programa Pleamar, cofinanciado por la Unión Europea mediante el FEMPA.
El proyecto comenzó en 2024, pero da continuidad a un trabajo iniciado por ANSE en 2017. En esos años se han recorrido ríos, azarbes y humedales del sureste ibérico para comprobar dónde sigue resistiendo la anguila y dónde ya ha desaparecido. Incluso se ha logrado detectar, mediante seguimiento, cuándo algunos ejemplares adultos abandonaron el Mar Menor para iniciar su viaje de más de 6.000 kilómetros hasta el mar de los Sargazos.