Las autoridades murcianas se lanzan al selfie con Gere mientras la Plaza Circular se queda a oscuras

“Los políticos murcianos activan el protocolo ‘selfi con famoso’ y el árbol activa el protocolo ‘me voy a negro’"

Murcia ha logrado un hito sin precedentes: reunir a todas las autoridades locales para venerar a un famoso como si hubiera descendido del cielo en forma de santo laico.

La presencia del actor Richard Gere en el encendido del árbol de la Plaza Circular bastó para sacar lo mejor del ADN murciano: el asombro, la entrega irracional al selfie y ese punto de catetismo orgulloso que convierte cualquier acto en un desfile de “mira mamá, con un famoso”.

Los políticos murcianos, en celo fotográfico

Richard Gere estaba en Murcia invitado por la Fundación Aladina, pero eso no impidió que las autoridades lo trataran como un embajador enviado expresamente para sacarse fotos con ellos y validar su carrera política.

En cuanto el actor apareció, los políticos murcianos entraron en modo pavo real: pecho fuera, sonrisa de boda, manos extendidas como si Gere fuera un santo al que hay que tocar para que te dé suerte.

López Miras y Ballesta protagonizaron un duelo de “a ver quién posa primero” que, según testigos, solo fue comparable a la tensión que se genera cuando queda una última tapa en el centro de la mesa. Los dos lo consiguieron, claro. Lo importante no era la Navidad. Era Gere, las fotos y demostrar que Murcia también sabe ser pueblo aunque haya semáforos.

Primera fila: los elegidos

Las primeras filas del acto estaban reservadas para la aristocracia murciana del enchufismo social: cuñaos distinguidos, primos con invitación, ex compañeros de cole del concejal de turno y esa mezcla única de gente que jamás sale de casa salvo cuando hay un famoso al que oler.

Mientras tanto, miles de murcianos se apretaban alrededor de la plaza como si regalaran jamones, intentando ver al actor aunque fuese por resonancia magnética.

Cuenta atrás y apagón: Murcia inventa el “encendido al revés”

Llegó el momento esperado: Gere puso la mano en el interruptor del árbol, los murcianos contaron hacia atrás como si fueran a lanzar un cohete espacial, y entonces…

¡Paf!
Salta la luz.
Pero no la del árbol: la de toda la plaza, que quedó negra como si Murcia hubiera decidido ensayar cómo sería vivir dentro de una cueva.

El árbol se encendió poco, pero iluminó algo más profundo: la esencia murciana de “esto es lo que hay, qué le vamos a hacer”, mezclada con un orgullo extraño por haber vivido un apagón internacionalizado por la presencia de Gere.

Hubo quien incluso aplaudió, no se sabe si por nervios, por inercia o porque pensó que aquello era un espectáculo conceptual titulado “La oscuridad interior”.

¡Tiren los cohetes!

La reacción oficial al apagón fue todavía más murciana que el propio apagón. En cuanto las autoridades comprobaron que la luz no volvía -ni el árbol, ni las farolas, ni la dignidad- alguien en la organización, presa del pánico, dio la orden más castiza imaginable: “¡Tirad cohetes, tirad algo, que parezca que es parte del espectáculo!”.

Los cohetes no resolvieron nada, pero lograron su objetivo: que la atención del público se desviara durante unos segundos, lo justo para que la organización pudiera fingir que lo sucedido era “una sorpresa artística”, “una experiencia inmersiva” o “un homenaje al brillo interior de Richard Gere”, según a quién preguntaras.

Richard Gere, perplejo: “¿Es esto normal aquí?”

El actor, siempre educado, sonreía como quien intenta disimular que ha aterrizado en un universo paralelo donde la gente se emociona por un árbol que se apaga y políticos que lo agarran del brazo para ver si les da carisma por ósmosis.

Una banda de música que había venido para el ambiente navideño siguió tocando en la oscuridad, haciendo que el apagón pareciera un musical improvisado sobre la vida murciana: Los Miserables, versión Plaza Circular.

Mientras tocaba la banda, una señora, con clara experiencia en apagones, aconsejó: “A ver si va a ser que está el interruptor ese… el gordo… bajao. Miradlo, hombre.”

Nunca se encontró el interruptor gordo. Pero el espíritu murciano se mantuvo fuerte.

Richard Gere, perplejo pero educado

“Es una experiencia cultural”, le explicaron al actor mientras salía entre sombras y móviles iluminando su camino como si fuera la procesión del Silencio. Gere sonreía con esa mezcla de elegancia y confusión de quien piensa: “He rodado en Katmandú, en Nueva York, en París… y ahora esto”.

Según rumores, alguien le intentó vender un pastel de carne en plena oscuridad para “que se lleve un recuerdo auténtico”.

Apagón informativo

Lo más llamativo de la noche no fue el apagón, sino el apagón informativo posterior, un fenómeno tan murciano como los paparajotes y tan previsible como una rueda de prensa sin preguntas.

Mientras la Plaza Circular quedaba completamente a oscuras, la prensa regional decidió iluminar únicamente aquello que brillaba: las fotos con Richard Gere. Del fallo eléctrico, apenas dos líneas tímidas, casi en voz baja, como si temieran que alguien pensara que estaban criticando al Ayuntamiento.

Fuentes maliciosas -pero bien informadas- aseguran que el mutismo no se debe a un fallo técnico en las rotativas, sino a otro tipo de energía mucho más estable: la que generan los miles de euros en publicidad institucional que el PP reparte cada año entre los medios locales, chorro económico que convierte cualquier crítica en un ejercicio de funambulismo editorial.

De hecho, algunos periodistas reconocen en privado que esa misma noche sus redacciones funcionaban con una única consigna: “Que no se note mucho que se fue la luz, que lo mismo se va también la campaña navideña”. Y así, mientras los vecinos hablaban del apagón, la prensa murciana hablaba de la “magia”, del “ambiente festivo” y, por supuesto, de lo “guapísimo” que estaba Richard Gere. El árbol apenas se encendió, pero los medios sí: a golpe de publicidad bien colocada.

La Murcia cateta en su máxima expresión: orgullosa, absurda y feliz

Lejos de avergonzarse, la ciudad celebró la noche como un éxito rotundo. No se encendió el árbol, pero se encendió el orgullo local, esa mezcla deliciosa de ingenuidad y entusiasmo que convierte un apagón en un hito social.

Los políticos publicaron sus fotos con Richard Gere como si hubieran logrado la paz mundial, los asistentes presumen de haber estado allí aunque no se viera nada, y Murcia entera ha decidido que, pase lo que pase, lo importante es haber rozado a un famoso.

Porque si algo distingue a Murcia es su capacidad para convertir cualquier evento en un capítulo de costumbrismo exagerado: un pueblo grande creyéndose ciudad grande mientras se comporta como pueblo pequeño, con Richard Gere en medio preguntándose cómo demonios ha acabado participando en la procesión laica más surrealista de su carrera de la que tuvo que salir a oscuras porque saltaron los plomos.

Facebook
X
LinkedIn
WhatsApp
Email

¿Crees en un periodismo libre, sin ataduras ni intereses ocultos? En RRNEWS contamos lo que otros callan. Vamos más allá de la versión oficial porque creemos que la información es vital y debe ser accesible para todos, sin muros de pago.

Pero para seguir haciéndolo, necesitamos tu apoyo. Si valoras lo que hacemos, conviértete en mecenas con el pago mensual que tú decidas. Lo que para ti puede ser una cantidad simbólica, para nosotros significa independencia, rigor y continuidad.

Súmate a quienes ya creen que otro periodismo es posible.
Hazte mecenas hoy.