El sr. López Miras, en cuanto Presidente de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, ha aprobado una dotación de 500.000 euros destinada al negocio privado de las autoescuelas, para que, según explica, los jóvenes puedan disponer de una ayuda para costear la matrícula y pagar las tasas del examen teórico. Esta promesa ha ido acompañada de un anuncio publicitario en el que se puede apreciar al propio presidente automovilizado en un flamante vehículo. Desde ahí se dirige a los jóvenes con tono paternal, mientras exalta las virtudes de la ayuda y del uso privado del automóvil.
Se trata, mirando el anuncio de otra forma, de una apología de la expansión automóvil del consumo de recursos naturales. Y no es casualidad que haya coincidido con el inicio de la Cumbre del Clima 2025 en Brasil. Es la obscena contribución del sr. López Miras a un evento que las derechas negacionistas, con Donald Trump al frente, están boicoteando.
En su bobalicón discurso apologeta de las virtudes del vehículo privado, López Miras nada dice sobre que el sector automóvil utiliza la mitad de la energía fósil consumida total y que, además, es una fuente importante de emisiones de CO2. Por supuesto, ni pasársele por la cabeza de su agenda pública un apoyo decisivo al mayor uso de la bicicleta en las ciudades extendiendo la red de carril-bici ni mucho menos un plan de desarrollo del transporte público eléctrico a escala regional.
Para combatir el cambio climático se necesita mitigar las emisiones de CO2, reducir la dependencia en importaciones de combustibles fósiles, aumentar la seguridad energética y reforzar la transición energética. Pero López Miras no se plantea estas urgencias planetarias, él está para engordar la cuenta de resultados de unas cuantas autoescuelas.
Tampoco es casualidad que la difusión del dichoso anuncio publicitario haya coincidido con el hecho de que el PP español ha votado junto a la ultraderecha en la Eurocámara contra el objetivo de emisiones de 2040 y el Pacto Verde.
En todas partes la ultraderecha está consiguiendo una pertinaz negativa a que la naturaleza y el clima puedan por fin entrar dentro del ámbito del Estado de derecho y sus protecciones garantistas.
Esta exclusión de la naturaleza y del clima se hace en un momento en el que se cumplen diez años de los Acuerdos de Paris para la reducción del CO2. Las emisiones de CO2 han crecido un 9,8% desde 2015 y se sabe que en 2025 volverán a crecer un 1,1% (respecto a las de 2024). Estamos jugando a la ruleta rusa con el planeta.
Las ultraderechas neofascistas están poniendo decididos esfuerzos en defender una democracia excluyente respecto a la naturaleza y el clima. Son muchos los privilegios a resguardar y, por ello mismo, se considera una amenaza el que la naturaleza pueda ser incluida en el ámbito regulador del derecho.
De esos privilegios trata, en fin, el anuncio publicitario de López Miras. Como toda publicidad expresa un discurso ideológico. Efectivamente, de forma subyacente e inconsciente, la estrategia ideológica del anuncio viene a subrayar una visión del mundo de defensa de los privilegios “de los varones respecto de las mujeres; de los locales respecto de los inmigrantes; de los blancos respecto de los no-blancos; del mundo “desarrollado” respecto de las naciones “emergentes”; del humano respecto de la naturaleza; del automóvil respecto del medio ambiente; de las libertades individuales respecto de presiones colectivas; del placer y el antojo respecto de la razón y la renuncia” (sigo aquí al fundamental libro del sociólogo alemán Stephan Lessenich, Límites de la Democracia, Herder, p. 117).
El que, cada uno de estos privilegios, pueda erosionarse por un impulso de las agendas democratizadoras y ecologistas, refleja el miedo a una democracia inclusiva, tanto de la ultraderecha como (cada vez más) de la derecha antaño liberal.
Desde luego, López Miras hace tiempo que ha dejado claro de qué lado se sitúa. Del lado de las destrucciones ecológicas no está, ni parece preocuparle la cosa. Hace unos días ha pedido al Gobierno de España que defienda en Bruselas una moratoria para el cierre de los acuíferos hasta 2033, alegando que la Directiva Marco del Agua permite aplazar estos cierres cuando existen razones técnicas, ambientales y económicas que impiden cumplir los objetivos fijados para 2027.
Un dirigente político responsable no debería estar para plegarse a lo que las organizaciones agrarias le dicten. Sino que más bien debería estar oteando el horizonte para vislumbrar caminos para conducir al modelo agrario murciano hacia objetivos de sostenibilidad ambiental, máxime en un contexto en el que la agudización del cambio climático va a poner en riesgo la supervivencia de muchas explotaciones agrarias. A esto se le llama “ética de la responsabilidad” y debería ser lo propio del ejercicio del político (Max Weber).
La cuestión medioambiental sigue siendo la gran asignatura pendiente de la agricultura intensiva murciana y carecemos de una agenda política para abordarla. Dejar en manos de los intereses privados agrarios una cuestión de interés general de tanta trascendencia para el futuro de la Región, es actuar políticamente con la ceguera del cortoplacismo.
Al sr. López Miras las complejidades del momento planetario y civilizatorio que vivimos no parecen afectarle mucho. Su agenda pública sigue garantizándole a la ultraderecha que a negacionismo nadie le va a ganar. Eso es lo que viene a decir el anuncio publicitario que ha protagonizado, con sonrisa incluida.