El Mar Menor vuelve a entrar en zona de riesgo. Los equipos científicos del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y del CEBAS-CSIC han confirmado la aparición de una amplia masa de agua anóxica -sin oxígeno- en el sur de la laguna, entre la isla del Varón y la isla del Ciervo, apenas diez días después del paso de la DANA Alice.
El informe de emergencia del proyecto BELICH, emitido el 24 de octubre, advierte de que la situación actual “exige mantener el mismo nivel de atención y alerta” que en episodios previos de colapso ecológico, como los de 2019 y 2021. Durante las últimas jornadas, los buceadores del IEO han observado comportamientos anómalos de especies bentónicas, que ascienden a la superficie en un intento desesperado por escapar de las aguas sin oxígeno. En las imágenes tomadas el miércoles 23 de octubre pueden verse signátidos, quisquillas y tordos trepando por la cadena de una boya oceanográfica.
Los técnicos observaron peces y crustáceos huyendo hacia la superficie, un comportamiento que ya se vio en 2019, días antes del episodio de mortalidad masiva que dejó miles de animales muertos en las orillas.
Una capa de agua dulce tras la DANA
El sistema autónomo de monitorización del Mar Menor, formado por tres boyas, cinco plataformas submarinas, un mareógrafo y una estación meteorológica, ha permitido reconstruir en tiempo real el efecto de la DANA.
Según el informe, la entrada de agua dulce por la costa sur y suroeste provocó una fuerte estratificación termohalina: una capa superficial más ligera y fría que impidió la mezcla vertical de las aguas. Esa barrera natural ha sellado la capa profunda, donde el oxígeno se ha ido agotando “de forma paulatina y constante” hasta alcanzar valores prácticamente nulos (0 mg/L).
La situación, señalan los técnicos del CSIC, ya era tóxica desde el 19 de octubre, cuando los niveles bajaron de 2 mg/L, umbral a partir del cual los organismos marinos sufren estrés extremo y pueden morir si la exposición se prolonga.
Ecosistema en tensión
Los mapas satelitales y los sensores del sistema BELICH revelan que el área afectada por la anoxia se ha expandido de forma variable durante los últimos días, con mayor intensidad en el sur y una afectación menor en la zona central de la costa oeste, donde se encuentra la llamada “mancha blanca”.
En paralelo, la clorofila-a, indicador del crecimiento fitoplanctónico, alcanzó niveles propios de “sopa verde” entre los días 14 y 16 de octubre, con valores máximos de 14 a 16 mg/m³, los más altos registrados desde 2021. Aunque los valores han disminuido, siguen siendo elevados -entre 2 y 5 mg/m³ en el sur-, suficientes para reducir la luz que llega al fondo a niveles críticos para las praderas submarinas.
Los científicos advierten de que la turbidez, pese a su ligera reducción, continúa siendo alta en la zona sur, y que los niveles de radiación submarina apenas alcanzan el 5% de la irradiancia superficial, un límite que compromete el crecimiento de la vegetación bentónica.
La pérdida de esas praderas agrava el problema: sin vegetación que fije los sedimentos, aumenta la turbidez y se acelera el colapso ecológico.
Simulación y modelo físico
El equipo del IEO ha ejecutado simulaciones preliminares con el modelo Symphonie, desarrollado dentro del proyecto BELICH, para estimar la evolución de las masas de agua durante octubre.
Los resultados confirman que tras la DANA se formó una franja de agua dulce a lo largo de la costa oeste, que se desplazó hacia la cuenca sur, generando el patrón de estratificación observado.
El modelo respalda así la hipótesis de que la situación actual no se explica solo por las entradas desde el acuífero, sino por la propia dinámica de corrientes tras el evento meteorológico.
Gabinete de crisis y vigilancia continua
El CSIC, el IEO y el CEBAS, junto a Tragsa y la Dirección General del Agua, mantienen activado un gabinete de crisis. Los equipos científicos están recogiendo muestras y realizando buceos de control para evaluar la magnitud de la anoxia y su impacto sobre la fauna marina.
Aunque los últimos perfiles indican una ligera reducción del espesor de la capa anóxica -de 1,5 a 0,5 metros-, los expertos piden extremar la vigilancia. Las condiciones meteorológicas de los próximos días, especialmente la estabilidad atmosférica y la radiación solar, serán determinantes para saber si el Mar Menor inicia su recuperación o se encamina a un nuevo episodio de mortalidad masiva.
“No podemos afirmar que vaya a repetirse una crisis como la de 2019, pero los síntomas son preocupantes”, señalan los investigadores del IEO-CSIC en el informe. “El ecosistema está en una situación de vulnerabilidad extrema y cualquier perturbación adicional puede tener consecuencias graves” advierten.
El episodio meteorológico del 10 de octubre dejó lluvias torrenciales que arrastraron miles de metros cúbicos de agua dulce, materia orgánica y nutrientes hacia la laguna.