Francisco Lucas ha jurado como nuevo delegado del Gobierno en Murcia en un acto que, según fuentes socialistas, “es lo más parecido a un repunte en intención de voto que hemos tenido en todo 2025”. “Ya era hora de que alguien nos mirara aunque fuera por un cargo institucional. Llevábamos meses compitiendo con las noticias de Semana Santa y las medusas del Mar Menor, y siempre perdíamos”, explicó un dirigente del PSOE regional con lágrimas en los ojos.
Durante la ceremonia, Lucas prometió “ser visible y hacer mucho ruido” porque, según reconoció en voz baja, “si no lo hago, la gente pensará que el PSOE en Murcia es un rumor o una leyenda urbana”. El nuevo delegado aseguró que se entregará al cargo “con la misma pasión con la que los murcianos critican las encuestas del CIS cuando no salen como quieren”.
El público presente coincidió en que la toma de posesión tuvo más cámaras que simpatizantes. “He visto más gente en la cola del Mercadona un martes por la mañana”, ironizó un invitado. Desde la organización, sin embargo, valoraron el acto como “un éxito rotundo de asistencia”, porque “había más periodistas que sillas vacías”.
Los más veteranos del socialismo murciano no tardaron en señalar que Lucas “está repitiendo la jugada de Diego Conesa en 2019”, cuando el entonces líder regional también fue nombrado delegado del Gobierno para ganar protagonismo y terminar convertido en candidato. “Es el mismo guion, solo que esta vez con menos fe y más necesidad de salir en los periódicos”, ironizaba un militante.
En los pasillos del partido ya circula el chiste de que cada vez que el PSOE se hunde en las encuestas, Moncloa manda un delegado del Gobierno a Murcia “como quien manda un flotador al Mar Menor”. Algunos incluso proponen institucionalizar el cargo como “delegado de la visibilidad socialista” para ahorrar explicaciones cada cuatro años.
Fuentes de la dirección socialista admiten que el nombramiento es, sobre todo, una estrategia de marketing: “Con Lucas en la tele, al menos salimos en los informativos entre la previsión del tiempo y los deportes. Es un milagro”. Incluso barajan celebrar tomas de posesión cada seis meses “para no desaparecer del radar”.
En los pasillos del PSOE regional algunos militantes comentaban en tono resignado: “Da igual que lo nombren delegado, consejero o presidente de la comunidad de vecinos: lo importante es que nos dé minutos de televisión”. Otros proponían que Lucas participe en programas de cocina o en concursos televisivos para aumentar su popularidad, “aunque sea disfrazado de paparajote”.
El propio Lucas bromeó durante el brindis posterior: “Si en las próximas encuestas seguimos igual, me pongo yo mismo a repartir octavillas en la Gran Vía”, arrancando carcajadas nerviosas entre sus compañeros de partido, que ya preparaban el siguiente plan de emergencia: organizar otro acto de toma de posesión, aunque sea simbólico.