El término «abandono educativo temprano» (AET), según la definición estandarizada por la Encuesta de Población Activa (EPA) y Eurostat, se refiere al porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que no han completado la segunda etapa de educación secundaria (Bachillerato o Formación Profesional de Grado Medio) y que, además, no se encuentran cursando ningún tipo de estudio o formación en el momento del registro. Esta definición establece un punto de referencia para la evaluación de los sistemas educativos y su capacidad para retener y cualificar a los jóvenes más allá de la etapa obligatoria.
El fenómeno del AET se enmarca dentro de las directrices de la Estrategia Europea 2020 y, posteriormente, en el marco estratégico europeo de educación y formación 2021-2030 (ET2030). Uno de los objetivos primordiales de este marco es la reducción del abandono educativo por debajo del 9% en todos los estados miembros para el año 2030. La Ley Orgánica 2/2006 de Educación también reconoce la reducción del abandono como un objetivo prioritario, especialmente tras haber logrado la universalización de la escolarización obligatoria hasta los 16 años. La persistencia de altas tasas de jóvenes sin titulación en la educación básica y el abandono temprano son indicadores de las deficiencias que aún persisten en los sistemas nacionales.
La Región de Murcia se sitúa en una posición alarmante en lo que respecta a la tasa de AET. A pesar de una tendencia general a la baja en la última década, la región se ha mantenido sistemáticamente entre las comunidades autónomas con peores indicadores. En 2024, la tasa de AET en Murcia se ubicó en 18,2%, el dato más alto de España. Esto la coloca significativamente por encima de la media nacional, que en 2024 marcó un mínimo histórico del 13%. A modo de comparación, la media de la Unión Europea se situaba en 9,7%.
La tasa de AET cambia según las épocas, subiendo o bajando en función de la situación socioeconómica; así, en épocas de crisis aumenta, disminuyendo en épocas de bonanza. Lo significativo no son tanto las cifras, que pueden cambiar, o medirse, o interpretarse de manera distinta, sino la persistencia en la negatividad de las cifras en la Región de Murcia. ¿Tendrá algo que ver el gobierno del PP en los últimos 30 años en el desmantelamiento del sistema público educativo, el sistema público de ayudas, y en la depresión socioeconómica íntimamente ligada al fracaso escolar? ¿Cómo afecta el desgobierno del PP al mayor o menor éxito educativo? Analicemos las causas del AET.
La situación económica de los jóvenes y sus familias se erige como una de las causas más directas y determinantes del abandono escolar. La necesidad de obtener ingresos, ya sea para contribuir a la economía familiar o para cubrir los gastos de la propia educación, empuja a un número considerable de estudiantes a dejar sus estudios. A nivel nacional, se estima que hasta un 30% de los jóvenes abandona por motivos económicos o por la necesidad de trabajar. En el ámbito de la educación superior, un estudio de la Universidad de Murcia (UMU) llevado a cabo tras la crisis de la COVID-19 reveló que el 13,7% de sus estudiantes se planteaban el abandono por razones socioeconómicas. La misma encuesta evidenció que el 14,6% había dejado de matricularse en alguna asignatura por estos mismos motivos y que el 38,8% de los hogares de los encuestados había experimentado una disminución de ingresos.
La depresión socioeconómica y la pobreza hacen que la esfera familiar es un factor crítico en la trayectoria educativa de un joven. La falta de apoyo por parte del núcleo familiar puede influir directamente en la decisión de abandonar los estudios. Un estudio cualitativo de la UMU subraya que muchos jóvenes crecen sin «referencias académicas en casa» y en hogares donde la prioridad es la «supervivencia». En algunos casos, incluso se celebra el abandono de los estudios si el joven comienza a percibir un salario, a menudo en el mercado informal.
Sin embargo, el factor determinante definitivo para las altas tasas de AET es la falta de inversión pública. La inversión pública en educación se considera un pilar fundamental para el éxito escolar. La Región de Murcia se encuentra entre las comunidades autónomas con el gasto per cápita en educación más bajo, destinando unos 6.190 euros por alumno. Esta insuficiencia de recursos se manifiesta en problemas como la alta tasa de repetición y el fracaso escolar, que a su vez impulsan el abandono temprano. Así pues, se entiende que la Región de Murcia lidere la tasa de «fracaso escolar» y AET, según un informe de Dide.org.
Las consecuencias del abandono educativo temprano son profundas y se extienden mucho más allá de la vida escolar. Los jóvenes que abandonan los estudios sin una cualificación de segunda etapa de secundaria enfrentan una trayectoria laboral más precaria. Según la organización Save the Children, estos jóvenes tienen mayores tasas de desempleo, salarios más bajos y una situación laboral «más vulnerable». Las proyecciones de la organización indican que en un período de seis años, 14.000 jóvenes murcianos de entre 18 y 24 años habrán dejado sus estudios sin haber obtenido al menos un título de Bachillerato o FP. Esta situación los deja en desventaja para acceder a un «trabajo digno» y disminuye sus niveles de satisfacción vital.
¿Qué podríamos hacer para mejorar la situación en la Región de Murcia?
Aumentar la Inversión en Educación: Incrementar la inversión pública por alumno para equipararse a la media nacional. Estos fondos deben destinarse a la reducción de ratios, el refuerzo del profesorado de apoyo y la implementación de programas de detección temprana de las dificultades, como los propuestos por Dide.org, que han demostrado generar un ahorro a largo plazo.
Abordar la Equidad Social: Es imperativo implementar políticas educativas que compensen las desigualdades socioeconómicas. Esto incluye la ampliación de programas de becas y ayudas, la mejora de los servicios de orientación y la creación de programas de mentoría que proporcionen referentes académicos a jóvenes de entornos desfavorecidos.
Intervención Integral y Coordinada: Las políticas de prevención deben adoptar un enfoque pluridimensional que aborde no solo los déficits académicos, sino también las causas psicológicas y sociales. Se debe fortalecer la colaboración entre los centros educativos, los servicios sociales, las organizaciones no gubernamentales (ONG) y los servicios de salud mental para ofrecer un apoyo holístico a los jóvenes y sus familias.
Fortalecer el Vínculo con las Familias: Los programas de prevención deben incluir un componente de sensibilización y formación para las familias, promoviendo el apoyo al estudiante. Las iniciativas de intermediación socioeducativa, como las del Programa Regional PRAE, deben contar con los recursos suficientes para trabajar de cerca con las familias en riesgo y asegurar su implicación en el proceso educativo de sus hijos.
Vigilancia del proceso: Realizar un monitoreo riguroso y la realización de estudios continuos que evalúen la efectividad de las políticas implementadas. Es fundamental seguir recopilando datos, tanto cuantitativos como cualitativos, para asegurar que las estrategias de intervención se adapten de manera flexible a la naturaleza cambiante del problema y a las necesidades de los estudiantes más vulnerables de la Región de Murcia.
El abandono educativo no es solo un fracaso individual; se trata de «un fracaso como sociedad» con impactos familiares muy relevantes. Cuando el sistema educativo no cumple su función de «ascensor social», las desigualdades se perpetúan de una generación a otra. La falta de cualificación y la precariedad laboral resultantes del AET generan una carga sobre la sociedad y un coste significativo que se podría evitar. En última instancia, el problema del abandono educativo es una amenaza para el modelo social de la región, que ve comprometido el desarrollo y el bienestar de un segmento importante de su población joven.