El Mar Menor se ahoga entre motores, botellones flotantes y ausencia de vigilancia por parte de la Guardia Civil

El Mar Menor vive otro verano caótico: motos de agua desatadas, fiestas flotantes, exceso de velocidad y puertos ilegales sin control. Colectivos ecologistas exigen vigilancia real y medidas urgentes antes de que este paraíso acabe hundido bajo el ruido de los motores y la inacción política

Es verano en el Mar Menor. El sol, la brisa salada y un rugido incesante de motores a toda pastilla. Lanchas, yates, motos de agua, propias y de alquiler, cruzan de punta a punta como si compitieran en una carrera invisible. Todo vale: acercarse a la orilla, invadir canales de navegación, salpicar a los que reman o pasan el día en vela. Y claro, en medio de este caos, la seguridad de los bañistas pende de un hilo fino y el ecosistema, ya bastante castigado, respira por un tubo de oxígeno.

¿Han visto últimamente esas concentraciones de barcos para “fiestas náuticas”? Imaginen una macrodiscoteca flotante con altavoces, alcohol y fondeos en zonas prohibidas. Pues eso es cada vez más común. A este ritmo, al Mar Menor no le hace falta una tormenta para agitarse: basta con un fin de semana de agosto.

Hartos de ver cómo la navegación descontrolada se come la tranquilidad y la salud del Mar Menor, siete colectivos –AMARME, Banderas Negras, Ecologistas en Acción, FAVCAC, Pacto por el Mar Menor, SEO Birdlife y Yayos Murcia– se han movido para poner el problema en la mesa de quienes tienen capacidad de actuar.

Guardia Civil, ni está ni se la espera

El 18 de junio, en Cartagena, el capitán marítimo Óscar Villar admitió algo que muchos sospechábamos: la vigilancia es casi simbólica. Sin patrullas, no hay sanciones; sin sanciones, el desmadre campa a sus anchas. Villar propuso colocar balizas en zonas protegidas y crear áreas concretas para fondeo con boyas ecológicas. También habló de coordinarse con ayuntamientos y la Comunidad para reforzar la vigilancia.

Menos velocidad, más control

En Madrid, el 21 de julio, la directora general de la Marina Mercante, Ana Núñez, y el subdirector de Normativa Marítima, Julio Fuentes, escucharon la propuesta de rebajar la velocidad máxima de 20 a 12 nudos. Con eso, se cruza el Mar Menor en una hora y sin poner a nadie en peligro. También se pidió que se ponga lupa a las empresas de alquiler de motos de agua: licencias en regla, límites claros y control real. La Marina Mercante asintió, habló de coordinarse con Interior y Delegación del Gobierno, pero todavía no hemos visto patrullas extra en el agua.

Puertos deportivos: licencias caducadas y aguas negras al mar

La última reunión fue el 29 de julio en Murcia, con Enrique Ujaldón, secretario general de Medio Ambiente. Allí se destapó otra caja de Pandora: puertos deportivos que llevan años funcionando con licencias caducadas, sin el certificado que garantice que no alteran la costa, y sin sistemas para vaciar los tanques de aguas negras de los barcos grandes. La ley dice que deben tenerlos. La realidad es que casi ninguno los tiene. El único compromiso que arrancaron: balizar las zonas donde no se puede fondear.

El mensaje de las organizaciones es claro y sin florituras: “Esto no aguanta otro verano así”. Pero la pregunta que queda flotando sobre las aguas turbias es: ¿quién va a poner el freno? Porque mientras las autoridades se pasan la pelota, el ruido de las motos de agua sigue rugiendo y el Mar Menor está cada vez más ahogado.

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