El último informe semanal del sistema de monitorización oceanográfica del IEO-CSIC, correspondiente al 25 de julio -1 de agosto de 2025, deja claro que, aunque el Mar Menor no está en colapso inminente, su estabilidad pende de un hilo. Los investigadores alertan de que el ecosistema lagunar atraviesa un periodo de inestabilidad que podría agravarse si se repiten episodios de estrés ambiental como la reciente ola de calor o fuertes lluvias. Consulta aquí el informe completo.
A continuación, los cinco indicadores más preocupantes que dibujan este frágil escenario:
1-Clorofila y fitoplancton fuera de control: la clorofila a, marcador clave de proliferación de fitoplancton, sigue en niveles muy altos a pesar de haber bajado tras el temporal del 25 de julio. Valores actuales: 2-3,5 µg/L en el fondo y 0,5-2 µg/L en superficie. Por qué es grave: Entre 3 y 8 veces superiores a la media previa al colapso de 2016. Estos niveles reducen la transparencia del agua y, al descomponerse, pueden provocar descensos peligrosos de oxígeno. Según el IEO, se debe a a alta carga de nutrientes, procedentes tanto del acuífero como de los sedimentos, agravada por el calor.
2-Turbidez y penumbra en el fondo marino: el temporal de lluvias disparó la turbidez del agua hasta 5-6 NTU. Aunque se redujo en tres días, la luz en el fondo sigue bajo mínimos. La radiación submarina solo llega un 5,5% de la radiación superficial. Este nivel está en el límite crítico para la fotosíntesis de algas y fanerógamas como la Caulerpa prolifera, de hecho, la inmersiones de esta semana han constatado que la visibilidad es “prácticamente nula”.
3-Oxígeno disuelto avisa desde el fondo: aunque los niveles generales de oxígeno son normales para la época, la boya central (B) registró un episodio puntual de hipoxia extrema, muy cerca de la anoxia. ¿Riesgo? Pues la ausencia total de oxígeno provoca la mortandad inmediata de peces y fauna bentónia. Un evento así, prolongado, seria letal.
4-La «mancha blanca» persiste: detectada en 2023, esta masa de agua blanquecina presenta los mismos valores de temperatura, salinidad y oxígeno que el resto de la laguna, pero con turbidez hasta seis veces superior. Su desplazamiento por viento y lluvias enturbia amplias zonas, está reduciendo aún más la luz que llega al fondo. La mancha blanca no ha reducido su tamaño, aunque cambia de posición.
5-Temperatura: tras la ola de calor que llevó el agua a rozar los 32 ºC en julio, el temporal provocó un descenso de unos 2ºC situándola ahora en torno a los 29-29,5 ºC. El calor extremo previo pudo debilitar a la vegetación marina y acelerar los procesos de eutrofización.

El IEO-CSIC descarta que este repunte de inestabilidad se deba a vertidos puntuales y apunta a un problema estructural: exceso crónico de nutrientes, altas temperaturas y falta de luz en el fondo. “Las condiciones actuales no son críticas, pero el sistema está en elevado riesgo de deterioro”, advierten los investigadores.