Faiza tiene 28 años, es médica y se ha criado en Torre Pacheco. Conoce sus calles, sus barrios y a su gente. No llegó en patera ni vive de ayudas, como repiten hasta la náusea ciertos canales de desinformación. Creció en esta tierra a la que llegó siendo un bebé de meses, se educó y graduó en la Región de Murcia y hoy ejerce una profesión esencial en el sistema público. Anoche, desde el balcón de su casa, grabó un testimonio de 15 minutos que no tiene desperdicio.
“Han pasado con machetes, gritando ‘¡Arriba España!’ y ‘¡Fuera moros!’. Vivimos con miedo. Y la seguridad, como siempre, llega tarde. Pero no para protegernos, sino para acompañarlos”.
Sus palabras, grabadas entre lágrimas de indignación, no dejan espacio para la duda: Torre Pacheco está siendo asediado por grupos de ultraderecha con total impunidad, y quienes sufren el miedo no son los agresores, sino los vecinos de siempre.
“Nos llaman fantasmas por hablar. Nos gritan que no somos de aquí. Pero llevamos más de 30 años en España, trabajando en el campo, levantando la economía de esta región. ¿Y ahora? No podemos ni sacar a nuestros hijos al parque”.
El testimonio, difundido por la cuenta de X Islam en Murcia, desmonta el discurso de los pseudomedios ultraderechistas que han contaminado las redes sociales con bulos y vídeos manipulados. Faiza no habla de oídas: habla desde el epicentro del miedo, en un barrio donde se han roto coches, lanzado piedras a las casas y, según dice, se patrulla más para detener al “morenito de turno” que para proteger a quienes están siendo señalados y acosados.
“Esta es la España que quiere la derecha. Nos están cazando. Y los adolescentes, criados en barrios olvidados, ya no aguantan más. ¿Qué esperan, que no reaccionen? Los están provocando a propósito”.
Faiza denuncia que mientras las instituciones repiten discursos vacíos, la policía permite que grupos de encapuchados recorran las calles sembrando el terror. Denuncia la inacción de la Guardia Civil, la permisividad con los ultras y el silencio de quienes gobiernan. También señala directamente al alcalde, cuyo discurso -dice- ha dado alas a los que hoy se sienten con “libertad para cazar marroquíes”.
“No se puede permitir que un niño pague por su origen. No se puede permitir que los jóvenes crezcan señalados, acosados en los colegios, abandonados en sus barrios. ¿Cómo quieren que estudien, que avancen, si los están criminalizando desde que nacen?”
El miedo se ha instalado en Torre Pacheco. Y lo peor, según Faiza, es que no es nuevo. “Llevamos más de 20 años viviendo entre miradas de odio, entre silencios cómplices, entre desprecio”. Pero ahora ese odio se ha hecho carne. Se pasea en grupo, con banderas, con palos, con machetes. Y quienes deberían detenerlo, lo escoltan o lo ignoran.
“Estamos temblando. Muchos hemos cancelado visitas familiares este fin de semana. No por el calor. Por el miedo”.
Faiza no pide compasión. Pide justicia, responsabilidad institucional y memoria. Porque ni ella ni su comunidad acaban de llegar. Porque han estado siempre ahí: trabajando, cuidando, pagando impuestos. Y ahora -cuando más los necesitan- están completamente solos.
Su relato no aparece en los grandes titulares. No interesa a quienes han decidido señalar, hostigar y demonizar a toda una comunidad. Pero su voz, pausada y serena, transmite algo que escasea estos días: humanidad. Frente al ruido, el odio y la manipulación, Faiza pone palabras al miedo, a la zozobra y al sufrimiento de muchas familias que no saben si mañana podrán salir tranquilas a la calle.
Torre Pacheco ha sido invadido por grupos organizados de extrema derecha armados con palos y machetes. Llegan de fuera, se coordinan, graban vídeos, amenazan, rompen, golpean. Y lo hacen con el aliento y la cobertura de partidos que están sentados en las instituciones. El caldo de cultivo lleva años cocinándose. Ahora ha estallado.
Mientras tanto, los bulos circulan más rápido que la verdad. El caso de Domingo —el anciano agredido el pasado miércoles- sigue sin esclarecerse, pero eso no ha impedido que se use políticamente para justificar ataques indiscriminados a toda una comunidad. A día de hoy, no hay ninguna confirmación oficial sobre quiénes fueron los autores de esa agresión. Lo que sí hay son datos, vídeos y denuncias sobre las agresiones posteriores, dirigidas a ciudadanos inocentes por el simple hecho de ser árabes o parecerlo.