Cáncer, infartos, ictus, demencia, ansiedad… La contaminación atmosférica no solo ensucia el aire: se cuela en nuestros pulmones, en nuestros cerebros, y termina minando nuestra salud hasta matarnos. Es, según la OMS, la principal causa medioambiental de muerte. Y España no es una excepción.
Cada año, cerca de 30.000 personas enferman o mueren en nuestro país por causas medioambientales, muchas de ellas relacionadas directamente con la calidad del aire. La contaminación, las olas de calor, la falta de zonas verdes y una movilidad urbana insostenible son los factores clave. El aire sucio es el principal culpable, responsable del 89% de los casos atribuidos a causas ambientales.
El enemigo invisible
Los números hablan solos. La contaminación atmosférica provoca:
- El 36% de las muertes por cáncer de pulmón
- El 34% de los ictus
- El 27% de los infartos
Pero el daño va mucho más allá. Está demostrado que la mala calidad del aire afecta a todos los órganos del cuerpo. Genera obesidad, diabetes (tipo 1 y 2), hipertensión, osteoporosis, enfermedades pulmonares, Alzheimer, Parkinson, artritis, esclerosis múltiple, lupus, infertilidad masculina, e incluso demencia y trastornos mentales como ansiedad, depresión o esquizofrenia.
El aire contaminado no solo enferma, también cuesta. Cada año, provoca 62.000 ingresos hospitalarios urgentes y supone un gasto de 859 millones de euros a la sanidad pública española. Según el Instituto de Salud Carlos III, los ingresos por temperaturas extremas son 11 veces menores que los derivados de la contaminación.
¿Qué estamos respirando?
Detrás de este cóctel tóxico hay nombres y apellidos:
- NOx (óxidos de nitrógeno): El 60-70% proviene de los coches diésel en las grandes ciudades.
- PM2,5 y PM10 (partículas en suspensión): Proceden de la quema de combustibles fósiles, biomasa, industria, hogares o incendios. Los coches también aportan el 20% de las PM10.
- Ozono troposférico (O₃): Muy tóxico. Se genera por la acción del sol sobre el NOx y los compuestos orgánicos volátiles, emitidos sobre todo por coches de gasolina.
- SO₂ (dióxido de azufre): Lo emite la industria al quemar petróleo o carbón. Ya no proviene del transporte.
- CO₂: El 20% de las emisiones en la UE se deben al transporte por carretera.
Contaminación en casa: la gran olvidada
El aire del hogar tampoco es un refugio. Según la OMS, puede estar de 2 a 5 veces más contaminado que el exterior. Cada año, la contaminación doméstica mata a 4,3 millones de personas en el mundo. Y sí, también afecta en países como España.
Factores como una mala ventilación, el uso de productos de limpieza agresivos, ambientadores, velas, incienso o aparatos de combustión agravan la situación. También influyen las emisiones de muebles, suelos y pinturas.
¿Qué hacer? Ventilar bien, usar aspiradoras con filtro HEPA, evitar químicos innecesarios, no fumar, no encender incienso, y -sí- poner plantas de interior. Todo suma.
¿Qué podemos hacer?
Se necesitan medidas valientes y urgentes. Reducir la contaminación del tráfico sigue siendo la clave. Las ciudades tienen hasta 2030 para cumplir con los nuevos límites europeos. Pero en vez de avanzar, algunas retroceden: Gijón, Valladolid, Castellón, Lorca o Majadahonda han eliminado carriles bici o recortado las zonas de bajas emisiones (ZBE), justo cuando más falta hacen.
Menos coches, más bicis. Más árboles, menos humo. Y más sentido común.
¿Y si cambiar de medio de transporte fuera también cambiar de destino?
Un estudio publicado en la Revista de Economía Ecológica en 2019 lo dejó claro:
- Coche: coste social de 0,11 €/km
- Bicicleta: beneficio de 0,18 €/km
- Andar: beneficio de 0,37 €/km
Moverse contamina o sana. Tú eliges.