“Hay dinero, pero no hay manos para gestionarlo”: Antonio Molina denuncia el colapso interno del SEF

Hasta 15 meses de espera para cobrar una beca del SEF. Cientos de alumnos siguen sin recibir las ayudas prometidas. Los retrasos convierten la formación en una carga económica

Antonio Molina, portavoz del sindicato FSES, conoce de primera mano el atasco que arrastra el Servicio Regional de Empleo y Formación (SEF) de la Región de Murcia. Lo vive cada día desde dentro. Y no se anda con paños calientes: “Tenemos disponibilidad de fondos, pero la plantilla no da abasto. La situación es insostenible”.

El problema no es nuevo, pero se agrava con el tiempo. Según Molina, el SEF debería contar con entre 80 y 85 personas para gestionar correctamente el volumen de trabajo. Sin embargo, en los últimos meses han estado trabajando apenas veinte. “Durante más de medio año no se han cubierto las vacantes. Así no se puede gestionar ni el pago de becas ni el cierre de cursos”, explica con resignación.

Cien expedientes nuevos al día

El atasco es de dimensiones industriales. “Cada día entran unas 100 solicitudes de becas. Cada una requiere comprobar asistencia, que la acción formativa haya finalizado correctamente, que la entidad haya cumplido con los requisitos… Es un proceso lento que, con tan poco personal, se convierte en una misión imposible”, advierte.

Según la normativa, el SEF dispone de un plazo de seis meses para resolver y pagar desde que termina la acción formativa. Pero eso, en la práctica, no se cumple. “Muchos estudiantes acaban esperando más de un año. En algunos casos hasta 15 meses”, reconoce Molina. Y todo eso tras haber adelantado gastos de transporte, conciliación o manutención. “Estamos hablando de personas sin ingresos, que no cobran ni el Ingreso Mínimo Vital. Algunos piden dinero a sus padres para poder pagar el autobús a Murcia”.

Las ayudas económicas que ofrece el SEF a los participantes en cursos de formación varían según la tipología: hay becas de transporte, ayudas por discapacidad, subvenciones para la conciliación familiar o apoyos específicos para colectivos en riesgo de exclusión. En la práctica, estas cantidades oscilan entre 9 y 10 euros diarios, lo que supone entre 180 y 220 euros al mes aproximadamente si se asiste al curso de forma regular. No son cantidades elevadas, pero para personas desempleadas -muchas de ellas sin ningún otro ingreso- suponen la diferencia entre poder formarse o no.

Formarse y no cobrar: una ecuación perversa

Los cursos del SEF están pensados para mejorar la empleabilidad de personas en paro. Y funcionan. “Muchos consiguen empleo tras acabar la formación”, asegura Molina. Pero el sistema pone piedras en el camino.

El retraso no sólo afecta a los alumnos. Las entidades que imparten los cursos también sufren. “Muchas veces no cobran a tiempo. Tienen que pedir pólizas para cubrir los gastos mientras el SEF les paga. Y, claro, eso desincentiva a cualquiera”.

Una gestión burocrática sin manos ni voluntad

Para el representante sindical, el problema de fondo es claro: falta voluntad política. “Cada año se incrementa el presupuesto. Este año, 152 millones. Pero ese aumento no se traduce en personal. Y sin personal no se puede gestionar. ¿De qué sirve tener dinero si no hay quién lo mueva?”, se pregunta.

La situación ha llegado al punto de que hay personas que tardan hasta dos años y medio en obtener un certificado oficial de haber realizado un curso. “Sí, lo ha oído bien. Dos años y medio. Porque hay una sola persona gestionando los certificados”, revela Molina.

En los últimos días, tras saltar a los medios la denuncia, se han incorporado unas 30 personas a la subdirección de formación. “Bienvenidos sean, claro. Pero necesitan formarse, y la gestión ha estado paralizada durante meses. Ahora toca recuperar el tiempo perdido”.

“Esto da para escribir un libro”

Desde FSES se han enviado múltiples informes y justificaciones a Función Pública para reforzar la plantilla. La respuesta, según Molina, raya lo absurdo: “Nos dicen que no está justificada la necesidad. Que no hay evidencia suficiente”. Y remata: “Esto es para escribir un libro. Lo que está sufriendo la ciudadanía por la dejadez de la Administración no tiene nombre”.

En resumen, sí hay dinero. Lo que no hay son manos. Ni, parece, la voluntad firme de ponerlas a trabajar. Mientras tanto, miles de parados que se están formando para mejorar su empleabilidad siguen esperando una beca que nunca llega.

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