El funambulismo de López Miras

"Si Antelo es un xenófobo y un racista, y López Miras, en lugar de denunciarlo, utiliza sus palabras para difuminar su culpabilidad, entonces el presidente de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia es tan xenófobo y racista como él"

Desde hace una semana, y ante la furia xenófoba que está sacudiendo Torre Pacheco, el principal objetivo de López Miras es no enfadar a Vox. En su desempeño como presidente de la Región de Murcia, lo esperable es que su máxima ocupación hubiera sido la de representar justamente a todos los ciudadanos de esta comunidad autónoma -sin distinción de raza, religión o procedencia-. Sin embargo, eso no ha sucedido.

López Miras ha estado más preocupado por no desbordar el perímetro de tibieza en el que no ofender a la extrema derecha que en denominar a las cosas por su nombre, que es la primera forma de hacer justicia. El ejercicio de funambulismo que está realizando el líder del PP regional para no caerse del alambre de la neutralidad es tan obsceno que, al final, de sus discursos solo se deriva una perversión de la realidad y, por ende, una actitud de condescendencia para con los violentos, racistas y neonazis.

Detengámonos en sus declaraciones más recientes. En ellas, López Miras ha afirmado que “cualquier discurso que no sea pedir que cese ya la violencia, no es responsable”. La frase es de un cálculo y pragmatismo político tan diabólico como vomitivo. En primer lugar, ¿qué entiende López Miras por “violencia”? Tras sus 48 horas desaparecido, las primeras palabras que el presidente de la comunidad utilizó para referirse al estallido xenófobo de Torre Pacheco despejaban esta incógnita: su mensaje instaba a abandonar la violencia “de unos y de otros”.

Es decir: en una situación en la que un joven magrebí, medida individual, había apaleado a un señor de 68 años y una jauría de neonazis, medida colectiva, llegaba a la localidad murciana para “cazar al moro”, el presidente de esta región establecía una simetría y una equivalencia entre las dos escalas de violencia.

Ya no había víctimas ni verdugos: la población magrebí de Torre Pacheco pasaba, de inmediato, a resultar igual de violenta que los neonazis “salvapatrias”. La construcción de esta equivalencia no deja de ser un ejercicio de racismo encubierto: a los ultras se los etiquetaba como violentos por sus incontrovertibles hechos –juicio a posteriori-; pero a la comunidad magrebí se la cubría de impulsos violentos por una suposición previa -todos los moros son delincuentes: juicio a priori-.

El concepto de violencia xenófoba y racista en el que se está atrincherando López Miras se apoya en otra estrategia de mayor calado e inmoralidad si cabe: generalizar el sujeto del acto violento hasta el punto de desdibujarlo. En su afán enfermizo y deshumanizado por sacar adelante los presupuestos de 2025, el presidente regional -como acabamos de decir- ha optado por retorcer al máximo el lenguaje con tal de que ninguna palabra roce a Abascal y Antelo. En este sentido, la violencia a la que se refiere López Miras no tiene nombre ni apellidos. Es “de unos y de otros”, es decir, no atribuible al neofranquismo de los que cantan el himno vigente con el dictador ni pretenden practicar una depuración racial.

No hay gestión más miserable de los casos de violencia que tornarla inespecífica. Y, en este como en todos los casos, la deleznable “caza al moro” promovida en Torre Pacheco tiene unos autores intelectuales muy claros: Vox y su entorno neonazi. Si, en sus declaraciones, López Miras ha usurpado el nombre de aquellos que ahora investiga la Fiscalía es que su comportamiento ha sido el de un cómplice manifiesto.

Si Antelo es un xenófobo y un racista, y López Miras, en lugar de denunciarlo, utiliza sus palabras para difuminar su culpabilidad, entonces el presidente de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia es tan xenófobo y racista como él.

Si puede dormir cada noche con esa tara y la conciencia no lo devora, como así parece, entonces es que los murcianos tenemos un problema mucho más grande que -el ya de por sí grave- su inutilidad para la gestión.La mejor tierra del mundo”, empleando su hiperbólica y ridícula frase para tontos, se ha convertido en una distopía, en el laboratorio en el que los ultras de toda España ensayan su asalto a la democracia. Quizás, el próximo año la Región debería llevar a Fitur al movimiento Desokupa o a Deport Then Now como productos estrella de la nueva campaña turística.

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